22 marzo, 2026

El ciclo anual de Ejercicios Espirituales de Cuaresma, un periodo de intensa meditación y oración para el Papa Francisco y la Curia Romana, llegó a su fin este viernes en el Palacio Apostólico. Bajo la guía del obispo noruego Mons. Erik Varden, los participantes se sumergieron en una profunda reflexión espiritual, cuyo eje central fue el rol de los ángeles de Dios en la vida de fe, presentados no como dispensadores de deseos humanos, sino como guardianes y mediadores divinos.

Mons. Varden, abad de la abadía trapense de Nunraw y obispo prelado de Trondheim, Noruega, dirigió las meditaciones de este año, tituladas “Iluminados por una gloria escondida”. Inspirado en la sabiduría de San Bernardo de Claraval, figura insigne del siglo XII y Doctor de la Iglesia, el programa ofreció un itinerario espiritual que combinó una perspectiva idealista con una mirada realista sobre la experiencia cristiana. La octava y última meditación de este ciclo se centró específicamente en el significado y la función de los ángeles, ofreciendo una perspectiva que desafía las concepciones populares y resalta su verdadera misión celestial.

Durante su intervención, Mons. Varden ahondó en la narrativa bíblica de los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto, un episodio crucial donde Satanás intentó tentar al Señor. Recordó cómo el diablo, citando el Salmo 90, instó a Cristo a arrojarse desde el pináculo del templo, argumentando que los ángeles lo protegerían. Esta confrontación sirvió de punto de partida para enfatizar una verdad fundamental: la presencia angélica no está destinada a satisfacer caprichos o a conceder demostraciones de poder autoimpuestas. El obispo trapense subrayó que solo Dios tiene la potestad de invitarnos a dar pasos que parecen imposibles, y su llamado siempre será una invitación a la confianza y la entrega, no a un acto temerario de arrogancia.

La reflexión de Mons. Varden recalcó que los ángeles actúan primordialmente como custodios de la santidad, no como meros sirvientes de nuestros designios o ambiciones. Citando una oración popular atribuida a San Reginaldo de Canterbury, el obispo desglosó los verbos asociados a la intercesión angélica: “iluminar, custodiar, sostener y guiar”. Estas acciones, fuertes y directivas, definen la naturaleza de su ministerio. Los ángeles son, en esencia, guardianes celestiales cuya misión es proteger y guiar a los fieles en el camino de la virtud y la cercanía a Dios.

Asimismo, Mons. Varden exploró la función de los ángeles en la liturgia y en la vida monástica. Destacó cómo el “canto de alabanza” de Cristo, tal como lo describe la constitución conciliar *Sacrosanctum Concilium*, resuena desde la tierra hasta el cielo, formando una vibrante cadena de mediación. Los ángeles, afirmó el obispo, son una parte intrínseca de esta cadena, un hecho que la Iglesia afirma en cada Prefacio de la Misa, reconociendo su participación en la alabanza divina. Esta conexión litúrgica subraya la continuidad entre la Iglesia terrena y la celestial.

Inspirándose en los sermones de San Bernardo de Claraval, Mons. Varden explicó que los ángeles median la providencia divina. Aunque Dios puede tocar directamente los corazones humanos, su sabiduría se complace en permitir que sus criaturas actúen como canales de gracia entre sí. San Bernardo exhortaba a los fieles a imitar a los ángeles, tanto en su descenso hacia la misericordia para con el prójimo, como en su ascenso, elevando los deseos del alma hacia la verdad suprema y eterna. Esta exhortación bernardina resalta cómo todos los anhelos humanos, incluso los más terrenales, pueden ser orientados hacia su cumplimiento en Dios, siendo los ángeles modelos y guías en este proceso de transformación espiritual.

El obispo noruego también abordó el papel crucial de los ángeles en el umbral de la muerte. Señaló que el acto final y más decisivo de caridad angélica ocurre cuando nos guían a través del velo de este mundo hacia la eternidad. En ese momento culminante, toda falsedad y retórica terrena se desvanecerán, quedando solo la verdad en plena concordancia con la misericordia divina, un encuentro puro y sin artificios.

Finalmente, Mons. Varden trajo la discusión a la contemporaneidad al citar a San John Henry Newman, a quien el Papa León XIII proclamó Doctor de la Iglesia, quien concebía el ministerio sacerdotal como “angélico”. Este enfoque implica que el sacerdote se siente en casa en el mundo, sin temor a adentrarse en sus rincones más oscuros en busca de los extraviados, mientras mantiene su mirada fija en el rostro del Padre, permitiendo que la luz divina ilumine toda la realidad. Concluyó su meditación con un mensaje clave para la era digital: “Un encuentro angélico es personal. No puede ser reemplazado por una descarga o un chatbot”. Esta declaración subraya la insustituible necesidad del contacto humano y espiritual directo en un mundo cada vez más mediado por la tecnología, reafirmando la primacía de la relación personal con lo divino y con el prójimo, guiados por la presencia inmaterial pero real de los ángeles. Los Ejercicios Espirituales dejan así un llamado a la reflexión profunda sobre la fe y el papel de las criaturas celestiales en el camino hacia la santidad.

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