El Cardenal Joseph Zen Ze-kiun, obispo emérito de Hong Kong y una voz influyente dentro de la Iglesia Católica, ha emitido un contundente mensaje instando a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) a reconsiderar su rumbo y evitar una separación formal de la Sede Apostólica. A través de un comentario publicado en su cuenta de la plataforma X (anteriormente Twitter) el pasado viernes 6 de marzo, el purpurado chino de 94 años se pronunció sobre las delicadas conversaciones entre la Santa Sede y la fraternidad, que ha manifestado su intención de consagrar obispos sin la requerida autorización pontificia.
El llamado del Cardenal Zen, conocido por su firme defensa de la Misa tradicional en latín y su postura crítica frente a ciertas tendencias contemporáneas en la Iglesia, llega en un momento de creciente tensión. Sus palabras se suman a las de otros prominentes cardenales, como Gerhard Müller y Robert Sarah, quienes también han expresado su preocupación por los planes de la FSSPX de proceder con consagraciones episcopales al margen de la autoridad vaticana. La comunidad católica observa con atención estos desarrollos, consciente de las profundas implicaciones que podrían tener para la unidad eclesial.
En el centro del mensaje del Cardenal Zen se encuentra una invitación a la FSSPX a escuchar al Pontífice, a quien él denomina “Papa León XIV”. Zen describe a este Pontífice como una figura comprensiva y receptiva, capaz de discernir y explicar que ciertas acciones, justificadas bajo el “espíritu del concilio” pero que contravienen la tradición perenne de la Iglesia, no son, en esencia, parte del Concilio Vaticano II. “¡El Papa León es alguien que escucha! Él entiende y hará que sus hijos entiendan que ciertas cosas perpetradas en nombre del llamado ‘espíritu del concilio’, pero contrarias a la tradición de la Iglesia, no son del concilio”, enfatizó el cardenal. Esta perspectiva sugiere una vía para reconciliar las preocupaciones tradicionalistas con la auténtica interpretación de los documentos conciliares, bajo la guía del Sucesor de Pedro.
La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) es una sociedad de vida apostólica que se ha distinguido por su apego exclusivo a la Misa tradicional en latín y por su crítica a ciertas reformas post-conciliares. En febrero, la FSSPX emitió una declaración justificando su decisión de proceder con la consagración de obispos, al tiempo que anunciaba la interrupción de las conversaciones con el Vaticano. Esta postura reaviva el espectro de un cisma, una división formal que el Cardenal Zen implora evitar a toda costa. Según el derecho canónico vigente, la consagración de un obispo sin un mandato pontificio explícito conlleva la pena de excomunión automática tanto para el obispo consagrante como para el consagrado. Esta es una advertencia seria sobre las consecuencias disciplinarias y espirituales de tales actos.
Sin embargo, el Cardenal Zen también reconoce la complejidad moral de la situación, destacando la profunda división incluso entre los propios tradicionalistas respecto a las acciones de la FSSPX. “Un cisma debe evitarse a toda costa, porque causará un daño grave y duradero a la Iglesia; pero, por otro lado, también debemos respetar un gran problema de conciencia: ‘¿Cómo podemos obligar a alguien a seguir enseñanzas que niegan claramente la santa tradición de la Iglesia?’”, reflexionó el purpurado. Este dilema subraya la tensión entre la obediencia eclesial y la fidelidad a lo que se percibe como la herencia inmutable de la fe.
El Cardenal Zen no ha dudado en señalar directamente a figuras clave de la curia romana. En particular, ha expresado fuertes críticas hacia el Cardenal Víctor Manuel Fernández, actual prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF). Zen acusa a Fernández de tener la intención de “desmantelar las tradiciones de la Iglesia”, una afirmación que pone en tela de juicio la idoneidad del diálogo entre la FSSPX y el DDF bajo su liderazgo. “Se ha enviado a la FSSPX a dialogar con el jefe del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, pero ¿hay alguna esperanza que obtener de este diálogo?”, cuestionó Zen, dejando entrever su escepticismo sobre el éxito de estas conversaciones en las actuales circunstancias.
Para ilustrar la delicada situación y la dinámica de las partes involucradas, el Cardenal Zen recurrió a una analogía bíblica, comparando las conversaciones entre la FSSPX y el DDF con la historia de José y sus hermanos. En esta similitud, el Cardenal Zen identifica a la FSSPX con José, a quien considera injustamente tratado; al Cardenal Fernández lo ubica en el papel de los hermanos de José, quienes buscaron su perjuicio; y al “Papa León XIV” lo asocia con Rubén, el hermano que intentó salvar a José de sus parientes. Esta metáfora subraya la percepción de Zen de una injusticia y la necesidad de una intervención superior para proteger a la fraternidad.
La postura del Cardenal Joseph Zen sobre este asunto se alinea con su trayectoria como un ardiente defensor de la ortodoxia y la tradición católica. Su voz se ha levantado en múltiples ocasiones contra lo que considera desvíos doctrinales o prácticas perjudiciales para la Iglesia. En enero, durante el consistorio de cardenales, arremetió contra el concepto de sinodalidad tal como se está implementando, manifestando sus reservas. Además, es un crítico abierto y de larga data del Partido Comunista Chino (PCCh) y del controvertido acuerdo entre el Vaticano y China firmado en 2018, el cual ha cuestionado por su impacto en la libertad religiosa en el país asiático. La intervención del Cardenal Zen sobre la FSSPX es, por tanto, coherente con su visión general de la necesidad de proteger la integridad de la fe y la estructura de la Iglesia.
En resumen, el Cardenal Zen ha lanzado una advertencia solemne sobre el riesgo de cisma, instando a la FSSPX a buscar una solución dialogada con la Santa Sede. Su mensaje enfatiza la importancia de escuchar al Pontífice para clarificar la auténtica enseñanza del Concilio Vaticano II y distinguir de las interpretaciones erróneas. Al mismo tiempo, ha expresado serias dudas sobre la capacidad del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, bajo su actual prefecto, para mediar eficazmente en esta crisis. El llamamiento del purpurado de Hong Kong resalta la compleja búsqueda de unidad dentro de la Iglesia, especialmente en un momento donde las tensiones entre tradición y modernidad continúan desafiando su cohesión.





