**Santo Domingo, República Dominicana** – La Catedral Primada de América en Santo Domingo fue el escenario este 27 de febrero de la tradicional ceremonia del Te Deum, una ocasión solemne para conmemorar la Independencia Nacional de la República Dominicana. Presidida por el Arzobispo Coadjutor de Santo Domingo, Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, la eucaristía reunió a las más altas autoridades del país, incluyendo al presidente Luis Abinader, la primera dama Raquel Arbaje, y la vicepresidenta Raquel Peña, junto a destacadas figuras eclesiales y civiles.
Durante su homilía, Monseñor Morel ofreció un mensaje de optimismo y resiliencia para la nación, al tiempo que abordó desafíos cruciales que la República Dominicana enfrenta en la actualidad. “No estamos condenados a la desesperanza”, afirmó el prelado, enfatizando que “Dios acompaña a nuestra nación e infunde en el corazón de su gente la fortaleza necesaria para edificar un porvenir más justo, solidario y fraterno”. Sus palabras buscaron inspirar unidad y compromiso en la búsqueda de un destino colectivo prometedor.
El Arzobispo Coadjutor explicó que el Te Deum no es solo un acto de agradecimiento divino por la libertad y la patria, sino también un momento de profunda introspección. Instó a los dominicanos a reflexionar sobre su responsabilidad individual y colectiva con el país, y a elevar oraciones por la República Dominicana, confiando en el continuo acompañamiento del Señor y de la Virgen de la Altagracia, patrona del pueblo dominicano.
Monseñor Morel destacó la intrínseca conexión entre la fe en Dios y la trayectoria histórica de la nación en su lucha por la libertad y la soberanía. Recordó las célebres palabras de Juan Pablo Duarte, prócer y padre fundador de la República Dominicana: “Dios ha de concederme bastante fortaleza para no descender a la tumba sin dejar a mi Patria libre, independiente y triunfante”. Esta frase, subrayó el arzobispo, encapsula el espíritu de la nación y la profunda raigambre de los principios cristianos en la identidad dominicana.
En este contexto, el prelado emitió una advertencia contundente contra la injerencia de “grupos con intereses dañinos” que buscan imponer ideologías ajenas a los valores y principios fundamentales del pueblo dominicano. “Permitir tales intromisiones, independientemente del credo que se profese, equivaldría a traicionar la memoria de nuestros padres fundadores”, recalcó, haciendo un llamado a la defensa de la herencia cultural y moral de la nación.
El Arzobispo Coadjutor no dudó en señalar diversas amenazas que, a su juicio, atentan contra la soberanía nacional. Entre ellas, mencionó las “preocupantes irregularidades que persisten en nuestras fronteras, a pesar de los esfuerzos que se están realizando”, lo que sugiere una preocupación por la seguridad y control territorial. Asimismo, condenó la “explotación irracional de nuestros recursos naturales”, tanto por actores nacionales como extranjeros, instando a una gestión más consciente y sostenible del patrimonio ambiental del país.
Otra de las preocupaciones expresadas por Monseñor Morel, y que se alinea con advertencias previas del episcopado dominicano, fue la “propagación de ideologías que buscan normalizar conductas contrarias a la ley natural y objetivamente desordenadas”. Citó ejemplos de individuos que “se autoperciben como animales, objetos inanimados u otros entes”, precisando que estas corrientes “atentan contra la dignidad inherente a la persona humana, que nos es otorgada por Dios al ser creados a su imagen y semejanza, y contra nuestra propia identidad como pueblo”.
El prelado profundizó en un diagnóstico sombrío de la sociedad dominicana, argumentando que la crisis actual va más allá de las esferas económica y política. “Es, primordialmente, una crisis moral, una erosión de los valores fundamentales que rigen el comportamiento humano”, sentenció. Como ejemplo palpable de esta decadencia, citó el “alarmante número de casos de estudiantes que han agredido a sus maestros”, una manifestación de la pérdida de respeto y autoridad en los entornos educativos.
Frente a este panorama, el Arzobispo Morel propuso una solución integral en la educación, tanto en el seno familiar como en las instituciones escolares. Consideró “urgente” una formación robusta en valores éticos y morales, la cual, según sus palabras, es indispensable para garantizar el desarrollo personal y social de los ciudadanos. En este sentido, hizo un llamado al gobierno para que los materiales didácticos destinados a niños y jóvenes contengan explícitamente estos principios.
El Arzobispo concluyó su homilía con una exhortación vehemente a formar individuos que no cedan ante la avaricia ni el afán desmedido de lucro. “La avaricia es la más perniciosa de las enfermedades, el cáncer social más cruel y despiadado que aflige a la humanidad”, afirmó. Reiteró que “la moral cristiana es el sendero que Dios nos ofrece para la vida diaria: hacer el bien y evitar el mal, cultivando virtudes como la caridad, la justicia y la prudencia, que perfeccionan el corazón humano y edifican una sociedad más íntegra”. El mensaje de Monseñor Morel resonó como un llamado a la conciencia nacional en un día emblemático para la República Dominicana.





