25 marzo, 2026

En un momento conmovedor durante una reciente Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI del Vaticano, el Papa León XIV ofreció una bendición especial a una joven que ha superado el cáncer, un gesto que subraya el profundo significado de la Jornada Mundial del Enfermo. Esta observancia anual de la Iglesia Católica, que tiene lugar cada 11 de febrero, coincidiendo con la fiesta de la Virgen de Lourdes, adquiere un relieve particular al ser la primera bajo el pontificado de León XIV. El lema de este año, “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”, resuena con fuerza en un mundo que busca renovar su compromiso con los más vulnerables.

La Jornada Mundial del Enfermo fue establecida por San Juan Pablo II el 13 de mayo de 1992, en respuesta a una solicitud del Cardenal Fiorenzo Angelini, quien entonces presidía el Consejo Pontificio para la Pastoral de los Agentes Sanitarios. En la carta fundacional dirigida al purpurado, el recordado Pontífice polaco delineó una visión clara para esta fecha. Su objetivo primordial era sensibilizar tanto a los fieles católicos como a la sociedad en general sobre la imperativa necesidad de garantizar la mejor asistencia posible a los enfermos. Más allá del soporte físico, la iniciativa buscaba ayudar a quienes sufren a encontrar valor y significado en su dolor, tanto en el plano humano como, sobre todo, en el sobrenatural.

Además, San Juan Pablo II instó a que las diócesis y las diversas organizaciones religiosas se comprometieran activamente en la pastoral sanitaria, promoviendo el voluntariado y fortaleciendo la formación espiritual y moral de todos los agentes de la salud. También hizo un llamado a los sacerdotes para que comprendieran mejor la trascendencia de la asistencia religiosa a los enfermos, asegurando un acompañamiento integral que abarcara todas las dimensiones de la persona. La meta era fomentar un enfoque holístico en el cuidado del paciente, integrando el bienestar espiritual, emocional y físico.

Un aspecto distintivo de la conmemoración de este año es su celebración solemne en la Diócesis de Chiclayo, Perú. El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral destacó la elección de esta localidad por su significado personal para el actual Pontífice: Mons. Robert Prevost, hoy Papa León XIV, ejerció su ministerio episcopal en Chiclayo entre los años 2015 y 2023. Para realzar esta significativa ocasión, el Santo Padre nombró al Cardenal Michael Czerny, Prefecto del mencionado Dicasterio, como su enviado especial a la diócesis peruana. La presencia del Cardenal Czerny, quien llegó a Chiclayo la noche del domingo previo a la celebración, subraya el énfasis del Vaticano en la solidaridad global y la conexión directa entre la Santa Sede y las comunidades locales que enfrentan desafíos de salud. La elección de Chiclayo no solo honra la trayectoria del Papa, sino que también resalta el carácter universal de la misión de la Iglesia.

En su mensaje para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, el Papa León XIV profundizó en las enseñanzas de la parábola del Buen Samaritano. Explicó que Jesús no se limita a indicar quién es el prójimo, sino que enseña cómo *hacerse* prójimo, es decir, cómo acercarse activamente al necesitado. El Pontífice enfatizó que el amor verdadero no es un sentimiento pasivo; por el contrario, impulsa a ir al encuentro del otro. Ser prójimo, afirmó, no depende de una cercanía física o social, sino de una decisión consciente de amar y actuar. Por ello, el cristiano está llamado a hacerse prójimo del que sufre, siguiendo el ejemplo de Cristo mismo, el verdadero Samaritano divino que se hizo cercano a la humanidad herida.

León XIV aclaró que estas acciones van más allá de meros gestos filantrópicos. Son signos tangibles de una participación personal en los sufrimientos del otro que implican el don de sí mismo. Significa trascender la mera satisfacción de necesidades materiales para lograr que la propia persona se convierta en parte intrínseca del don ofrecido. El Papa rememoró sus años como misionero y obispo en Perú, constatando cómo innumerables personas, al estilo del samaritano y el posadero, comparten la misericordia y la compasión, a través de un entramado de relaciones que supera el mero compromiso individual y construye verdaderas redes de apoyo y fraternidad.

El Pontífice concluyó reiterando que el cuidado de los enfermos no es solo una “parte importante” de la misión evangelizadora de la Iglesia, sino una “auténtica acción eclesial”. Es la fe encarnada en el servicio, donde la empatía se transforma en un apoyo tangible, emulando el propio ministerio de sanación y consuelo de Cristo. Mientras la Iglesia Católica continúa navegando las complejidades del cuidado de la salud y los desafíos sociales contemporáneos, la Jornada Mundial del Enfermo bajo el liderazgo del Papa León XIV reafirma su inquebrantable dedicación a la compasión, la dignidad humana y el profundo cuidado espiritual de todos aquellos que sufren. La bendición a la joven sobreviviente de cáncer en el Vaticano se erige como un símbolo potente de esperanza y del impacto transformador de la fe en la vida de los más necesitados.

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