25 marzo, 2026

Guadalajara, México – Con un contundente llamado a la acción colectiva y a la centralidad de las víctimas, concluyó el Segundo Diálogo Nacional por la Paz en Guadalajara, Jalisco. Durante tres intensas jornadas, del 30 de enero al 1 de febrero, líderes de diversos sectores de la sociedad mexicana se congregaron en la Universidad Jesuita ITESO para trazar rutas hacia la pacificación del país, sumido en una profunda crisis de violencia. Mons. Ramón Castro Castro, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), clausuró el encuentro enfatizando una verdad ineludible: “La paz nos necesita a todos”, un mensaje que resonó como el eje rector de todo el foro.

El obispo de Cuernavaca instó a no desviar la mirada del sufrimiento de quienes han sido directamente afectados por la violencia. Subrayó que la construcción de una paz duradera y auténtica es inseparable del reconocimiento y la dignificación de las víctimas. “Mientras haya alguien dispuesto a amar, a cuidar y a permanecer, la paz, aunque esté herida, seguirá siendo posible”, afirmó Mons. Castro Castro, transmitiendo un mensaje de esperanza y resiliencia ante el dolor. Su alocución hizo hincapié en la valentía necesaria para denunciar cualquier acción que menoscabe la dignidad humana, aseverando que solo aquellos que permiten que el dolor ajeno los toque pueden erigirse como verdaderos artesanos de paz.

El presidente de la CEM fue enfático al advertir que las víctimas no deben ser percibidas como un elemento más en la agenda pública, sino como el “lugar teológico desde donde Dios habla”, un espacio sagrado que demanda atención prioritaria y profunda. La paz, recalcó, no se edifica soslayando el sufrimiento, ni “maquillando las cifras” para encubrir la realidad, ni apresurando procesos sin abordar la sanación de las heridas sociales. Esta visión confronta directamente las aproximaciones superficiales a la seguridad, proponiendo un camino basado en la justicia restaurativa y en procesos genuinos de reconciliación.

El Segundo Diálogo Nacional por la Paz se caracterizó por la participación activa de más de 1.200 líderes provenientes de esferas sociales, religiosas, académicas, empresariales y gubernamentales, junto a representantes de la sociedad civil y, crucialmente, víctimas de la violencia. Madres buscadoras, con los retratos de sus hijos desaparecidos, estuvieron presentes, dotando al encuentro de una carga emotiva y una urgencia innegable. Los organizadores del evento coincidieron en que la estrategia de pacificación debe germinar desde lo local: en el seno de las familias, en los centros de trabajo, en las instituciones educativas, en los barrios y comunidades, sentando las bases de una reconstrucción social desde abajo.

Mons. Castro Castro recordó a los participantes que el compromiso con la paz exige decisiones firmes, procesos continuos y compromisos concretos que se mantengan a lo largo del tiempo. Alertó sobre el riesgo del desánimo que puede surgir ante la lentitud de los resultados o la magnitud del desafío. En un gesto de aliento, los exhortó a retornar a sus comunidades “con el corazón abierto y los pies en el camino”, preparados para reactivar la escucha activa y sostener los espacios de diálogo y los equipos locales ya conformados. “Que nadie se vaya de aquí pensando que esto no le corresponde; la paz nos necesita a todos. Que este diálogo no termine hoy, sino que se transforme en una vida entregada, en un compromiso perseverante y en una esperanza organizada”, manifestó.

El encuentro, gestado hace más de tres años “de una herida profunda que atraviesa a México”, ha buscado desmontar la lógica del espectador pasivo, promoviendo una cultura de corresponsabilidad. La Iglesia en México, aclaró el prelado, no busca inventar nuevos métodos ni sustituir los esfuerzos ya existentes, sino acompañar, sostener y dotar de una profunda dimensión ética y espiritual a un proceso que ha demostrado ser fértil y necesario para la nación.

Al finalizar el diálogo, se dio lectura a un “Manifiesto por la Paz”, un documento solemne dedicado a las víctimas de la violencia. En este manifiesto, los organizadores propusieron “refundar la comunidad” a partir de las estrategias y discusiones que emergieron del encuentro. El comunicado destacó que cada acción, cada conversatorio y cada metodología implementada, ya sea enfocada en la salud mental, el medio ambiente, las fuerzas policiales, las juventudes, las escuelas, los migrantes, los funcionarios públicos, las empresas o las universidades, se realizará con la conciencia de que se está redefiniendo la manera de concebir y vivir la comunidad.

El P. Jorge Atilano González Candia, director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz, expresó un deseo colectivo: “Deseamos ser esa generación que puso las bases para recuperar la paz”. Por su parte, Mons. Héctor Pérez Villarreal, secretario general de la CEM, hizo un llamado a los agentes de paz para que miren más allá del círculo de participantes y reconozcan a los miles de individuos que, aunque ausentes, trabajan incansablemente por la misma causa. Ana Paula Hernández, coordinadora del Diálogo Nacional por la Paz, resumió el espíritu del encuentro antes de la lectura del manifiesto: “La invitación es a contarnos, a contagiarnos, a multiplicarnos, porque ya somos miles, pero necesitamos ser millones para transformar este país”, articulando una visión de expansión y unidad indispensable para un futuro de paz en México.

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