8 julio, 2026

Colombia se encuentra en un punto de inflexión político tras la segunda vuelta presidencial, con el presidente saliente, Gustavo Petro, desconociendo los resultados que dieron la victoria a Abelardo de la Espriella. En este contexto de creciente tensión, la Iglesia católica colombiana, a través de su delegado para las relaciones Iglesia-Estado, Monseñor Héctor Fabio Henao, ha instado a la ciudadanía y a los actores políticos a mantener la calma y a confiar en los mecanismos institucionales del Estado para resolver las controversias.

El panorama postelectoral se tornó complejo luego de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) proclamara oficialmente a Abelardo de la Espriella como el ganador de la contienda del 21 de junio. Sin embargo, el presidente Gustavo Petro, desde su perfil en la plataforma X, rechazó esta determinación. El mandatario calificó de “fraude electoral cibernético” los comicios, afirmando categóricamente que “Abelardo no ganó las elecciones”. En su lugar, Petro sugirió que el verdadero vencedor debería ser Iván Cepeda, el candidato de izquierda que representó al Pacto Histórico. Esta declaración no solo puso en tela de juicio la integridad del proceso democrático, sino que también sembró una profunda incertidumbre sobre la futura estabilidad política del país.

La contundente postura del jefe de Estado saliente provocó una inmediata reacción por parte del presidente electo, Abelardo de la Espriella. Ante la negativa de reconocimiento, De la Espriella optó por suspender el proceso de empalme, un procedimiento crucial que garantiza la transferencia ordenada y transparente de información y responsabilidades entre la administración entrante y la saliente. El político expresó su determinación de “proteger los intereses de la Nación y garantizar una transición seria, transparente y al servicio de los colombianos”, rechazando cualquier acción que pudiera “legitimar el desastre” o el “desconocimiento del orden constitucional”. Esta decisión subraya la gravedad de la situación, poniendo en pausa un paso fundamental para la gobernabilidad del país.

Frente a este escenario de polarización y desafío institucional, Monseñor Héctor Fabio Henao, en representación del Episcopado colombiano, enfatizó la importancia de la prudencia y el apego a la legalidad. En declaraciones a medios de comunicación, el prelado subrayó que la segunda vuelta electoral se llevó a cabo “en paz, con mucha participación ciudadana, con un gran ejercicio de capacidad de encuentro de los colombianos en torno a distintas propuestas”. Esta observación de la Iglesia busca resaltar la normalidad y la solidez democrática del proceso, a pesar de las alegaciones de fraude.

Monseñor Henao reconoció la legitimidad de las expresiones de disenso en una democracia. “Por supuesto que hay siempre en democracia la posibilidad de disentir y presentar propuestas o reclamaciones frente a un proceso como este”, afirmó. No obstante, hizo un llamado categórico a la vía institucional: “La verdad es que los mecanismos institucionales que existen en el país serán los encargados de dar un concepto final”. Esta declaración reafirma la confianza de la Iglesia en las estructuras legales y judiciales del Estado colombiano para dirimir cualquier disputa electoral.

El delegado de los obispos colombianos también exhortó a la población y a los líderes políticos a abordar el momento con serenidad y un profundo sentido de responsabilidad cívica. “Desde la Iglesia vamos a seguir insistiendo en que hay que asumir el proceso con toda la calma, con un espíritu democrático, con un espíritu también de un gran compromiso con el país”, manifestó. La Iglesia, en su rol de actor social, busca promover la cohesión y evitar una escalada de confrontación que pueda desestabilizar aún más la nación. “Este es un momento de mucho compromiso con Colombia y con la población”, agregó, resaltando la necesidad de unidad y trabajo conjunto.

La preocupación por la estabilidad institucional se intensificó con el llamado del presidente Petro a sus seguidores para que salgan a las calles el 20 de julio, fecha que conmemora la independencia de Colombia, en lo que describió como una “resistencia civil contra un gobierno ilegítimo”. Esta convocatoria eleva el riesgo de confrontaciones sociales y añade una capa más de complejidad a la ya delicada situación.

En contraste, pocos días antes de la polémica declaración de Petro, el 24 de junio, los obispos colombianos habían emitido un mensaje de felicitación a Abelardo de la Espriella por su elección. En dicho comunicado, invitaron a la ciudadanía “a valorar lo construido hasta ahora y a continuar forjando juntos el futuro”. Asimismo, destacaron que “el modo pacífico como transcurrió la jornada” electoral era una “prueba de la solidez de nuestras instituciones democráticas y del proceso de madurez en el que vamos avanzando como sociedad”. Este mensaje subraya la postura constante de la Iglesia en defensa de la institucionalidad y la democracia pacífica, una posición que ahora cobra mayor relevancia ante la actual crisis política.

La Iglesia colombiana, por medio de Monseñor Henao, reitera su esperanza de que “todo transcurra en el marco de la institucionalidad y todo pueda ser resuelto si hay dudas, inquietudes, etc., a través de los mecanismos existentes”. Paralelamente, apeló a la ciudadanía a “mantener nuestra capacidad de continuar construyendo país”. En un momento de profunda división, la voz del Episcopado emerge como un llamado a la cordura, a la observancia de la ley y a la búsqueda de soluciones pacíficas y democráticas para salvaguardar la institucionalidad de Colombia.

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