En un evento de profunda resonancia espiritual, una reliquia de primer grado de San José Gregorio Hernández, el venerable “médico de los pobres” de Venezuela y recientemente canonizado por la Iglesia Católica, ha sido entregada solemnemente a la histórica Cartuja de Farneta, un milenario monasterio cartujo ubicado en la pintoresca región de Toscana, al norte de Lucca, Italia. Este significativo acto no solo honra la memoria del santo, sino que también refuerza los lazos históricos y de fe entre la nación sudamericana y este antiguo cenobio.
La Cartuja de Farneta ocupa un lugar especial en la biografía de San José Gregorio Hernández. Motivado por una profunda llamada a la vida religiosa, el entonces joven médico, con una trayectoria ya prometedora en la ciencia y la academia, llegó a este monasterio el 16 de julio de 1908. Allí, inmerso en la rigurosa disciplina cartuja, adoptó el nombre de Fray Marcelo, buscando consagrar su vida a Dios en la más estricta clausura y oración.
Sin embargo, la austera rutina monástica y las exigentes reglas de la orden, conocidas por su extrema sobriedad y silencio, impactaron severamente su ya delicada salud. Tras apenas nueve meses de permanencia, sus superiores, preocupados por su bienestar físico y temiendo por su vida, le recomendaron dejar el hábito y regresar a su natal Venezuela para su completo restablecimiento.
Este episodio, aunque representó el fin de su aspiración monástica, fue un punto de inflexión crucial en la vida del futuro santo. José Gregorio comprendió con profunda claridad que su vocación divina no se encontraba en la clausura, sino en el servicio directo a la humanidad a través de la medicina. Dedicó el resto de su existencia a santificarse en su profesión, ejerciendo la medicina con una caridad inmensa y un desprendimiento ejemplar, atendiendo con especial dedicación a sus pacientes más desfavorecidos. Fue esta entrega total a los enfermos y necesitados lo que le valió el inmortal apelativo de “médico de los pobres”, un título que resuena con fuerza en el corazón de millones de fieles.
Más de un siglo después de su partida de Farneta, un fragmento óseo de San José Gregorio Hernández, una reliquia de primer grado que atestigua su santidad, ha regresado a este mismo monasterio en un gesto que cierra un círculo espiritual y reafirma los lazos de fe y memoria. La emotiva entrega fue realizada por el diácono venezolano Jean Carlos González, quien viajó desde Asís, Italia, para cumplir con un encargo especial del Cardenal Baltazar Porras, Arzobispo Emérito de Caracas. La solicitud había sido formulada por el Cardenal Porras en octubre pasado al superior de la Cartuja, con la intención de que la presencia física del santo venezolano se hiciera sentir nuevamente en el lugar que marcó una etapa crucial de su discernimiento vocacional.
Para el diácono Jean Carlos González, este momento fue descrito como “un regalo de Dios muy grande”. En una entrevista concedida a ACI Prensa, expresó la profunda emoción de poder acceder a la celda donde San José Gregorio, entonces Fray Marcelo, pasó sus días de oración y reflexión. “Poder estar ahí presente, poder entrar a la celda donde vivió este hombre —que es nuestro primer santo—, donde seguro tuvo tantos espacios de oración y reflexión, donde él mismo labró su santidad a principios del siglo XX, fue una experiencia transformadora”, compartió González. Subrayó la significación espiritual de este retorno, afirmando que “fue un acto de amor de parte de Dios”. En ese día memorable, el diácono dedicó sus oraciones al pueblo venezolano y a todos los fieles que, en ese mismo periodo, se congregaban en Roma para celebrar la canonización de los primeros santos venezolanos.
La Cartuja de Farneta no es ajena a la profunda conexión con la historia venezolana. En sus venerables muros también vivió otro ilustre clérigo de esa nación, el Siervo de Dios Salvador Montes de Oca, quien fuera el segundo Obispo de Valencia, Venezuela. Su historia es una de martirio y heroísmo: en 1944, durante la brutal ocupación alemana de Italia en la Segunda Guerra Mundial, Monseñor Montes de Oca fue fusilado por el ejército Nazi, junto a otros seis monjes y seis hermanos laicos del monasterio. Su “crimen” fue haber ofrecido refugio a numerosos perseguidos políticos en la Cartuja, demostrando una fe inquebrantable y un compromiso humanitario en tiempos de oscuridad y barbarie.
Los monjes cartujos de Farneta custodian con reverencia las reliquias de sus hermanos mártires, un testimonio silencioso de sacrificio y fidelidad. Ahora, a ese sagrado compendio se suma la reliquia de San José Gregorio Hernández, un símbolo de la santidad venezolana. El diácono Jean Carlos González relató que para los frailes, el recibimiento fue “un momento muy importante”, percibiendo en ellos “una humilde alegría” al ver regresar al venerado médico. Un detalle curioso que destacó González es que en la Cartuja, el santo venezolano es aún recordado y llamado cariñosamente como Fray Marcelo, el nombre que adoptó durante su breve pero significativa estancia.
El diácono González enfatizó que el legado de figuras como San José Gregorio Hernández y Monseñor Salvador Montes de Oca debe ser considerado “un honor” para todos los venezolanos, y motivo de profunda gratitud que su país esté “presente en la oración de estos monjes”. Resaltó la figura del “médico de los pobres” como una fuente de inspiración que trasciende barreras, tanto para laicos como para religiosos, y cuyo ejemplo de servicio y fe sigue vigente. “Este santo ha traspasado las fronteras de Venezuela”, afirmó González, concluyendo que José Gregorio Hernández es “un gran hombre, un gran médico y un gran santo que sigue intercediendo en la vida de las personas, especialmente aquellas que lo buscan por temas de salud”, consolidando su figura como un faro de esperanza y fe en todo el mundo.





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