El pasado 15 de enero, Płock, una ciudad polaca con un pasado profundamente marcado por la tragedia, se convirtió en el epicentro del 29º Día del Judaísmo en la Iglesia Católica de Polonia. En un evento que congregó a líderes religiosos y dignatarios, se lanzó un potente mensaje contra el silencio ante el odio y se reafirmó el compromiso con la paz y el diálogo interreligioso. La conmemoración, que tuvo como lema la frase bíblica “Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios mi Dios” (Rut 1:16), subrayó la intrínseca conexión entre católicos y judíos y la urgente necesidad de combatir la intolerancia.
El Rabino Jefe de Polonia, Michael Schudrich, con una voz que transmitía la gravedad de la historia, recordó el profundo significado de Płock para esta conmemoración. Antes de la Segunda Guerra Mundial, la vibrante comunidad judía de la ciudad superaba los 9.000 miembros, una población que fue casi completamente aniquilada o deportada durante la brutal ocupación nazi. Fue desde este lugar de memoria y pérdida que el rabino emitió un ferviente ruego por la paz. “Demasiado sufrimiento, demasiada desolación, demasiadas vidas truncadas. Nuestra oración más sentida es por la paz”, declaró Schudrich.
Sus palabras trajeron a colación la crucial reflexión del superviviente del Holocausto, Marian Turski: “Auschwitz no surgió de la nada”. Esta máxima subraya que la Shoah, la mayor atrocidad del siglo XX, fue tristemente posible por la inacción y el silencio de las personas de bien. El Rabino Schudrich fue enfático al recalcar la imperativa necesidad de una lucha constante y decidida contra el antisemitismo en todas sus manifestaciones, así como contra cualquier forma de racismo y odio que amenace la convivencia humana.
El Cardenal Grzegorz Ryś, Arzobispo de Cracovia y presidente del influyente Consejo para el Diálogo Religioso de la Conferencia Episcopal Polaca, complementó este llamado con una invitación a la comprensión mutua. Instó a católicos y judíos a un ejercicio de “escucha atenta”, reconociendo que “la perspectiva del otro es vital para ambas partes”. El cardenal enfatizó que la trágica desaparición de la comunidad judía de Płock “no altera en modo alguno la esencia de la comunidad de ciudadanos que convivieron en armonía”. Recordó que el Día del Judaísmo, con su lema de profunda solidaridad – “Tu pueblo será mi pueblo y mi Dios mi Dios” –, es un poderoso recordatorio de la hermandad y la memoria compartida.
Ryś destacó cómo los documentos emanados de la Iglesia desde el histórico Concilio Vaticano II han consolidado y demostrado las profundas conexiones teológicas y espirituales entre el cristianismo y el ‘judaísmo viviente’, marcando un hito en la reconciliación y el entendimiento interreligioso. En una reflexión sobre la naturaleza humana y divina, el Cardenal observó: “La historia de la salvación, en su esencia, se reduce a esto: Dios reúne a las personas, mientras que las fuerzas del mal buscan dispersarlas”. Concluyó con una sabia advertencia: “Nunca podrás experimentar la verdadera felicidad si tu búsqueda es solo para ti mismo”.
La jornada conmemorativa, que se extendió por diversos puntos emblemáticos de Płock, contó con la presencia de distinguidos invitados, incluyendo al embajador de Israel en Polonia, Yaakov Finkelstein; el obispo local, Szymon Stułkowski; y el alcalde de Płock, Andrzej Nowakowski, quienes subrayaron la relevancia cívica y diplomática del encuentro.
Los participantes recorrieron lugares cargados de historia, como la majestuosa Catedral de Płock, la histórica Abadía Benedictina y el significativo Museo de los Judíos de Mazovia, ubicado en lo que fue una antigua sinagoga. Las actividades incluyeron oraciones conjuntas que simbolizaron la unidad en la diversidad, un recorrido conmemorativo que trazó los pasos de la historia judía en la ciudad, y una serie de exposiciones. Entre estas, destacó “Algunos eran vecinos: Elección, comportamiento humano y el Holocausto”, una producción del Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos, que invitaba a la reflexión sobre las decisiones humanas en tiempos de adversidad.
La Hermana Katarzyna Kowalska, quien ocupa los cargos de copresidenta del Consejo Polaco de Cristianos y Judíos y vicepresidenta del Consejo Internacional de Cristianos y Judíos, reforzó la visión de la Iglesia contemporánea. Según Kowalska, la Iglesia invita hoy a los creyentes a “sentarse a la misma mesa” para explorar y compartir temas de vital importancia. “Dialogamos sobre la memoria, la esperanza y las promesas hechas al pueblo elegido, en las que también nos vemos incluidos y participamos”, afirmó, resaltando la interconexión espiritual de ambas comunidades.
El Día del Judaísmo, aunque se celebró el 15 de enero en esta ocasión, tiene una tradición de conmemorarse el 17 de enero en el calendario litúrgico polaco, marcando la víspera de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Esta iniciativa no es exclusiva de Polonia; diversas naciones europeas también organizan jornadas similares de conmemoración y diálogo judeo-católico, consolidando un puente de entendimiento y reconciliación a través del continente. Estos eventos refuerzan el compromiso de la Iglesia Católica y las comunidades judías con la construcción de un futuro basado en el respeto mutuo, la comprensión y la memoria activa, combatiendo el olvido y las ideologías de odio que tanto daño han causado a la humanidad.






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