La madrugada del sábado 3 de enero de 2026 marcó un antes y un después en la historia de Venezuela. Caracas, la capital, experimentó por primera vez en su historia moderna un ataque militar extranjero directo de gran escala. Cerca de las dos de la mañana, un despliegue de 150 aeronaves militares estadounidenses irrumpió en el espacio aéreo venezolano para ejecutar la denominada “Operation Absolute Resolve”, una acción que culminaría con la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Para millones de caraqueños, el evento transformó la tranquilidad nocturna en una escena de caos y terror. El ensordecedor silbido de los misiles, el estruendo de las explosiones, el rugir constante de cazas de combate y helicópteros, junto a las visibles bolas de fuego y columnas de humo, tiñeron el horizonte de la ciudad. Una de las familias que vivió de primera mano este horror fue la Berti, residente en el este de Caracas, cuyos testimonios, junto a los de sus vecinos, revelan la magnitud del impacto en la población civil.
**El milagro de Elena Berti en El Volcán**
En medio de la devastación, la historia de Elena Berti, de 78 años, se erige como un sorprendente relato de supervivencia. Dormía sola en su hogar cuando un proyectil impactó en el patio de su vivienda, a menos de veinte metros de su habitación. La casa de Elena se encuentra en un pequeño vecindario próximo a El Volcán, una zona estratégica donde se ubican antenas que, presumiblemente, fueron objetivos primarios del poderío estadounidense para interrumpir las telecomunicaciones del régimen.
La onda expansiva de la explosión fue demoledora. “¡Mi casa se destruyó, mi casa se destruyó!”, fueron las palabras que Elena logró articular por teléfono a su hija, Patricia Salazar, quien solo pudo llegar a asistir a su madre horas después, una vez que la luz del día disipaba el peligro inmediato. Patricia, conmovida, describe la supervivencia de su madre como “obra de un milagro”.
Los daños en la estructura de la casa eran catastróficos. Dos grandes ventanales sobre la cama de Elena se hicieron añicos, un fragmento significativo del pesado cabecero de madera se rompió, y varias puertas y paredes sufrieron graves destrozos. La cocina quedó prácticamente irreconocible, y la magnitud de los daños estructurales requeriría la demolición de una considerable porción de la vivienda. Pese a la cercanía del impacto y la destrucción circundante, Elena Berti resultó ilesa.
Patricia Salazar relata cómo su madre le envió fotografías de la destrucción al amanecer. “Yo lo único que le escribí es la frase de la Novena del Abandono, que dice: ‘Oh Jesús, yo me entrego a ti, me abandono a ti, ocúpate Tú de todo'”, compartió Patricia. La familia atribuye a la intervención divina la salvación de Elena y sus tíos, quienes residen en el piso superior. “Las probabilidades de que un misil americano, con toda su potencia, caiga en el jardín de tu casa y destruya, por decir poco, la mitad de tu casa… definitivamente un milagro se obró”, enfatizó.
**La experiencia de Arturo Berti: a seis metros del desastre**
En el segundo piso de la misma edificación, en una residencia separada, vive Arturo Berti, hermano de Elena. Aquella noche, Arturo se había quedado leyendo hasta muy tarde en la sala de su casa, la cual, irónicamente, se convertiría en el punto más afectado por la explosión apenas minutos después de haberla abandonado.
“Al ratico oigo un silbido largo y al final un impacto, una explosión fenomenal, una cosa impresionante. Se movió todo, se movió la cama. Sentí que se movió el edificio, se reventaron todos los vidrios, la cama toda llena de vidrio”, relató Arturo. Inmediatamente, buscó refugio junto a su esposa, sin comprender cabalmente la magnitud de lo ocurrido. Quienes han escuchado su testimonio y visto los registros de la explosión, confiesan no entender cómo lograron salir con vida.
“Tiene que ser un milagro, es algo impresionante. Si hubieran sido seis metros menos, cae dentro de la casa y no sé qué hubiera pasado, hubiera sido un desastre”, afirmó Arturo, conmovido. “Yo creo mucho en Dios, siempre he creído en Dios, en la Virgen y en José Gregorio. Es así, fue la mano de Dios”, concluyó al borde de las lágrimas, expresando una fe inquebrantable que, según él, explica su supervivencia.
**La Virgen inquebrantable de Gracia Mónaco**
La devastación no se limitó a la familia Berti. Ventanas y puertas de viviendas situadas a más de 200 metros del punto de impacto fueron destruidas, y gran parte de la urbanización sufrió daños materiales y un profundo impacto psicológico. Justo al lado de la residencia Berti, Gracia Mónaco y su hija, Ana María Campos, también experimentaron el terror de la noche.
Los daños en su hogar se concentraron en las dos habitaciones. Una esquirla de la explosión abrió un agujero considerable muy cerca de la cama de Ana María. Entre el humo y los escombros, se dirigió al cuarto de su madre, donde las ventanas habían desaparecido, los marcos estaban deformados y las paredes presentaban grietas severas. Ana María se encontraba en estado de shock y profunda angustia.
En ese momento de incertidumbre, la fe de Gracia se manifestó. Pocas horas antes del bombardeo, había colocado una pequeña imagen de la Santísima Virgen en su mesa de noche. Viendo el estado de su hija, Gracia le ofreció palabras de consuelo: “Ana María, ¿tú no crees en Dios?”. Ante el silencio de su hija, Gracia le señaló la Virgen: “Esta Virgen que está aquí, hace dos días no estaba. Yo la encontré en el clóset donde la había guardado y dije: ‘La voy a poner otra vez, aquí está’. La tengo aquí al lado de las fotos de mis padres que ya fallecieron y que son para mí lo más importante después de mis hijas”.
Gracia continuó, con la voz cargada de convicción: “Aquí explotó mi ventana, entraron escombros, yo sufrí el momento, pero esta Virgen se mantuvo aquí sin moverse, sin caerse, y para mí eso significa algo. Tienes que creer en eso, que Dios existe, que nos acompaña, que nos salvó”. Las palabras de su madre, junto a la visión de la estatuilla intacta en medio de la destrucción, lograron aligerar el sobresalto y los nervios de Ana María. “Todo lo demás se había caído y la Virgen siguió en pie… Me conmovió esa verdad, que por un momento lo había dejado todo en la parte humana y me olvidé de Él por unos segundos”, confesó Ana María.
Los testimonios de la familia Berti, Gracia, Ana María y sus vecinos, son un reflejo de la resiliencia y la fe arraigada en el pueblo venezolano, una cualidad que ha sido puesta a prueba en numerosas ocasiones durante los últimos 25 años. A pesar de las adversidades, su espíritu no se ha quebrantado. “Esto para mí es importante, es vital porque yo tengo fe y la fe me acompaña todo el tiempo. Por eso yo le digo a ella que hay que creer siempre, no eventualmente. Dios está con nosotros siempre, en todo momento y en toda circunstancia”, concluyó Gracia Mónaco.
En un esfuerzo por reconstruir sus vidas, la familia Berti ha iniciado una campaña de recaudación. Asimismo, se invita a quienes deseen colaborar a donar materiales de construcción para las viviendas de Gracia Mónaco y los demás vecinos afectados, en un intento colectivo por superar las cicatrices de una noche inolvidable.









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