7 marzo, 2026

Cada año, entre el 7 y el 15 de marzo, miles de fieles en Argentina y alrededor del mundo dirigen su mirada y sus oraciones hacia la figura de San José Gabriel del Rosario Brochero, el emblemático “cura gaucho”. Esta novena anual se convierte en un espacio de profunda reflexión y conexión espiritual con uno de los santos más queridos del país, cuya vida y obra continúan resonando con fuerza en el magisterio de la Iglesia contemporánea, particularmente en la visión del Papa Francisco.

José Gabriel Brochero, canonizado en 2016, no fue un sacerdote convencional. Nacido en Santa Rosa de Río Primero, Córdoba, en 1840, dedicó su ministerio pastoral a las zonas más remotas y desfavorecidas de su provincia. Su apostolado se centró en la región de Traslasierra, un vasto territorio montañoso donde las comunidades vivían en condiciones de extrema pobreza y aislamiento. Lejos de la comodidad de la ciudad, Brochero se convirtió en un verdadero pionero, recorriendo caminos intransitables a lomos de su mula, la famosa “Malacara”, para llevar el Evangelio, los sacramentos y un mensaje de esperanza a cada rincón.

Su labor trascendió lo puramente espiritual. Consciente de las necesidades materiales de su gente, Brochero impulsó obras de infraestructura vitales para el desarrollo de la región. Fue el artífice de caminos que unieron pueblos, la construcción de escuelas y capillas, e incluso un acueducto. Su proyecto más ambicioso fue la Casa de Ejercicios Espirituales en Villa del Tránsito (hoy Villa Cura Brochero), un centro para retiros espirituales que atraía a cientos de personas, transformando vidas a través de la oración y la meditación. La visión de Brochero no se limitaba a la salvación de las almas, sino que abarcaba la promoción integral del ser humano, un concepto que hoy llamaríamos desarrollo humano sostenible.

La vida de Brochero estuvo marcada por un compromiso radical con los más vulnerables. No temía adentrarse en las rancherías más humildes, compartiendo la mesa con los enfermos de cólera y lepra, enfermedades que en su tiempo eran altamente contagiosas y estigmatizantes. Fue precisamente este incansable servicio a los leprosos lo que finalmente le costó la salud, contrayendo él mismo la enfermedad de Hansen, que lo dejó ciego y con graves secuelas físicas hacia el final de su vida. A pesar de su enfermedad, Brochero nunca abandonó su misión, continuando su apostolado desde la silla de ruedas, predicando y confesando hasta su muerte en 1914.

El legado de este “sacerdote callejero de la fe”, como lo describiría más tarde el Papa Francisco, ha encontrado un eco profundo en el actual pontífice. Francisco, compatriota de Brochero y también jesuita, ha manifestado en múltiples ocasiones su particular devoción por el santo cordobés, a quien considera un modelo ejemplar para la Iglesia de hoy. Ya en 2013, poco después de su elección como Papa, Jorge Bergoglio dedicó una carta a la figura de Brochero, resaltando su modernidad evangélica. En aquella misiva, Francisco escribió: “El Cura Brochero tiene la actualidad del Evangelio, es un pionero en salir a las periferias geográficas y existenciales para llevar a todos el amor, la misericordia de Dios”.

La frase del Papa, “No se quedó en el despacho parroquial, se desgastó sobre la mula y acabó enfermando de lepra, a fuerza de salir a buscar a la gente, como un sacerdote callejero de la fe”, sintetiza a la perfección la esencia del mensaje que Francisco propone para la Iglesia del siglo XXI: una Iglesia en salida, que no teme mancharse las manos en el servicio a los hermanos, especialmente a los más marginados. Brochero encarna el paradigma de lo que el Papa llama una “Iglesia pobre para los pobres”, un clero cercano a su pueblo, que vive en carne propia las alegrías y sufrimientos de sus comunidades.

La novena al Santo Cura Brochero, que se celebra anualmente entre el 7 y el 15 de marzo, es una oportunidad para que sus devotos y todos aquellos interesados en su figura profundicen en su ejemplo. Una novena, del latín *novem* (nueve), es una devoción que se reza durante nueve días, generalmente para pedir una gracia o en preparación para una festividad importante. En el caso de Brochero, esta tradición permite a los fieles sumergirse en los diferentes aspectos de su vida y espiritualidad, meditando sobre su fe inquebrantable, su caridad heroica, su compromiso social y su profundo amor por Cristo y por los hombres.

Durante estos nueve días, se invita a reflexionar sobre la capacidad de Brochero para transformar la realidad de su tiempo, utilizando los recursos a su alcance –su mula, su palabra, su tenacidad– para construir puentes donde antes solo había abismos. Su figura inspira a superar los desafíos con creatividad y perseverancia, a no rendirse ante las adversidades y a mantener viva la llama de la fe en contextos difíciles.

La celebración de la novena no es solo un acto de piedad personal, sino también una manifestación colectiva de la perdurable influencia de Brochero en la cultura y la fe argentina. Su memoria sigue siendo un faro para quienes buscan una Iglesia más humana, más cercana y más comprometida con las necesidades del mundo. Es un recordatorio vivo de que la santidad no se encuentra en el aislamiento, sino en la entrega generosa y sin límites al prójimo, siguiendo el ejemplo de un sacerdote que se desgastó por su gente, llevando la fe y la dignidad hasta las últimas periferias.

Desde las Redes

Desde las Redes es un portal católico dedicado a la Evangelización digital. Somos un equipo de profesionales poniendo nuestros dones al servicio de la Iglesia. Lancemos las redes y compartamos la fe.

Nuevos