5 marzo, 2026

Un complejo residencial vital, diseñado para albergar a familias cristianas desplazadas en la localidad de Ankawa, un suburbio de Erbil, en el Kurdistán iraquí, fue blanco de un ataque con dron la noche del 4 de marzo de 2026. Afortunadamente, el incidente no provocó víctimas mortales gracias a una evacuación preventiva que había tenido lugar días antes, según confirmaron las autoridades eclesiásticas locales. El ataque, que también causó daños a un convento cercano, subraya la persistente fragilidad de la seguridad en la región y la vulnerabilidad de las comunidades minoritarias en Irak.

El objetivo principal fue el complejo de apartamentos Beato Michael McGivney, una iniciativa financiada íntegramente por los Caballeros de Colón. Esta infraestructura fue erigida con el propósito humanitario de proporcionar refugio y estabilidad a trabajadores de la arquidiócesis y, crucialmente, a jóvenes familias cristianas que fueron desplazadas por la brutal violencia que asoló la región entre 2014 y 2018, en referencia directa a la embestida del grupo terrorista Estado Islámico (ISIS). La instalación se encuentra estratégicamente ubicada cerca del Aeropuerto Internacional de Erbil, una proximidad que, paradójicamente, se convirtió en una razón para su desalojo previo al ataque.

Según informes de ACI MENA, el servicio de noticias en árabe de EWTN News, el asalto nocturno, ocurrido alrededor de las 8:00 p.m. hora local, no se limitó a un único proyectil. Testimonios y evidencias sugieren que tanto un misil como un dron impactaron en la zona en momentos distintos a lo largo de la noche, lo que apunta a una agresión coordinada. Además del daño al complejo McGivney, las Hermanas Caldeas Hijas de María Inmaculada vieron su convento adyacente también afectado, intensificando la preocupación por la seguridad de las instituciones religiosas y humanitarias en la zona.

La Arquidiócesis Caldea de Erbil emitió un comunicado expresando su alivio por la ausencia de víctimas, pero también su profunda consternación ante la recurrente violencia. Monseñor Bashar Warda, Arzobispo de Erbil, hizo un llamado global a la solidaridad y al apoyo. “Nos encontramos ahora nuevamente en un tiempo en el que rezamos por la solidaridad y el apoyo de nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo, para que estos tiempos de violencia y guerra lleguen a su fin”, manifestó Warda. Su mensaje enfatizó la necesidad de que el pueblo iraquí, especialmente las minorías que han sufrido inmensamente, pueda “volver a llevar una vida de paz y dignidad”. El arzobispo animó a los cristianos de todas partes a “recordar y orar por las muchas personas marginadas de Irak, incluida la pequeña y aún amenazada minoría cristiana que lucha por permanecer en su tierra natal”.

Este incidente no es un hecho aislado en la volátil geopolítica de Irak, una nación que ha sido escenario de conflictos intermitentes y tensiones regionales. Erbil, la capital de la Región del Kurdistán iraquí, a pesar de su relativa estabilidad comparada con otras partes del país, no está exenta de la influencia de actores armados y las complejidades de los conflictos de poder en Oriente Medio. La región de Ankawa, un bastión histórico de la comunidad cristiana, se encuentra a una distancia aproximada de entre 96 y 145 kilómetros al oeste de la frontera iraní, una zona que ha sido escenario de frecuentes ataques atribuidos a milicias respaldadas por Irán en los últimos años, dirigidos a intereses estadounidenses o instalaciones que consideran vinculadas a ellos.

Los Caballeros de Colón, una de las organizaciones católicas de servicio más grandes del mundo, han sido un pilar fundamental en el apoyo a los cristianos perseguidos en el Medio Oriente, con inversiones significativas en ayuda humanitaria y proyectos de reconstrucción en Irak. Patrick Kelly, Caballero Supremo de la organización, reiteró el compromiso de los Caballeros con las familias afectadas. “Nos alegramos de que no se hayan perdido vidas y continuaremos al lado de las familias que llamaban Hogar McGivney a su casa”, declaró Kelly en un comunicado. Asimismo, se unió al llamado universal por la paz, “uniéndonos a nuestro Santo Padre, quien nos ha animado a todos a ‘rezar por la paz, trabajar por la paz'”.

Este ataque renueva las preocupaciones sobre la seguridad y el futuro de las minorías religiosas en Irak. A pesar de los esfuerzos de reconstrucción y estabilización, la capacidad de grupos armados para atacar infraestructuras civiles, incluso aquellas con un claro propósito humanitario, expone la fragilidad de la paz. El complejo Beato Michael McGivney representa no solo un techo para los desplazados, sino también un símbolo de esperanza y resiliencia para la comunidad cristiana iraquí que, a pesar de las adversidades, busca reconstruir sus vidas y mantener su presencia ancestral en su tierra natal. La comunidad internacional y los líderes religiosos continúan exhortando a un cese de la violencia y a la promoción de un entorno donde todas las personas, independientemente de su fe, puedan vivir con seguridad y dignidad.

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