Al cumplirse cuatro años del recrudecimiento del conflicto en Ucrania, un hito marcado por la persistencia de hostilidades y los continuos ataques en ciudades clave como Kiev, la Iglesia en Europa convoca a una jornada de oración masiva por la paz. Esta iniciativa, programada para el 24 de febrero, busca movilizar la fe y la solidaridad en todo el continente en respuesta a la prolongada crisis humanitaria y el sufrimiento de la población ucraniana.
La convocatoria emana de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE) y la Fundación Centesimus Annus Pro Pontifice. Su origen se ancla en los reiterados llamamientos del Papa Francisco a la oración y al apoyo a los “hermanos y hermanas en Ucrania, duramente probados por las consecuencias” de la guerra. Además, esta propuesta responde a las conclusiones de un reciente encuentro sobre construcción de paz celebrado en Luxemburgo, donde los participantes expresaron su firme intención de unirse espiritualmente en favor de la estabilidad en Ucrania.
COMECE y la Fundación Centesimus Annus Pro Pontifice alientan fervientemente a individuos y comunidades a dedicar este día a la oración, tanto personal como colectiva. El objetivo es “pedir a Dios el don de la paz para nuestro continente y el mundo, y confiar a Él a todos aquellos que continúan sufriendo las consecuencias de la guerra”, según detallan en un comunicado oficial. Este gesto no es solo una expresión de fe, sino también un claro signo de solidaridad palpable hacia una nación asolada.
Monseñor Mariano Crociata, presidente de COMECE, ha expresado la profunda consternación de la Iglesia europea ante la dilatada duración del conflicto y sus devastadoras repercusiones. “Nos conmueve profundamente la prolongada duración de la guerra y sus devastadoras consecuencias, con tantos muertos y heridos, destrucción generalizada y toda una población soportando un sufrimiento inmenso”, señaló Mons. Crociata. Su declaración subraya la magnitud de la tragedia, que se traduce en una incalculable pérdida de vidas, la devastación de infraestructuras y hogares, y el trauma psicológico que afecta a millones de personas.
En este contexto, Mons. Crociata ha reafirmado el llamado urgente a la Unión Europea y a sus Estados miembro para que “intensifiquen todos los esfuerzos diplomáticos destinados a lograr una paz integral, justa y duradera”. La invitación a la oración se extiende también a un “auténtico proceso de reconstrucción y reconciliación” que deberá emprenderse una vez concluidas las hostilidades, destacando la visión a largo plazo de la Iglesia para la recuperación de Ucrania.
Esta jornada de oración se integra en un marco más amplio de expresiones de cercanía espiritual con las poblaciones afectadas por el conflicto en las fronteras orientales de Europa. Se suma a otras iniciativas significativas, como la campaña “Unidos en oración por la paz en Ucrania y Tierra Santa”, promovida por el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE). Estas acciones conjuntas reflejan una postura unificada de la Iglesia, que busca trascender las divisiones y fomentar la unidad espiritual ante las grandes crisis humanitarias.
Desde el corazón del conflicto, el jefe de la Iglesia greco-católica ucraniana, Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk, ha calificado la escalada bélica como una tragedia inmensa y una “vergüenza para la humanidad”. En una entrevista concedida a Vatican News, el Arzobispo Mayor Shevchuk destacó la increíble resiliencia de la población ucraniana, que, a pesar de la destrucción constante, mantiene su espíritu inquebrantable. Atribuyó esta fortaleza en parte a la solidaridad internacional y al incansable trabajo de la Iglesia, que continúa prestando asistencia directa y creando espacios seguros para la población, mitigando los rigores del invierno y los efectos de los bombardeos.
Shevchuk resaltó la importancia vital de la solidaridad global, citando ejemplos concretos de ayuda inmediata de parroquias y conferencias episcopales europeas, que han enviado suministros esenciales como generadores y apoyo económico, cruciales para la supervivencia en condiciones extremas. Para Su Beatitud, este cuarto aniversario es un vehemente llamado a la comunidad internacional para que redoble sus esfuerzos en detener la agresión y se comprometa firmemente con una solución pacífica y justa. Mirando al futuro, enfatizó que, una vez finalizado el conflicto, será imprescindible un esfuerzo monumental para “trabajar en la reconstrucción y en la recuperación de los traumas físicos y emocionales provocados por la guerra”, un proceso que requerirá no solo recursos materiales, sino también un profundo acompañamiento humano y espiritual.
A medida que Ucrania se adentra en su quinto año de conflicto a gran escala, la voz unificada de la Iglesia europea, a través de sus líderes y fieles, se erige como un faro de esperanza y un testimonio de solidaridad activa. La jornada de oración del 24 de febrero trasciende el mero simbolismo; es un profundo clamor por la paz, la justicia y la restauración de la dignidad humana. Es un recordatorio de que, si bien las soluciones políticas y militares son esenciales, la fortaleza espiritual y la compasión global son indispensables para afrontar los desafíos de la guerra y forjar un futuro basado en la reconciliación y la estabilidad para Ucrania y el resto del mundo.





