31 marzo, 2026

En un emotivo llamado a la paz mundial, el cardenal Dominique Mathieu, arzobispo de Teherán-Isfahán, presidió una significativa vigilia de oración en la Basílica di Santa Croce in Gerusalemme, en Roma, la noche del lunes 30 de marzo de 2026. El evento, celebrado al inicio de la Semana Santa, cobró una particular resonancia dada la reciente evacuación del prelado de la capital iraní, en medio de una escalada de tensiones en la región del Golfo Pérsico. Su presencia y sus palabras subrayaron la urgencia de la oración y la acción frente a los conflictos que asolan diversas partes del planeta.

Durante su intervención, el cardenal Mathieu elevó una sentida plegaria a Dios, a quien describió como “grande y misericordioso”, enfatizando Su designio divino de paz y Su rechazo inherente a la guerra. Con voz firme, el arzobispo belga hizo un llamado contundente a poner fin a la violencia, advirtiendo sobre la naturaleza destructiva de la guerra, a la que calificó de “espiral” imparable y una “aventura sin retorno” que solo genera devastación y sufrimiento. De manera específica, el purpurado suplicó el cese inmediato del conflicto en el Golfo Pérsico, una región de la que acababa de ser desplazado. Asimismo, exhortó a una intervención divina que tocara los corazones de los líderes mundiales, implorando el fin de las represalias y la venganza, e insistiendo en la necesidad imperante del diálogo, la paciencia y la esperanza para construir “días de paz” en el presente.

La participación del cardenal Mathieu en esta vigilia no fue meramente simbólica, sino que añadió una capa de profunda relevancia y urgencia al encuentro. Llegó a Roma tras ser evacuado de urgencia desde Teherán, luego de presenciar los primeros días del recrudecimiento de las tensiones que involucran a potencias globales como Estados Unidos e Israel, con Irán en el epicentro. Su testimonio viviente del conflicto otorgó a sus palabras un peso y una autenticidad innegables, transformando la oración en un grito genuino por el fin de la violencia.

El cardenal belga lidera una pequeña, pero resiliente comunidad católica de rito latino en Irán, que agrupa aproximadamente a 2.000 fieles. Esta minoría, compuesta mayoritariamente por no iraníes, se encuentra inmersa en una nación de cerca de 90 millones de habitantes, predominantemente musulmanes chiíes. Como único sacerdote en su vasta diócesis, la experiencia y la perspectiva del cardenal Mathieu sobre la coexistencia interreligiosa y la fragilidad de la paz en una zona volátil del mundo son invaluables. Su llegada a la capital italiana, producto de una evacuación forzosa ante la escalada militar, puso de manifiesto la grave situación humanitaria y la inestabilidad que afecta a millones de personas en la región.

La vigilia, que marcó el primer día de la Semana Santa, fue presidida por el cardenal Baldassare Reina, vicario general de la Diócesis de Roma, en la Basílica di Santa Croce in Gerusalemme. Este histórico templo, que alberga antiguas reliquias vinculadas a la cruz de Cristo, se convirtió en un escenario propicio para una reflexión profunda sobre el sacrificio y la esperanza. El encuentro se enmarcó dentro de una iniciativa espiritual más amplia promovida por la diócesis, titulada “Misión de paz, camino en el Espíritu”, y fue organizado en esta ocasión por Azione Cattolica de Roma e Italia Solidale, congregando a fieles y líderes eclesiásticos en un acto de fe y solidaridad.

Tras la lectura del Evangelio de la crucifixión de Cristo según San Lucas, el cardenal Reina ofreció una meditación conmovedora. Dio la bienvenida al cardenal Mathieu, reconociendo su presencia silenciosa pero poderosa, que fortalecía la oración colectiva y traía consigo las súplicas de su propio pueblo. El vicario general de Roma centró su reflexión en la pasión de Cristo y la promesa de paz que Él trae al mundo, subrayando que aquellos que sufren a causa de la guerra son, en verdad, hermanos y hermanas de todos. Instó fervientemente a los fieles a no cejar en su compromiso de orar por la paz, dirigiéndose a Cristo como el verdadero Príncipe de la Paz.

A lo largo de la vigilia, se sucedieron diversas lecturas bíblicas, himnos y momentos de silencio contemplativo, todos ellos centrados en el mensaje inquebrantable de la paz enraizada en la fe. El evento no solo sirvió como un espacio de oración y recogimiento espiritual, sino también como un recordatorio de la responsabilidad colectiva de trabajar incansablemente por la reconciliación y la fraternidad en un mundo marcado por divisiones y conflictos. La voz del cardenal Mathieu, resonando desde Roma, se erigió como un potente eco de los clamores por la paz de quienes viven en las zonas más afectadas por la violencia.

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