El Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, ha resaltado la figura de San Francisco de Asís como una “terapia eficaz” ante los desafíos que hoy aquejan a la sociedad global, entre ellos el consumismo desenfrenado, la ansiedad generalizada y los conflictos bélicos. Durante una emotiva homilía pronunciada en la Basílica de San Francisco de Asís, el purpurado hizo un llamado a redescubrir la sabiduría del santo patrono de Italia en el marco del octavo centenario de su fallecimiento.
La intervención del Cardenal Parolin tuvo lugar en la ciudad umbra con motivo de la excepcional ostensión de las reliquias de San Francisco, un evento significativo que conmemora los 800 años de su partida terrenal. Ante una congregación atenta, el alto prelado vaticano desglosó cómo los principios de sobriedad, la apreciación de las pequeñas cosas y un profundo sentido de fraternidad universal, encarnados por el “Poverello”, ofrecen respuestas contundentes a un modelo de vida contemporáneo a menudo dominado por el afán posesivo, el lujo desmedido, el despilfarro y una cultura de consumo insaciable.
**Un Espejo de las Preocupaciones Actuales**
Parolin profundizó en las causas de la inquietud y la melancolía que caracterizan a muchos individuos en la actualidad. Citó la precariedad laboral, las fluctuaciones económicas, la crisis climática y un panorama internacional marcado por conflictos que, según sus palabras, se asemejan a “guerras de todos contra todos y contra todo”. En este contexto de inestabilidad, la vida y el mensaje de San Francisco emergen como un faro de esperanza y una vía para encontrar equilibrio.
La extraordinaria exposición de las reliquias del santo, que permanecerán visibles al público hasta el 22 de marzo en la basílica, representa una oportunidad única para la reflexión espiritual y el encuentro con la herencia franciscana. Este acontecimiento excepcional no solo subraya la relevancia histórica de Asís, sino que también refuerza el legado espiritual de un hombre cuya vida continúa resonando con fuerza a través de los siglos.
**El Magnetismo de la Sencillez: La Vigencia de San Francisco**
El Cardenal Parolin evocó un pasaje de los medievales *Fioretti*, donde Fray Masseo cuestiona a San Francisco sobre el origen de su vasto seguimiento popular, dada su aparente falta de distinción en apariencia, nobleza o erudición. La respuesta del santo, que atribuía su singularidad a la mirada divina posada en su pequeñez, ilustra el poderoso atractivo de su humildad. Esta cualidad lo convirtió en una fuente de inspiración para figuras cumbres del pensamiento y el arte medieval, como el pintor Giotto di Bondone y el poeta Dante Alighieri.
Según el Secretario de Estado vaticano, el extraordinario perfil humano y espiritual de San Francisco, minuciosamente descrito por su primer biógrafo, Tomás de Celano, explica su magnetismo perpetuo. Celano lo pintó como un hombre de carácter apacible, sereno y afable, prudente en sus consejos, fiel a sus responsabilidades, poseedor de un espíritu sobrio y profundamente contemplativo. Estas características, lejos de ser meros atributos históricos, constituyen un modelo atemporal de virtudes humanas.
**Alegría, Pobreza y Fraternidad: Pilares Franciscanos para Hoy**
El purpurado romano hizo hincapié en otras cualidades de San Francisco que continúan cautivando a la humanidad ocho siglos después: su “perfecta alegría”, una profunda aceptación de las adversidades de la vida con humildad y paciencia; su “altísima pobreza”, no entendida como una mera práctica ascética, sino como un camino para una identificación plena con Cristo; y su inquebrantable sentido de fraternidad universal. Esta última virtud se manifestaba en su reconocimiento de la hermandad con todos los seres humanos, la creación, el universo entero e incluso con la muerte.
El Cardenal Parolin también trajo a colación el contexto en el que San Francisco compuso su célebre *Cántico de las Criaturas*: un período de crisis personal y social, en medio de la oscuridad y la enfermedad. Una situación que, a juicio del Secretario de Estado, no difiere sustancialmente del presente, “en el que las tinieblas de la guerra parecen oscurecer la luz de la esperanza”.
Para concluir su homilía, el purpurado italiano extendió una invitación a orar a Dios para que ilumine “las tinieblas del corazón” y conceda a la humanidad “fe recta, esperanza cierta, caridad perfecta y profunda humildad”. Con estas palabras, el Cardenal Parolin reafirmó la espiritualidad franciscana no solo como un ideal histórico, sino como una senda vital hacia la paz y la renovación espiritual en un mundo contemporáneo urgido de dirección y consuelo. La celebración en Asís, por tanto, no fue solo un acto conmemorativo, sino una reafirmación de la pertinencia atemporal del mensaje de San Francisco.




