28 octubre, 2026

Cúpula eclesiástica panameña recorre zonas devastadas por potente sismo y transmite mensaje de aliento papal

Una comitiva de la jerarquía católica de Panamá llevó a cabo una significativa gira pastoral para constatar de primera mano los estragos ocasionados por el movimiento telúrico de magnitud 7.7 registrado el pasado 9 de octubre, un evento que destruyó numerosos hogares y dejó a decenas de personas en una situación de absoluta vulnerabilidad frente al desastre natural.

Durante la intervención efectuada el lunes 26 de octubre, las máximas autoridades eclesiásticas del país canalizaron un mensaje de solidaridad internacional, enfatizando la importancia vital de mantener la ayuda humanitaria constante para las comunidades que perdieron absolutamente todo su patrimonio material durante el fuerte temblor que sacudió a varias regiones del territorio nacional.

Un mensaje directo de cercanía espiritual

El arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa, se desplazó hasta las zonas más golpeadas para asegurarles a los damnificados que cuentan con el respaldo incondicional de la institución religiosa y de la máxima autoridad de la Iglesia universal, recordando los diálogos sostenidos recientemente en el Vaticano durante los encuentros oficiales de los prelados latinoamericanos.

“No están solos”, expresó Mons. Ulloa al recordar las palabras que el Pontífice le dirigió durante la reciente visita ad limina en el Vaticano, según un comunicado difundido por la Iglesia local.

“Lo primero que nos dijo: ‘Díganle a su gente que el Papa está cercano a ustedes’”, relató el arzobispo al medio local Telemetro. Añadió que León XIV también recordó a la Iglesia su misión de acompañar a la población en medio del sufrimiento.

Ante este panorama desolador, el líder católico exhortó a la ciudadanía a no bajar los brazos y a continuar respaldando activamente los canales de asistencia social implementados para la reconstrucción de las áreas colapsadas. “Como Iglesia que somos todos, no abandonemos a nuestros hermanos y no bajemos la guardia con la solidaridad”, afirmó.

El dolor humano tras la pérdida de los hogares

El itinerario de los obispos contempló paradas estratégicas en diversos poblados pertenecientes a las provincias de Los Santos y Herrera, dentro de la jurisdicción eclesiástica de la Diócesis de Chitré, donde dialogaron directamente con los afectados por el fenómeno sísmico que modificó drásticamente la cotidianidad de la región.

Uno de los momentos de mayor emotividad ocurrió durante el encuentro sostenido con la familia Escobar, quienes atestiguaron la destrucción total de su inmueble habitacional. Al respecto, el arzobispo brindó palabras de consuelo ante la magnitud de la tragedia vivida por los residentes locales.

“Sé que han sido días muy duros. Perder una casa duele profundamente, porque allí están nuestros recuerdos, nuestros esfuerzos y nuestros sueños”, manifestó el prelado, quien posteriormente encabezó momentos de oración comunitaria para pedir fortaleza espiritual y la llegada de benefactores solidarios.

Las comunidades de La Colorada, Chupá, Macaracas, Llano de Piedra, Los Pozos y La Villa de Los Santos formaron parte del recorrido oficial. En el templo de La Colorada, la delegación evaluó los daños estructurales sufridos por la edificación sagrada debido a la intensidad del movimiento.

Al respecto, las autoridades eclesiásticas confirmaron que se está consolidando un catastro nacional de daños para contabilizar con precisión la infraestructura eclesiástica colapsada. “Se está haciendo ya un recorrido, sobre todo [en] las diócesis más afectadas: Chitré, Penonomé, Santiago, y estamos pidiendo ya un informe […] para que prontamente podamos decir realmente cuáles son los templos afectados”, declaró Mons. Ulloa.

Una tajante advertencia contra la especulación y el lucro

Por su parte, el obispo de Chitré, monseñor Rafael Valdivieso, aprovechó la visita para lanzar un enérgico llamado a la ética social y ciudadana, advirtiendo severamente sobre los riesgos de lucrar con la desgracia ajena en medio de una coyuntura de carácter humanitario tan delicada.

“Es un tiempo de humanidad, de reconstruir, no de derrochar, no de hacer negocios con esta situación tan dolorosa que están viviendo muchas familias”, advirtió de manera categórica el obispo diocesano ante los lugareños congregados.

El jerarca eclesiástico insistió en que los insumos económicos y materiales disponibles deben gestionarse con absoluta transparencia y eficiencia para priorizar la construcción de nuevas viviendas destinadas a los sectores poblacionales que carecen de un techo seguro tras el desastre.

“Más bien, esos recursos que vayan sobrando, que eso sea provechoso para hacer más casas, más lugares”, señaló el prelado, recalcando además que la reconstrucción psicológica de los habitantes resulta tan prioritaria como la edificación física de las estructuras dañadas.

“Hay que hacer un trabajo en todo nuestro pueblo, en nuestras regiones, en todos nosotros: poder sanar esta situación que hemos vivido”, afirmó Mons. Valdivieso, invitando a la población a transformar el dolor colectivo en un motor de resiliencia comunitaria. “Ante cualquier adversidad es posible levantarnos”, concluyó.

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