Helsinki, Finlandia – En un testimonio que ha capturado la atención global por su singularidad y profunda dedicación, Mons. Raimo Goyarrola, obispo de la diócesis de Helsinki, Finlandia, compartió recientemente una experiencia personal extraordinaria. Médico cirujano de profesión antes de abrazar el sacerdocio, el prelado español reveló cómo, tras autodiagnosticarse un ictus cerebral, tomó la insólita decisión de posponer su atención médica para cumplir con sus responsabilidades eclesiásticas. Este relato, divulgado durante una entrevista en el popular *Rebeldes Podcast*, subraya una vocación de servicio que desafía los límites convencionales de la prudencia.
El incidente tuvo lugar durante la madrugada, en la soledad de su habitación. Mons. Goyarrola, formado en la rigurosa disciplina de la medicina, se encontró súbitamente con síntomas inequívocos: una migraña fulminante seguida de una pérdida progresiva de movilidad y fuerza en el lado derecho de su cuerpo. Con la precisión clínica que le confiere su antigua profesión, el obispo comprendió de inmediato la gravedad de su condición: estaba sufriendo un accidente cerebrovascular, o ictus, una emergencia médica que exige intervención inmediata. La región afectada, el tronco del encéfalo, es una de las más críticas del sistema nervioso central, regulando funciones vitales y cuyo daño puede tener consecuencias devastadoras o fatales.
Sin embargo, frente a esta situación potencialmente mortal, la respuesta del prelado navarro fue de una audacia que solo puede ser explicada por su fe. En un momento de profunda introspección y diálogo espiritual, tal como relató a los sacerdotes Ignacio Amorós y Pablo López en el podcast, Mons. Goyarrola se dirigió a un crucifijo con una petición singular: “Mira, Jesús, no me llames. Si me llamas ahora, ¿para qué? ¿Para ir al purgatorio? Yo al cielo no puedo… déjame ayudarte aquí”. Este ruego, cargado de una mezcla de humildad y determinación, reveló una inquebrantable voluntad de continuar su labor apostólica en la tierra. Para él, la urgencia de su misión superaba la inmediatez de su propia emergencia de salud, priorizando el servicio a la pequeña, pero vibrante, comunidad católica en Finlandia.
La mañana siguiente al autodiagnóstico presenció una serie de actos que ilustran la magnitud de su compromiso. A pesar de la parálisis parcial y la debilidad, Mons. Goyarrola celebró la Eucaristía, una piedra angular de la vida católica. Para ocultar su condición y evitar la preocupación de los fieles, ideó “trucos manuales” con su mano izquierda, demostrando ingenio y una férrea voluntad para que nada interfiriera con el sacramento. Posteriormente, y sin revelar su estado, sostuvo una reunión crucial de dos horas con funcionarios del Estado, un encuentro vital para defender los intereses y la presencia de la Iglesia en Finlandia. Solo después de haber cumplido con estos deberes, que consideró impostergables, acudió al hospital.
Las pruebas médicas confirmaron la gravedad de la situación. Una resonancia magnética reveló un infarto en el tronco del encéfalo, una región vital del cerebro cuyo daño podría haberle sido fatal. El obispo admitió, con una honestidad desarmante, que su comportamiento fue una imprudencia y no recomienda a nadie emularlo. Sin embargo, su relato no es una apología de la temeridad, sino un testimonio de lo que él describe como “un acto de amor extremo”: la disposición a morir defendiendo la Iglesia, al igual que uno estaría dispuesto a dar la vida por alguien que ama con todo su corazón. “Yo, por la gracia de Dios, estaba dispuesto, quería defender a la iglesia y Dios me ha dado más tiempo”, afirmó, ofreciendo una perspectiva conmovedora sobre la profundidad de su entrega y el sentido de su vocación episcopal en la difícil misión de la evangelización en un país secularizado.
La vocación de Mons. Goyarrola ha sido siempre una amalgama de ciencia y fe. Creció con el sueño de curar el cáncer, impulsado por una clara vocación científica. Sin embargo, un evento personal transformador –la enfermedad de cáncer de su madre durante su adolescencia– reorientó su visión. Comprendió entonces que su misión no se limitaría a sanar cuerpos, sino que se extendería a combatir lo que él denomina el “cáncer del alma”: la desesperanza y el vacío espiritual que aquejan a muchas personas en la sociedad contemporánea. Este cambio de perspectiva lo llevó a abrazar el sacerdocio, combinando su rigor intelectual con una profunda sensibilidad pastoral, una combinación que lo distingue y lo hace particularmente efectivo en su ministerio.
En el programa *Rebeldes Podcast*, el obispo de Helsinki no solo compartió su dramática experiencia, sino que también ofreció una reflexión más amplia sobre los desafíos espirituales de nuestro tiempo. Advierte que, a pesar del aparente bienestar material, muchas sociedades occidentales padecen una profunda crisis de soledad y un vacío existencial. En este contexto, su testimonio se convierte también en una reivindicación de la “gente normal”, esos “héroes cotidianos” que, con sus virtudes y defectos, sus luchas y perseverancias, son quienes verdaderamente sostienen el mundo y encarnan la fe en la vida diaria. Su mensaje resalta la importancia de la acción individual y la responsabilidad personal en la construcción de una sociedad más justa y espiritualmente rica.
*Rebeldes Podcast* es una extensión del canal de YouTube “Se Buscan Rebeldes”, una plataforma dedicada a la difusión de la fe católica. Su misión es mostrar que vivir según los principios del Evangelio, en un mundo a menudo secularizado o indiferente, constituye el mayor acto de rebeldía y autenticidad posible. El relato de Mons. Goyarrola, con su mezcla de heroísmo personal y reflexión espiritual, encaja perfectamente en esta narrativa, ofreciendo un poderoso ejemplo de fe viva y servicio incondicional que busca inspirar a otros a vivir con propósito y dedicación.
La historia del obispo Raimo Goyarrola, un médico que diagnosticó su propio ictus y eligió el deber antes que la supervivencia inmediata, resuena como un eco de una devoción que trasciende la lógica humana. Es un recordatorio impactante de la fuerza del espíritu humano y de la profunda entrega que algunos individuos están dispuestos a ofrecer en nombre de sus convicciones más íntimas. Su testimonio no solo narra un evento extraordinario, sino que invita a una reflexión sobre el significado del servicio, el sacrificio y la fe en un mundo que a menudo busca respuestas solo en lo material.




