Cada 2 de febrero, México y otras naciones de profunda tradición católica se visten de fiesta para celebrar la Candelaria, una fecha emblemática que marca el fin de las festividades navideñas y en la que la imagen del Niño Dios adquiere un protagonismo central. Esta arraigada costumbre, que involucra vestir y llevar a bendecir la figura del Niño Jesús, es un pilar de la fe popular, evidenciada en diversas comunidades como San Gregorio Atlapulco, al sur de la Ciudad de México, donde las celebraciones se viven con particular fervor. Sin embargo, a pesar de su relevancia cultural y religiosa, la práctica de vestir al Niño Dios ha generado diversas interpretaciones y, en ocasiones, algunas confusiones sobre su verdadero significado.
Para arrojar luz sobre esta devoción y desentrañar sus implicaciones teológicas, el Padre José de Jesús Aguilar, subdirector de Radio y Televisión de la Arquidiócesis Primada de México, ha compartido valiosas reflexiones. A través de un video difundido en su canal de YouTube, el sacerdote ofrece una guía clara para comprender y vivir esta tradición con autenticidad, enfatizando la importancia de la sencillez sobre el lujo y la reverencia genuina.
**El Origen de la Candelaria: La Presentación del Señor**
El Padre Aguilar explica que el origen de la Fiesta de la Candelaria se remonta a la Presentación del Señor en el Templo, un evento narrado en los evangelios. Cuarenta días después del nacimiento de Jesús, San José y la Virgen María acudieron al Templo de Jerusalén para cumplir con la ley mosaica, que establecía la purificación de la madre y la consagración del primogénito a Dios. En esta ocasión, presentaron a su hijo junto con una ofrenda modesta de dos pichones o palomas, un símbolo de humildad y obediencia.
Es en conmemoración de este pasaje bíblico que los fieles, tras haber “levantado” a sus Niños Dios de los nacimientos o pesebres al finalizar la Navidad, los llevan a las iglesias para recibir la bendición sacerdotal. Este acto es un gesto de cariño y profunda devoción, un reconocimiento de la luz que Jesucristo trajo al mundo, simbolizada también por las velas o candelas que dan nombre a la festividad.
**Evitando Interpretaciones Erróneas y Presiones Comerciales**
A pesar de la pureza de la tradición, el Padre Aguilar lamenta que la intención original pueda verse distorsionada por intereses externos. Señala que, en ocasiones, comerciantes que buscan impulsar la venta de vestimentas para las imágenes del Niño Dios, pueden fomentar ideas erróneas. Entre estas prácticas se encuentra la de vestir al Niño como un ángel o un santo, o la creencia de que se debe adquirir ropa nueva cada año.
El sacerdote enfatiza que “basta con que las imágenes estén vestidas de forma limpia y digna”. La noción de que el Niño Dios necesita “estrenar” o cambiar su vestimenta anualmente, advierte, es una idea difundida principalmente por el comercio y no posee un fundamento teológico. La sencillez, el respeto y la piedad son los pilares de esta devoción, más allá de la ostentación.
**El Respeto a la Dignidad del Niño Jesús**
Uno de los puntos más cruciales que destaca el Padre Aguilar es la forma en que se debe tratar la imagen del Niño Dios. Subraya que, por su significado sagrado para los creyentes, estas figuras deben ser tratadas con el máximo respeto, no como meros juguetes o muñecos de diversión. Es fundamental recordar que las imágenes son representaciones de lo divino y objetos de veneración, no de adoración. La adoración se reserva únicamente para Dios, quien trasciende cualquier representación material. Jesucristo, el Hijo de Dios, está por encima de todos los ángeles y santos, y a Él se le rinde culto supremo.
Por esta razón, disfrazar la imagen del Niño Dios como un ángel o un santo es considerado inapropiado. Tal acción, según el Padre Aguilar, “rebajaría su dignidad”, al colocarlo al mismo nivel que otras criaturas celestiales o figuras humanas santificadas, cuando la fe católica lo reconoce como el propio Dios encarnado.
**Pautas para una Vestimenta Apropiada**
Entonces, ¿cómo vestir correctamente al Niño Dios en esta tradicional festividad? El Padre Aguilar aconseja optar por la sencillez. “Lo mejor es vestirlo con una túnica sencilla, de preferencia blanca o quizás dorada”, sugiere. Estos colores no solo evocan pureza y divinidad, sino que también reflejan la humildad con la que Jesús vino al mundo.
Además de la túnica básica, el sacerdote considera aceptable vestir la imagen con alguna de sus diversas advocaciones, que representan diferentes aspectos de la vida o la misión de Jesús. Ejemplos de estas advocaciones incluyen el Nazareno, el Señor de la Misericordia, el Sagrado Corazón, Cristo Rey, Jesús Buen Pastor o Cristo Sacerdote. Incluso, se puede vestir como el Santo Niño de Atocha, una devoción muy arraigada y venerada, especialmente en estados como Zacatecas. Estas vestimentas son aceptables porque representan directamente a Jesucristo en sus distintas facetas, manteniendo siempre su dignidad.
**Un Gesto de Caridad que Honra al Niño Jesús**
Finalmente, el Padre Aguilar propone un acto de caridad que resuena profundamente con el espíritu de la Candelaria y la esencia del cristianismo. En lugar de gastar en una vestimenta nueva y ostentosa para la imagen, el sacerdote aconseja invertir ese dinero en adquirir ropa para un niño real que viva en condiciones de pobreza.
“Estoy seguro de que el Niño Jesús sonreiría y agradecería tu acción al ver estas caritas sonrientes”, afirma el Padre Aguilar. Este gesto de solidaridad, de llevar consuelo y ayuda a quienes más lo necesitan, es, a su juicio, la expresión más auténtica de la devoción. En este acto de caridad, “la luz de la Candelaria brillará en tu corazón”, transformando una tradición material en una experiencia de fe viva y de amor al prójimo.
La Fiesta de la Candelaria y la tradición del Niño Dios son, en esencia, una invitación a recordar la humildad del nacimiento de Jesús y su mensaje de amor. Mantener la sencillez, el respeto y la caridad en esta práctica no solo honra la figura del Niño Jesús, sino que también enriquece la fe y el espíritu comunitario. Evitar las trampas del comercialismo y centrarse en el verdadero significado permite que esta venerable costumbre católica continúe siendo una fuente de profunda espiritualidad para millones de mexicanos.






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