El Cardenal Giorgio Marengo, Prefecto Apostólico de Ulaanbaatar y uno de los miembros más jóvenes del Colegio Cardenalicio, ha emprendido una significativa visita al Reino Unido, llevando consigo una poderosa reflexión sobre el valor fundamental y a menudo olvidado de la misión evangelizadora de la Iglesia. Desde el corazón de una de las misiones más jóvenes del mundo en Mongolia, el purpurado ha instado a las comunidades cristianas de larga tradición a una profunda introspección y a redescubrir la vitalidad de su fe.
Durante su estancia, que se extendió del 2 al 6 de febrero, el Cardenal Marengo, misionero de la Consolata, compartió sus experiencias y desafíos en un encuentro con fieles en la iglesia de San Pedro en Hazel Grove, Stockport, Manchester. En este foro, el cardenal de 51 años advirtió sobre un riesgo latente para aquellos inmersos en tradiciones cristianas consolidadas: la tendencia a dar por sentada la presencia de la Iglesia, sus sacramentos y la Palabra de Dios. Un mensaje que resuena con particular fuerza en un momento de secularización y cambio cultural en Occidente.
La visita, organizada a invitación del Padre Anthony Chantry, director nacional de las Pontificias Obras Misionales (POM) de Inglaterra y Gales, tuvo como objetivo principal sensibilizar a la comunidad católica británica sobre las realidades de la misión en regiones donde el cristianismo es una novedad. El itinerario del Cardenal Marengo no solo incluyó Manchester, sino que también lo llevó a Londres y Birmingham, donde sostuvo encuentros con voluntarios comprometidos, estudiantes y seminaristas. Estos intercambios fueron cruciales para fomentar la solidaridad e inspirar nuevas vocaciones misioneras, subrayando la interconexión de la Iglesia universal.
Desde su llegada a Mongolia en 2003, el Cardenal Marengo ha sido testigo y arquitecto de una misión en plena ebullición. El pequeño rebaño católico en Ulaanbaatar, que apenas supera los 1.450 fieles en una nación de más de tres millones de habitantes, representa un testimonio conmovedor de fe y perseverancia. “Me siento privilegiado por estar en Mongolia,” afirmó el cardenal, “porque estoy llamado a acompañar a personas que nunca antes han tenido la posibilidad de conocer al Señor.” Esta declaración encapsula la esencia de su vocación y el espíritu de la evangelización en un contexto donde el cristianismo es una fe emergente.
La realidad de los nuevos convertidos en Mongolia presenta desafíos únicos. El Cardenal Marengo destacó la resistencia y la incomprensión que a menudo enfrentan aquellos que abrazan la fe en Cristo en un entorno cultural y religioso diferente. En este sentido, hizo un llamado enfático a la Iglesia global: “Vuestras oraciones, vuestro apoyo e interés por lo que ocurre allí son un gran estímulo para ellos.” Este mensaje subraya la importancia de la solidaridad espiritual y material, un pilar fundamental para el sostenimiento y crecimiento de las jóvenes comunidades cristianas en todo el mundo.
La visión del Cardenal Marengo va más allá de la mera conversión; enfatiza la creación de espacios de encuentro como herramientas esenciales para la difusión del Evangelio. “Encontrar a Jesús es lo mejor que puede suceder en la vida,” aseguró, pero añadió una reflexión crucial: “Y si no hay alguien que se ofrezca a Él para que otros puedan conocerlo, será difícil que eso ocurra. El Espíritu Santo puede obrar todo, pero normalmente Cristo actúa a través de los espacios de encuentro que nosotros creamos.” Esta perspectiva resalta el papel activo y colaborativo de los fieles en la labor evangelizadora, generando comunidades donde la fe puede germinar y florecer.
A lo largo de sus 23 años como misionero en la capital mongola, el Cardenal Marengo ha sido testigo de un notable desarrollo eclesial y social. Su liderazgo ha impulsado la fundación de nueve parroquias, consolidando la presencia católica en el país. Además de la expansión espiritual, la misión en Ulaanbaatar se ha distinguido por una amplia gama de iniciativas sociales, que reflejan la caridad cristiana en acción. Entre estas, se cuentan guarderías, escuelas técnicas para la capacitación de jóvenes, dispensarios médicos que ofrecen atención esencial, residencias para ancianos que brindan dignidad en la vejez, centros para personas sin hogar y un centro especializado para jóvenes con discapacidad. Estas obras no solo atienden necesidades materiales, sino que también construyen puentes de diálogo y comprensión, mostrando el rostro compasivo de la Iglesia a la sociedad mongola.
La visita del Cardenal Marengo al Reino Unido, por lo tanto, no ha sido solo una oportunidad para compartir una inspiradora historia de misión. Ha sido un recordatorio vibrante y oportuno de que la Iglesia, en su esencia, es misionera. Su testimonio desde Mongolia, una nación en la periferia de la cristiandad tradicional, desafía a los fieles de todo el mundo a reexaminar su compromiso, a valorar la gracia de su fe y a participar activamente en la construcción de una Iglesia más dinámica, solidaria y universalmente evangelizadora.




