26 marzo, 2026

Santiago de Chile fue escenario de una significativa conmemoración religiosa este 14 de enero, al cumplirse 173 años del tránsito a la eternidad del Venerable Fray Andresito. El Nuncio Apostólico en Chile, Monseñor Jurian Mathew, encabezó una emotiva Eucaristía en la histórica iglesia de la Recoleta Franciscana, templo que guarda una profunda conexión con la vida y obra del recordado limosnero franciscano. La ceremonia, que congregó a un nutrido grupo de fieles y devotos, fue una ocasión propicia para implorar por la pronta beatificación de quien dedicó su existencia a los más vulnerables.

La visita de Monseñor Mathew marcó su primera vez en este emblemático santuario, cuya reconstrucción en el siglo XIX fue posible gracias a las incansables gestiones y la caridad recolectada por el propio Fray Andresito. Esta conexión histórica añadió un matiz especial a la celebración, realzando el vínculo entre el pasado y el presente de la fe católica en Chile.

Durante su homilía, el representante papal transmitió un cordial saludo del Papa Francisco, destacando la importancia de figuras como la de Fray Andresito en el camino de la Iglesia. Monseñor Mathew rindió tributo a la extraordinaria trayectoria del fraile, enfatizando su profunda experiencia del sufrimiento humano y su inquebrantable dedicación a los desfavorecidos y necesitados. “Entre los más pobres, Fray Andresito eligió deliberadamente estar al lado de los enfermos y de los encarcelados, espacios donde la vulnerabilidad se manifiesta en su máxima expresión y la soledad se torna palpable”, señaló el Nuncio.

Asimismo, resaltó que la labor de Fray Andresito trascendía la mera asistencia. Su espíritu evangelizador lo impulsaba a confrontar las raíces de la pobreza, denunciar las injusticias sociales de su tiempo y, fundamentalmente, proclamar la Buena Noticia del Evangelio. El delegado papal valoró esta disposición al servicio, anclada en la comprensión de que Dios, al encarnarse en Belén, “eligió la minoría, la pequeñez, como un estilo de vida”. Esta filosofía de humildad y servicio guio a Fray Andresito en su preocupación por la situación de obreros y campesinos, promoviendo activamente su formación cristiana y su organización social.

“Que el amor de Fray Andresito por los pobres, los que sufren y los marginados sea una fuente de inspiración constante para todos nosotros”, exhortó Monseñor Mathew a la congregación, invitando a emular su ejemplo de caridad y compromiso social.

**¿Quién fue Fray Andresito? Un Legado de Caridad y Fe**

La figura del Venerable Fray Andresito, cuyo nombre de pila era Andrés Antonio María de los Dolores, se erige como un pilar de fe y servicio en la historia eclesiástica chilena y latinoamericana. Nació el 10 de enero de 1800 en Fuerteventura, España. Su juventud estuvo marcada por las dificultades de su época.

En 1832, impulsado por la hambruna, la escasez laboral y las sequías que asolaban su tierra natal, Fray Andresito se embarcó en una de las muchas expediciones migratorias hacia América, buscando nuevas oportunidades y un destino más prometedor. Su llegada al continente lo llevó a Montevideo, Uruguay, donde en 1834 decidió abrazar la vida religiosa, ingresando a la venerable Orden Franciscana. En el convento de Montevideo, ejerció como limosnero y portero, roles que ya prefiguraban su vocación de servicio y cercanía con la gente.

Sin embargo, los vaivenes políticos de la época llevaron a la expulsión de los franciscanos por parte del gobierno uruguayo. Este acontecimiento forzó a Fray Andresito a trasladarse. En 1839, encontró un nuevo hogar y misión en el convento de la Recoleta Franciscana en Santiago de Chile. Allí, su humildad y laboriosidad se manifestaron en diversas tareas, desde la asistencia en la cocina y el mantenimiento del hogar conventual hasta su primordial rol como limosnero, una función que le permitía estar en constante contacto con los más necesitados de la ciudad.

El 9 de enero de 1853, Fray Andresito cayó enfermo de pulmonía. Con una serenidad y previsión que sorprendieron a quienes lo rodeaban, predijo la hora exacta de su deceso. Falleció el 14 de enero de ese mismo año, a las 8:00 horas, dejando tras de sí una estela de santidad y amor al prójimo.

Dos años después de su fallecimiento, el 10 de julio de 1855, sus restos fueron exhumados. Asombrosamente, su cuerpo fue hallado incorrupto, un fenómeno que la Iglesia Católica a menudo interpreta como una señal de santidad. Actualmente, se conserva en la Recoleta Franciscana un recipiente que contiene una porción de su sangre, que ha permanecido licuada e incorrupta, siendo objeto de estudio y veneración por parte de los fieles.

La Iglesia Católica ha reconocido formalmente la heroicidad de sus virtudes. El 8 de junio de 2016, el Papa Francisco lo declaró Venerable, un paso crucial en el camino hacia la beatificación y eventual canonización. Hoy, sus restos descansan en el templo de la Recoleta Franciscana, el mismo lugar que tanto amó y sirvió. Cada día 14 de mes, fieles de todas partes acuden a este santuario para venerar a Fray Andresito, implorando su intercesión por milagros y agradeciendo su amor incondicional por los “descartados” de la sociedad, manteniendo viva la esperanza de verlo elevado a los altares.

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