23 febrero, 2026

Desde el corazón de la cristiandad, el Papa Francisco elevó este domingo un emotivo llamado a la comunidad internacional para que se pacte un “alto el fuego sin demora” en Ucrania, al conmemorarse cuatro años del inicio de la invasión a gran escala por parte de Rusia. Ante miles de fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro para el rezo del Ángelus, el Sumo Pontífice enfatizó que la paz “no puede ser aplazada” y debe materializarse en “decisiones responsables” que pongan fin al sufrimiento.

La voz del líder de la Iglesia Católica resonó con profunda preocupación por la escalada y la persistencia de los conflictos armados en el mundo, pero puso un acento particular en la devastadora situación ucraniana. “En mi corazón está todavía la dramática situación que está ante los ojos de todos,” afirmó el Papa Francisco, conmovido por la tragedia. “¡Cuántas víctimas, cuántas vidas y familias rotas, cuánta destrucción, cuántos sufrimientos indescriptibles!” Sus palabras pintaron un cuadro desolador de la realidad que enfrenta la nación de Europa del Este, donde la brutalidad de la guerra ha dejado una huella indeleble en su población y su territorio.

El Pontífice no dudó en describir la naturaleza inherente de la guerra, declarando que “cada guerra es, verdaderamente, una herida infligida a toda la familia humana. Deja tras de sí muerte, devastación y una estela de dolor que marca generaciones.” Esta perspectiva universal subraya la convicción del Vaticano de que los conflictos armados trascienden las fronteras nacionales, afectando la dignidad y la solidaridad de toda la humanidad. La insistencia papal en la interconexión del sufrimiento global refuerza la doctrina social de la Iglesia, que aboga por la fraternidad y la resolución pacífica de las disputas.

En su renovado y vehemente llamamiento, el Santo Padre instó con fuerza: “¡Que cesen las armas, que terminen los bombardeos, que se llegue sin demora a un alto el fuego y se fortalezca el diálogo para abrir el camino a la paz!” Este triple imperativo – detener la violencia, cesar los ataques y fomentar la conversación – encapsula la postura del Vaticano, que consistentemente ha promovido la diplomacia como el único sendero viable hacia una paz duradera y sostenible. La negociación, a menudo relegada en tiempos de conflicto agudo, es presentada por el Papa como la herramienta esencial para lograr la reconciliación.

Además de su llamado a la acción política y militar, el Papa Francisco invitó a los fieles y a todas las personas de buena voluntad a unirse en oración “por el martirizado pueblo ucraniano y por todos aquellos que sufren a causa de esta guerra y de cualquier otro conflicto en el mundo, para que pueda brillar sobre nuestros días el don tan esperado de la paz.” Esta dimensión espiritual complementa el activismo diplomático de la Santa Sede, buscando movilizar tanto la conciencia global como la fe individual en pos de la reconciliación y la sanación.

El clamor del Papa Francisco adquiere una relevancia particular en este momento crucial. Han transcurrido cuatro años desde que las fuerzas rusas lanzaron su ofensiva a gran escala sobre Ucrania en febrero de 2022, marcando el inicio de la guerra más significativa en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Lo que Moscú preveía inicialmente como una operación rápida se ha transformado en un conflicto prolongado, brutal y de desgaste, con un costo humano y material exorbitante para ambas naciones y repercusiones profundas en la estabilidad global, incluyendo la seguridad alimentaria y energética.

Desde el estallido de la invasión, millones de ucranianos se han visto obligados a abandonar sus hogares, convirtiéndose en refugiados o desplazados internos. Las agencias de ayuda humanitaria continúan reportando un panorama desolador: destrucción masiva de infraestructuras vitales, escasez crítica de alimentos, agua y medicinas, y un trauma psicológico generalizado que afectará a generaciones. La comunidad internacional ha respondido con una combinación de sanciones económicas contra Rusia y un significativo apoyo militar y humanitario a Ucrania, aunque el debate sobre la efectividad y la magnitud de esta asistencia sigue siendo intenso y complejo.

Militarmente, el frente de batalla se ha consolidado en una guerra de trincheras y artillería, con un “largo pulso sin cambios decisivos”, como lo describen los analistas. A pesar de ofensivas y contraofensivas, y del despliegue de ingentes recursos militares y humanos por ambos bandos, las líneas de confrontación se han mantenido relativamente estáticas en el último año. Rusia mantiene el control sobre aproximadamente el 20% del territorio ucraniano, incluyendo la península de Crimea (anexada en 2014) y vastas extensiones de las regiones de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón. Aunque esta extensión territorial es marginalmente mayor que la que controlaba al inicio de la invasión a gran escala en 2022, los avances significativos han sido limitados. En el transcurso de 2024, las fuerzas rusas han logrado asegurar alrededor de 6.000 kilómetros cuadrados adicionales, un avance táctico que, si bien significativo en un frente estático, no ha alterado fundamentalmente el equilibrio estratégico de la guerra.

El estancamiento militar ha generado frustración y un intenso debate sobre las estrategias futuras entre los aliados de Ucrania. Kyiv, respaldada firmemente por Occidente, insiste en la necesidad de recuperar la integridad territorial de su nación, mientras que Moscú parece decidida a mantener sus anexiones y ganancias. La complejidad de esta situación geopolítica hace que el llamado del Papa Francisco por un “alto el fuego sin demora” sea tan urgente como desafiante, ya que requerirá compromisos difíciles y dolorosos de todas las partes involucradas, una tarea que hasta ahora ha eludido a la diplomacia internacional.

El mensaje de Papa Francisco, pronunciado desde el epicentro del catolicismo global, sirve como un recordatorio inequívoco de la imperiosa necesidad de la paz y de la responsabilidad moral que recae sobre los líderes mundiales. A cuatro años de una guerra que ha fracturado Europa y ha puesto a prueba el orden internacional, su voz se alza como un faro de esperanza, instando a la humanidad a trascender la violencia y buscar un camino de diálogo y reconciliación para poner fin a este sufrimiento indescriptible. La paz en Ucrania, clama el Pontífice, no es una opción deseable, sino una obligación ética y humanitaria ineludible.

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