En un México profundamente marcado por la violencia y la inseguridad, emerge con fuerza un movimiento ciudadano impulsado por la Iglesia Católica que busca tejer redes de esperanza y construir un camino hacia la paz. El Diálogo Nacional por la Paz, una iniciativa que reúne a diversos actores de la sociedad mexicana, se prepara para su segunda edición, reafirmando la convicción de que, a pesar de la adversidad, existe una profunda y extendida voluntad de cambio en el país.
El Padre Jorge Atilano González Candia SJ, director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz, subraya una realidad a menudo opacada por los titulares negativos: la inmensa cantidad de personas y comunidades comprometidas con la edificación de la paz. “Las narrativas de crímenes y confrontación pueden generar más ruido, pero tras bambalinas, innumerables testimonios de jóvenes y ciudadanos de todas las edades demuestran un compromiso activo con la reconciliación y la transformación social”, afirma el sacerdote jesuita, refiriéndose al desafío que representa la violencia en diversas regiones del territorio nacional. En su perspectiva, el anhelo de paz prevalece ampliamente entre la población.
Este encuentro crucial, que representa una respuesta articulada desde la fe y la sociedad civil ante la escalada de violencia en México, celebrará su segunda edición del 30 de enero al 1 de febrero en las instalaciones de la universidad jesuita ITESO, en Guadalajara, Jalisco. Se espera la congregación de más de mil líderes provenientes de distintos ámbitos, desde víctimas directas de la violencia hasta empresarios, académicos, representantes gubernamentales y activistas.
La génesis del Diálogo Nacional por la Paz se remonta a un doloroso suceso que conmocionó al país en junio de 2022: el brutal asesinato de dos sacerdotes jesuitas, Javier Campos y Joaquín Mora, ocurrido dentro de su parroquia en la Sierra Tarahumara de Chihuahua, mientras ofrecían refugio a un guía de turistas que también fue ultimado. Este trágico evento catalizó la necesidad de una respuesta colectiva y profunda por parte de la Iglesia Católica y la sociedad en general.
La primera edición del evento se llevó a cabo en Puebla en 2023, sentando las bases para lo que hoy es una “Agenda Nacional de Paz”. Este documento es el fruto de un amplio proceso de escucha y reflexión, concebido para “abrir horizontes de justicia y tranquilidad en este momento crítico de la historia de México”, como explica el Padre González Candia. La vocación fundamental de esta iniciativa, según el director ejecutivo, es transformar cada vida perdida y cada acto violento en un llamado imperativo a la unidad de esfuerzos en pro de la paz.
El sacerdote jesuita destaca la proliferación de voces esperanzadoras a lo largo y ancho del país. “Observamos un creciente número de personas dispuestas a trabajar por la paz, lo cual nos infunde una profunda esperanza. Estos testimonios son el motor que impulsa nuestro compromiso”, señala. Uno de los objetivos primordiales del Diálogo Nacional por la Paz es identificar, sistematizar y difundir las “buenas prácticas” o metodologías efectivas que ya se están implementando en diversas comunidades.
En esta segunda edición en Guadalajara, se presentarán dieciocho metodologías concretas de construcción de paz. Estas herramientas están diseñadas para ser aplicadas en contextos variados: desde el mundo empresarial y los gobiernos municipales, hasta los cuerpos policiales, el ámbito educativo, las comunidades eclesiales, los núcleos familiares, las redes vecinales y los colectivos de madres buscadoras. Esta diversidad subraya la visión holística del Diálogo, que reconoce la necesidad de soluciones adaptadas a cada realidad.
La Iglesia Católica, promotora central de esta iniciativa, se concibe a sí misma como un “signo de esperanza en un mundo de incertidumbres y miedo”, evocando el mensaje bíblico recurrente de “no temas”. Su misión, en este contexto, es fomentar la cohesión comunitaria, infundir esperanza y tender puentes de diálogo. Esto incluye facilitar conversaciones constructivas entre empresarios y gobiernos, entre autoridades y ciudadanos, y entre los colectivos de familias buscadoras y las instituciones.
El Diálogo Nacional por la Paz es una plataforma promovida por un consorcio de importantes instituciones eclesiásticas en México, incluyendo la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), la Dimensión Episcopal para los Laicos, la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México (CIRM) y la Compañía de Jesús (Jesuitas) en México. Esta unión de fuerzas demuestra un compromiso institucional sólido con la construcción de un futuro más pacífico.
El Padre González Candia enfatiza que la responsabilidad en la situación de violencia que atraviesa México es compartida. “Cada individuo tiene un rol, y por lo tanto, un compromiso ineludible”, asevera. Desde la crianza en el hogar, inculcando valores cívicos y el respeto por el estudio y el trabajo, se contribuye a moldear la perspectiva individual de la vida. Es fundamental, según el jesuita, “recuperar las enseñanzas de nuestros antepasados, quienes valoraban el respeto, la familia, la comunidad, la autoridad, la honestidad y la transparencia”.
A lo largo de sus tres años de existencia, el Diálogo Nacional por la Paz ha generado frutos tangibles. Destaca la creación de una Agenda Nacional de Paz que integra diversas voces del país y ofrece una visión común hacia la reconciliación. Además, se han logrado importantes “compromisos por la paz” firmados por más de 300 alcaldes, por gobernadores que participaron en procesos electorales recientes y por la actual presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum. La iniciativa también ha impulsado el desarrollo de aproximadamente 250 proyectos locales que operan directamente en los territorios más afectados, apoyados por 28 equipos estatales que trabajan de manera constante en la construcción de la paz en sus respectivas jurisdicciones.
De cara a la segunda edición, las expectativas son altas. El director ejecutivo confía en que el encuentro fortalezca las alianzas a nivel local, permitiendo un acompañamiento más efectivo de los procesos de construcción de paz. Se busca inspirar a más personas a colaborar y dedicar su tiempo al desarrollo de propuestas concretas, generando así una mayor esperanza en el país sobre la viabilidad de la paz. “La paz se construye desde lo local, y muchas autoridades municipales están profundamente involucradas en este movimiento”, concluye el Padre Atilano, destacando la importancia de dar a conocer y difundir las numerosas iniciativas de paz que florecen en las comunidades, para así infundir ánimo y esperanza en toda la nación mexicana.





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