La Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia ha otorgado un emotivo reconocimiento a los dos primeros obispos de la Diócesis de El Alto: Monseñor Jesús Juárez Párraga y Monseñor Eugenio Scarpellini, este último tristemente fallecido en 2020. Este acto, que se inscribe en el marco de las conmemoraciones por los 41 años de la pujante ciudad de El Alto, buscó realzar la invaluable contribución de ambos prelados al progreso humano, espiritual y social de una de las urbes con mayor dinamismo demográfico y cultural de Bolivia.
El reconocimiento, articulado por el Senado boliviano, puso de relieve el inquebrantable compromiso de estos pastores católicos con los segmentos más desfavorecidos de la sociedad alteña. Se destacó su incansable labor en la salvaguarda de la dignidad humana y la defensa de los derechos fundamentales, pilares sobre los cuales edificaron una sólida presencia eclesial y social en la región. La ceremonia sirvió no solo para recordar su trayectoria, sino para reafirmar la trascendencia de su legado en la identidad de El Alto.
**El Alto: Un Contexto de Crecimiento y Desafíos**
Para comprender la magnitud del trabajo de estos líderes eclesiásticos, es fundamental contextualizar la realidad de El Alto. Esta ciudad, nacida y forjada al calor de una migración interna constante y un crecimiento urbano acelerado, representa un microcosmos de la diversidad y las aspiraciones bolivianas. Caracterizada por su población mayoritariamente indígena y joven, su vibrante actividad económica y su rol protagónico en los procesos políticos y sociales del país, El Alto es también un espacio donde persisten desafíos significativos en términos de acceso a servicios básicos, educación y oportunidades.
En este complejo escenario, la Iglesia Católica ha desempeñado un papel crucial. La creación de la Diócesis de El Alto el 25 de junio de 1994, por decreto del Papa San Juan Pablo II, no fue un acto meramente administrativo, sino una respuesta pastoral directa a las necesidades de una comunidad en plena expansión, que requería una estructura eclesial dedicada y adaptada a su singular idiosincrasia. La diócesis nació con la misión de acompañar, evangelizar y promover el desarrollo integral de sus habitantes, sentando las bases para una evangelización arraigada en la realidad social alteña.
**Monseñor Jesús Juárez: El Arquitecto Fundador**
El primer obispo de El Alto fue Monseñor Jesús Juárez Párraga, cuya gestión pastoral se extendió por 25 años. Su liderazgo fue fundamental en la conformación y consolidación de la naciente diócesis. Monseñor Juárez asumió la compleja tarea de edificar desde cero una estructura eclesial robusta, que incluyó la creación de nuevas parroquias, la formación y el apoyo constante a un clero joven y comprometido, y el fortalecimiento de las comunidades de religiosos y fieles.
Su visión estratégica y su cercanía con la gente le permitieron sembrar las bases de una Iglesia viva y activa. Durante su episcopado, la diócesis se convirtió en un referente de apoyo social, desplegando iniciativas en áreas como la educación, la salud y la promoción humana, siempre con un enfoque preferencial hacia los más vulnerables. Al culminar su cuarto de siglo al frente de la diócesis, Monseñor Juárez expresó la profunda conexión que forjó con la comunidad: “Como comprenderán, dejar la diócesis de El Alto después de 25 años supone un gran cambio y un sacrificio, pero por obediencia debo aceptar y partir.” Estas palabras reflejan no solo su compromiso con la fe, sino el vínculo emocional que lo unía a una ciudad que lo vio trabajar incansablemente y donde dejó una huella indeleble de servicio y dedicación.
**Monseñor Eugenio Scarpellini: Un Pastor Cercano y Defensor Social**
Tras el retiro de Monseñor Juárez, el liderazgo de la Diócesis de El Alto recayó en Monseñor Eugenio Scarpellini, un obispo italiano cuyo camino pastoral en Bolivia comenzó mucho antes. Llegó al país en 1988 como sacerdote *fidei donum*, una figura eclesiástica que designa a sacerdotes enviados por sus diócesis de origen para servir en comunidades con escasez de clero, demostrando un espíritu misionero profundo. Sus primeros años en Bolivia los dedicó al servicio en diversas parroquias de la Arquidiócesis de La Paz, acumulando una invaluable experiencia de la realidad boliviana.
En 2010 fue nombrado obispo auxiliar de El Alto, y tres años más tarde, en 2013, asumió como obispo titular de la diócesis. Su episcopado, aunque más breve, estuvo marcado por un compromiso inquebrantable con la paz social, la defensa de la vida y una cercanía genuina con el pueblo alteño. Monseñor Scarpellini no solo continuó la labor de estructuración y evangelización, sino que se erigió como una figura moral y social de gran influencia, mediando en conflictos y alzando su voz en favor de la justicia y la equidad. Su liderazgo se caracterizó por su accesibilidad y su capacidad para conectar con las necesidades y aspiraciones de los alteños.
El fallecimiento de Monseñor Scarpellini en 2020, debido a complicaciones derivadas del COVID-19, representó una dolorosa pérdida para la Iglesia y la sociedad boliviana. La Cámara de Senadores, al recordarlo, destacó su figura como una de las más influyentes de la historia reciente de El Alto, subrayando su legado de compromiso con los valores fundamentales y su ejemplo de servicio desinteresado.
**Un Legado Inspirador para las Nuevas Generaciones**
La Asamblea Legislativa Plurinacional, al rendir este doble homenaje, no solo reconoce trayectorias individuales, sino que celebra la continuidad de un compromiso institucional de la Iglesia Católica con el desarrollo de El Alto. Los legisladores afirmaron que el legado de ambos pastores “continúa inspirando a las generaciones presentes y futuras”, y que “la memoria de su entrega pastoral y su servicio sigue viva” en el corazón de la ciudad que los acogió y en la que sembraron esperanza y progreso.
Este reconocimiento subraya la profunda interconexión entre la vida cívica y religiosa en Bolivia, y cómo la labor de líderes espirituales puede trascender el ámbito eclesial para convertirse en un motor de cambio social y humano. La trayectoria de Monseñor Juárez y Monseñor Scarpellini permanece como un testimonio vibrante de fe, dedicación y amor por el pueblo alteño.




