En un contexto de creciente preocupación por la libertad religiosa en diversas partes del mundo, el arzobispo nigeriano Fortunato Nwachukwu, una figura prominente del Dicasterio para la Evangelización del Vaticano, ha expresado su profunda inquietud ante la escalada de hostilidades contra la comunidad cristiana. El prelado subraya la manifestación de esta animadversión tanto en naciones de mayoría islámica como en la Europa cada vez más secularizada, a la que describe como una cultura “poscristiana”. Sus declaraciones, realizadas en Roma el 12 de marzo de 2026, adquieren especial relevancia a la luz del próximo viaje apostólico del Papa León XIV a África, que incluirá una visita a Argelia, un país mayoritariamente musulmán.
Mons. Nwachukwu, quien ocupa el cargo de secretario para la Sección de Primera Evangelización del Dicasterio para la Evangelización del Vaticano, enfatizó en una entrevista con EWTN News que cualquier diálogo constructivo sobre la paz y la coexistencia debe cimentarse en una condena explícita y rotunda de la violencia anticristiana. Esta exigencia, según el arzobispo, es particularmente apremiante para los líderes musulmanes en aquellas regiones donde los cristianos se ven privados de una plena libertad para practicar su fe. Su experiencia de décadas en el servicio diplomático del Vaticano, con misiones en países como Ghana, Paraguay, Argelia y Suiza, le ha proporcionado una perspectiva directa y dolorosa sobre la discriminación que enfrentan los cristianos, una realidad que, a su juicio, a menudo es ignorada o minimizada a nivel internacional.
El diplomático vaticano aclaró que sus críticas no se dirigen al islam como religión, sino a la interpretación y práctica de algunos de sus seguidores. “No critico al islam; critico la forma en que algunas personas practican su islam”, puntualizó. En un mensaje contundente dirigido a la comunidad musulmana, Mons. Nwachukwu instó a los fieles a rechazar y condenar el uso indebido de su religión para justificar actos de violencia. Recordó que, aunque muchos denuncian la islamofobia, la raíz de este problema no siempre reside en Occidente, sino en ciertas manifestaciones del islam que generan rechazo. Este llamado a la autocrítica y a la condena interna es, para el arzobispo, un paso fundamental hacia una convivencia pacífica.
El prelado compartió experiencias personales vividas durante su servicio en Argelia, donde los cristianos eran abiertamente estigmatizados como “enemigos del islam”. Relató un incidente en el que un comerciante se negó a atenderlo simplemente por llevar un alzacuello romano, un símbolo de su condición sacerdotal. Estos testimonios son, para Mons. Nwachukwu, una prueba irrefutable de que, en ciertos lugares, los cristianos aún no gozan de una libertad religiosa completa, lo que se traduce en barreras y discriminación en su vida diaria. Es en este contexto que la próxima visita del Santo Padre a África, del 13 al 23 de abril, incluyendo Argelia, adquiere una dimensión significativa, al poner de relieve la situación de los cristianos en el continente. El Papa León XIV, en su primer viaje apostólico a la región, llevará un mensaje de fe y diálogo que podría resonar con las preocupaciones expresadas por el arzobispo.
Mirando hacia Occidente, Mons. Nwachukwu también extendió sus críticas a Europa, donde percibe una creciente reticencia a defender el cristianismo, incluso mientras se promueve activamente la tolerancia religiosa para otras confesiones. “Todos denuncian la islamofobia, pero nadie denuncia la cristianofobia. Estamos en una Europa poscristiana y un Occidente poscristiano”, afirmó, acuñando un término que resalta el desarraigo de la fe en el continente. El arzobispo observó una doble moral en el trato de los símbolos religiosos: mientras los símbolos de otras religiones son respetados y protegidos, la cruz cristiana a menudo enfrenta solicitudes de remoción o es vista con recelo. Esta incomodidad cultural con la herencia cristiana de Europa, según Nwachukwu, evidencia una desconexión con sus propias raíces históricas y espirituales.
A pesar del panorama desafiante, Mons. Nwachukwu vislumbra un signo de esperanza en la creciente presencia de misioneros africanos y asiáticos en Europa. Este fenómeno representa un “regreso” de las “cosechas” evangelizadas a las “Iglesias madre” del continente. Los hijos y nietos de aquellos a quienes misioneros europeos llevaron la fe en el pasado, ahora regresan para revitalizar la identidad cristiana de Europa, amenazada por el secularismo. El arzobispo describió este intercambio como un don que tiene el potencial de fortalecer el cristianismo en Occidente, y expresó su deseo de que las iglesias europeas reciban y se enorgullezcan de estos “hijos misioneros del sur global”, reconociendo su valioso aporte.
Finalmente, el arzobispo Nwachukwu dedicó un mensaje de aliento a los cristianos que padecen persecución, ya sea bajo regímenes represivos, movimientos extremistas o la presión de culturas secularizadas. “Si enfrentas persecución, significa que el mensaje que tienes es importante. Si no lo fuera, nadie pensaría siquiera en ti”, expresó con firmeza. Su mensaje es de fortaleza y reafirmación: los cristianos perseguidos no deben sentirse solos y deben reconocer el valor intrínseco de su fe y testimonio, que precisamente por su trascendencia, provoca resistencia.








