13 marzo, 2026

CIUDAD DEL VATICANO – El Colegio Cardenalicio, convocado por el Papa Francisco a un consistorio extraordinario, ha delineado los ejes fundamentales de su reflexión, priorizando la sinodalidad y la evangelización como pilares para el futuro de la Iglesia universal. Durante la jornada inaugural de este cónclave, que reúne a 170 purpurados a puerta cerrada en el Vaticano, se seleccionaron dos temas cruciales de un listado inicial de cuatro, marcando la pauta para un diálogo profundo sobre la misión eclesial en el contexto contemporáneo.

La sesión de este miércoles comenzó con el saludo del Cardenal decano, Giovanni Battista Re, seguido de una meditación a cargo del Cardenal dominico Timothy Radcliffe. Acto seguido, el Santo Padre presentó a los cardenales cuatro áreas de discusión que consideraba vitales para el discernimiento: la misión de la Iglesia en el mundo actual, el servicio de la Santa Sede a las Iglesias particulares, el concepto de Sínodo y sinodalidad como instrumento y estilo de colaboración, y la liturgia como fuente y culmen de la vida cristiana.

Dada la limitación de tiempo —menos de 48 horas para las deliberaciones— el Pontífice solicitó a los cardenales concentrar sus esfuerzos en solo dos de estos temas. Para facilitar este proceso, los purpurados fueron distribuidos en 21 grupos lingüísticos distintos, donde durante casi dos horas pudieron debatir y consensuar sus propuestas en un ambiente de diálogo abierto. Esta dinámica de mesas redondas permitió una interacción más directa y una participación activa de todos los miembros del Colegio Cardenalicio.

Tras un proceso de votación interna y posterior confirmación por parte del Vaticano, los dos temas que emergieron como prioritarios para las discusiones fueron: “Sínodo y sinodalidad, instrumento y estilo de colaboración” y la “Evangelización y carácter misionero de la Iglesia a la luz de la exhortación apostólica del Papa Francisco *Evangelii gaudium*”. La elección de estos puntos subraya el compromiso de la Iglesia con un camino de escucha y participación, así como la urgencia de reavivar su esencia evangelizadora.

**Un Llamado a la Colaboración Colegial**

Concluidas las deliberaciones sobre la agenda, el Papa Francisco dirigió un mensaje espontáneo a los cardenales, haciendo un llamado emotivo a la colegialidad y al apoyo mutuo en el gobierno de la Iglesia. “Siento y experimento la necesidad de poder contar con ustedes: ¡son ustedes quienes han llamado a este servidor a esta misión!”, expresó el Pontífice, enfatizando la importancia de un trabajo conjunto, un discernimiento compartido y una búsqueda colectiva de lo que el Espíritu Santo demanda de la comunidad creyente.

El Santo Padre instó a los purpurados a vivir esta experiencia de consistorio como un periodo de intensa comunión, profundo discernimiento y genuina renovación misionera. Agradeció la presencia y la participación activa de cada cardenal, resaltando que la riqueza de este encuentro radica en la diversidad de perspectivas y en la unidad de propósito. “Creo que es muy importante la participación de todos ustedes en esta experiencia como Colegio de Cardenales de la Iglesia”, afirmó.

**Un Testimonio para la Iglesia y el Mundo**

Francisco insistió en que el consistorio no debe ser percibido como un ejercicio autorreferencial o un debate puramente interno. Por el contrario, lo calificó como un valioso testimonio ofrecido tanto a la Iglesia universal como al mundo entero, reflejo de una voluntad y un deseo de renovación. Valoró el esfuerzo de los cardenales al viajar desde distintas latitudes para reunirse, buscar juntos la voluntad del Espíritu Santo y trazar el rumbo de la Iglesia para el presente y el futuro.

Retomando reflexiones de su homilía pronunciada el día anterior, durante la solemnidad de la Epifanía, el Papa Francisco invitó a una profunda introspección sobre la vitalidad de la comunidad eclesial. Planteó preguntas cruciales: “¿Hay vida en nuestra Iglesia?”, “¿Hay espacio para lo que nace?”, “¿Amamos y anunciamos a un Dios que pone de nuevo en camino?”. Estas interrogantes buscan estimular una conciencia crítica sobre la autenticidad y el dinamismo de la fe en la actualidad.

El Pontífice alertó sobre los peligros del miedo y del repliegue, evocando la figura de Herodes en el relato evangélico, quien teme por su trono y se inquieta por aquello que escapa a su control. “El miedo, de hecho, ciega”, advirtió, contrastándolo con la “alegría del Evangelio”, que libera y sugiere senderos novedosos, distintos a los ya conocidos. Para Francisco, este consistorio es un signo concreto de la novedad constante de la Iglesia y de la acción vivificante del Espíritu Santo, un encuentro que permite experimentar la renovación eclesial.

**La Razón de Ser: Anunciar el Evangelio**

El Papa expresó su gratitud por las decisiones tomadas en los grupos de trabajo, subrayando la interconexión ineludible entre los temas abordados. “No se puede separar un tema de otro”, señaló, reiterando que la Iglesia está llamada a una misión que trasciende cualquier mirada hacia sí misma. Su razón de ser fundamental no reside en los cardenales, obispos o el clero, sino en “anunciar el Evangelio” con claridad y convicción.

En este marco, destacó la profunda relevancia de la sinodalidad y la evangelización, en perfecta consonancia con el mensaje de la *Evangelii gaudium*. La misión central de la Iglesia, recalcó, es proclamar el *kerygma*, el anuncio esencial de Cristo en el centro de la fe.

Al concluir la sesión, el Santo Padre reiteró su agradecimiento a los cardenales por su servicio y los animó a proseguir con el diálogo y el discernimiento en las jornadas siguientes. Manifestó su esperanza de que cada purpurado se sienta “verdaderamente libre de comunicarse” con él y con los demás, asegurando la continuidad de este proceso de reflexión colegial.

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