JERUSALÉN – En medio de una región convulsionada por crecientes tensiones y conflictos, el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, ha emitido una contundente declaración, calificando la manipulación del nombre de Dios para justificar la guerra como “el pecado más grave que podemos cometer en este tiempo”. Su enfático mensaje subraya una profunda preocupación por la instrumentalización de la fe en un contexto de sufrimiento humano generalizado, enfatizando que la divinidad reside entre los afligidos y no entre los promotores de la violencia.
La declaración del purpurado se produjo durante el evento “La guerra devora el Medio Oriente y a sus pueblos”, organizado el 15 de marzo por la Fundación Oasis y el Centro Cultural de Milán. Este encuentro se llevó a cabo en un momento de aguda inestabilidad, con una escalada de confrontaciones y hostilidades que impactan la vida de millones en toda la región. El Cardenal Pizzaballa, cuya diócesis abarca áreas clave del conflicto palestino-israelí, ofreció una perspectiva cruda y directa sobre la realidad del sufrimiento humano y la distorsión del mensaje espiritual en tiempos de guerra.
**La Falsa Bandera de la Fe en el Conflicto**
Al abordar el uso de la retórica religiosa para avalar actos de guerra, el Patriarca Latino fue inequívoco: “No hay nuevas cruzadas, y Dios no tiene nada que ver con todo esto”. Esta afirmación desmantela cualquier intento de revestir la agresión con un manto de santidad, recordando que los principios fundamentales de la mayoría de las religiones abogan por la paz, la compasión y la dignidad humana. En lugar de ser un aliado de la confrontación, Dios, según Pizzaballa, “está entre los que mueren, los que están enfermos, los que sufren”, un recordatorio esencial de la vocación del creyente a la solidaridad y la empatía con las víctimas de la violencia.
La insistencia del Cardenal en este punto crucial resalta la necesidad de una reflexión ética profunda en un momento donde las narrativas de conflicto a menudo se entrelazan con apelaciones a lo sagrado, exacerbando divisiones y dificultando los caminos hacia la reconciliación. Su llamado es un desafío directo a todas las partes involucradas, sean religiosas o laicas, a despojar los conflictos de cualquier justificación divina que desvirtúe el verdadero significado de la fe.
**La Devastadora Realidad de la Franja de Gaza**
El Cardenal Pizzaballa también pintó un cuadro desolador de la Franja de Gaza, una de las zonas más afectadas por la actual crisis. Sus palabras ofrecieron una visión de primera mano de la catástrofe humanitaria en curso, destacando la desesperante escasez de recursos básicos y la destrucción generalizada. “Faltan medicamentos, incluso antibióticos básicos”, denunció, señalando que la población se ve obligada a vivir en condiciones infrahumanas, “literalmente en alcantarillas y tiendas de campaña”.
La infraestructura civil ha sido aniquilada, con “casi todas las escuelas destruidas”, lo que augura un futuro incierto para las generaciones más jóvenes. Los datos compartidos por el purpurado son alarmantes: el 80% de la Franja de Gaza está destruida, y la reconstrucción “ni siquiera ha comenzado”. Además, detalló la compleja división territorial actual: “El 53% de la Franja, donde viven más de dos millones de desplazados, está bajo control israelí directo; el 47%, donde vive la mayoría de los palestinos, está bajo control de Hamás”. Esta fragmentación no solo complica la distribución de ayuda humanitaria, sino que también perpetúa un ciclo de inestabilidad y desesperanza.
Los cruces fronterizos, vitales para la entrada de suministros y la salida de heridos, están “prácticamente cerrados”, agravando aún más la crisis humanitaria. Respecto a la iniciativa de paz conocida como “Board of Peace”, impulsada por el expresidente Donald Trump, el Cardenal expresó su desconocimiento sobre sus objetivos y su operatividad, lo que sugiere una falta de claridad y efectividad en los esfuerzos diplomáticos externos.
La situación en Gaza, según Pizzaballa, se encuentra en un punto muerto debido a la irreconciliable postura de las partes: “Hamás se niega a entregar sus armas hasta que Israel se retire, mientras que el gobierno de Benjamín Netanyahu se niega a ceder hasta que el movimiento islamista se desarme”. Este estancamiento político y militar es la raíz de la prolongada agonía de la población civil.
**Tensiones y Desafíos en Cisjordania**
La Franja de Gaza no es la única área bajo una tensión extrema. El Cardenal Pizzaballa también abordó la precaria situación en Cisjordania, denunciando una ola de violencia que afecta a la población palestina, incluidos los cristianos. “Hay ataques de colonos contra palestinos, incluidos cristianos, casi a diario”, afirmó, evidenciando un deterioro en la seguridad y la convivencia.
La vida cotidiana en Cisjordania se ha vuelto significativamente más difícil. Los desplazamientos se han complicado, lo que restringe la libertad de movimiento y el acceso a servicios esenciales. Además, el Patriarca advirtió sobre “iniciativas legislativas israelíes para volver a registrar tierras”, lo que podría tener graves repercusiones en la propiedad y los derechos territoriales de la población palestina, exacerbando un conflicto de larga data.
**El Impacto en la Vida Cristiana en Tierra Santa**
Las comunidades cristianas, presentes en Tierra Santa desde los albores del cristianismo, también están sufriendo las consecuencias de esta escalada de tensiones. El Cardenal Pizzaballa ilustró esta realidad con un ejemplo concreto y desgarrador: quince centros educativos cristianos en Jerusalén son ahora inaccesibles para más de doscientos maestros cristianos que residen en la ciudad de Belén, en Cisjordania. Esta barrera no solo interrumpe la educación, sino que también fragmenta la comunidad y limita las oportunidades.
La vida de los cristianos en la región está marcada por una “tensión constante”, según el Patriarca. Las dificultades para acceder a los lugares santos, la presión económica y social, y la percepción de un futuro incierto contribuyen a una creciente preocupación por la sostenibilidad de la presencia cristiana en estas tierras milenarias.
En su cierre, el Cardenal Pizzaballa resumió la situación con una cruda honestidad: “La situación sigue siendo muy complicada para todos nosotros”. Sus palabras son un llamado urgente a la conciencia global, instando a la comunidad internacional a actuar para aliviar el sufrimiento, desescalar los conflictos y buscar caminos genuinos hacia la paz y la justicia en una región que clama por ellas.





