Quito, Ecuador – Más de 8.000 catequistas de la Arquidiócesis de Quito participaron recientemente en un masivo Encuentro Arquidiocesano, un evento destinado a la reflexión, oración y profundización en la vital misión catequética de la Iglesia. La jornada, que congregó a la mayoría de los asistentes en la emblemática Basílica del Voto Nacional, fue liderada por Mons. David de la Torre, Obispo Auxiliar de Quito, quien exhortó a los presentes a reafirmar su identidad como discípulos amados antes que como instructores de fe.
La Basílica del Voto Nacional, uno de los templos neogóticos más imponentes de Sudamérica y un ícono arquitectónico de la capital ecuatoriana, fue el epicentro de esta significativa reunión, acogiendo a más de 6.000 participantes. El resto de los catequistas se distribuyó en diversas iglesias históricas del centro de Quito, como la Catedral Metropolitana, el Monasterio de las Conceptas, la Iglesia de San Francisco y la Iglesia de Santo Domingo, garantizando la participación de toda la comunidad en este llamado a la evangelización y al servicio.
Durante la homilía de la Misa central, Mons. David de la Torre, quien concelebró junto a Mons. Max Ordóñez, también Obispo Auxiliar de Quito, y un nutrido grupo de sacerdotes, transmitió un mensaje fundamental: “Nunca olviden que, antes de ser catequistas, ustedes son discípulos amados del Señor, y eso lo cambia todo”. Esta afirmación resonó profundamente entre los asistentes, subrayando que la identidad personal con Cristo es la base sobre la cual se edifica toda labor de enseñanza de la fe. La catequesis, por tanto, emana de una relación personal y profunda con Jesús, no meramente de un conocimiento doctrinal.
El prelado animó a los miles de catequistas a renovar su disposición para “seguir caminando juntos con alegría y esperanza”. En un acto de profunda significación espiritual, Mons. de la Torre recordó a los presentes que, al igual que los apóstoles, “Jesús vuelve a subir al monte y vuelve a llamarlos a cada uno por su nombre”. Este llamado personal, según explicó, tiene un triple propósito esencial en la misión de la Iglesia: “Los llama para estar con él, para aprender de él y para ser enviados como testigos del Evangelio”. Esta vocación invita a una conexión íntima con el Maestro, a la asimilación de sus enseñanzas y a la difusión de su mensaje salvífico.
Profundizando en la naturaleza de este llamado, el obispo auxiliar enfatizó que la elección de Dios no se basa en méritos personales, sino en su inmenso amor. Subrayó la imperiosa necesidad de cultivar una relación constante y viva con Cristo a través de la oración asidua y la escucha atenta de la Palabra de Dios. Esta disciplina espiritual es considerada la fuente de fortaleza y discernimiento para afrontar los desafíos inherentes a la labor catequética y para transmitir la fe con autenticidad y convicción.
Un punto especialmente relevante y emotivo de la intervención de Mons. de la Torre fue su defensa vehemente de la presencia de los niños en la liturgia. “Los niños en Misa no son un estorbo”, afirmó con contundencia, abordando una problemática común en algunas parroquias donde la presencia infantil puede generar incomodidad. El obispo instó a la comunidad a reconocer que “ese niño es el futuro, no la que se fue. La que se fue ya es del pasado. Ese niño es el futuro”. En este sentido, hizo un llamado categórico a brindar a los menores “todas las atenciones posibles”, sentenciando que “el mejor tiempo que podemos ocupar en una parroquia es el servicio de los niños y de los jóvenes”. Su mensaje subraya la visión de la Iglesia como una familia que acoge y forma a sus miembros desde la infancia, viendo en ellos la esperanza y la continuidad de la fe.
El evento también brindó la oportunidad de transmitir el saludo y agradecimiento del Arzobispo de Quito, Mons. Alfredo Espinoza, quien se ausentó para asistir a las exequias de Mons. Antonio Arregui, Arzobispo Emérito de Guayaquil, fallecido el 5 de febrero a los 86 años. Mons. Arregui, quien en vida también fue Obispo Auxiliar de Quito, dejó una huella significativa en la Iglesia ecuatoriana. Mons. de la Torre aseguró a los catequistas el profundo afecto y reconocimiento que el Arzobispo Espinoza les profesa, reforzando el sentido de unidad y comunión eclesial.
La jornada estuvo enriquecida por la presencia de las reliquias de San Miguel Febres Cordero, un venerable hermano de La Salle y patrono de los catequistas, cuya festividad se celebra cada 9 de febrero. Mons. David de la Torre invocó su intercesión, elevando una oración para que “el santo hermano Miguel, maestro santo y humilde, interceda por ustedes para que su catequesis sea siempre fiel a la verdad, apasionada por Cristo y llena de amor por los más pequeños”. San Miguel Febres Cordero, conocido por su dedicación a la educación y su profunda espiritualidad, representa un modelo inspirador para quienes se dedican a la transmisión de la fe.
Este Encuentro Arquidiocesano de Catequistas en Quito no solo fue un momento de encuentro masivo, sino un profundo llamado a la revitalización de la misión catequética. Subrayó la importancia de la identidad del catequista como discípulo, la centralidad de una relación personal con Cristo y el compromiso ineludible con la formación de las nuevas generaciones. La Arquidiócesis de Quito, a través de este evento, reafirma su compromiso con la evangelización y la formación continua de aquellos que son pilares fundamentales en la transmisión de la fe católica en Ecuador.





