En el corazón de Madrid, la Parroquia San Antonio de las Cárcavas ha desarrollado una innovadora estrategia pastoral juvenil que fusiona la espiritualidad con el esparcimiento social. Conocida como “Dominus & Pizzas” y su variante para los más pequeños, “Dunkin’ Dominus”, esta propuesta ha logrado atraer mensualmente a cientos de adolescentes y niños, ofreciéndoles un espacio donde la adoración eucarística y la confesión se entrelazan con la diversión y la creación de lazos comunitarios. La iniciativa busca desmitificar la fe y presentarla como una parte natural y enriquecedora de la vida moderna.
Desde hace dos años, la parroquia madrileña ha observado cómo sus salones se llenan los viernes por la noche con jóvenes ávidos de participar en esta experiencia única. La génesis de la idea, según el párroco Miguel González Caballero, fue sencilla: “Queríamos acercar a los chavales al Señor”. Recordando su propia juventud y el atractivo universal de la pizza, el Padre Miguel concibió un formato que ha demostrado ser un éxito rotundo. “La pizza era una cosa fantástica, que me encantaba y sigue encantando a los chavales”, explica el sacerdote, destacando la importancia de conectar con las preferencias de la juventud actual.
La propuesta original, “Dominus & Pizzas”, está dirigida a adolescentes de entre 14 y 17 años. Una vez al mes, después de la misa vespertina, cerca de un centenar de jóvenes se congregan en la parroquia. Por un módico donativo de cinco euros, acceden a una velada que comienza con un significativo momento de oración y meditación ante el Santísimo Sacramento, seguido de la oportunidad de confesarse. Posteriormente, el ambiente se transforma en un espacio de camaradería donde las pizzas se comparten entre juegos de ping-pong, dardos, bailes y conversaciones. El objetivo es claro: “Que vengan a rezar”, subraya el párroco, enfatizando que “cuando uno se pone delante del Santísimo pasan cosas buenas siempre”.
Conscientes de la necesidad de atender a diferentes grupos de edad, la parroquia adaptó la fórmula para los alumnos de quinto y sexto de primaria, creando “Dunkin’ Dominus”. Este formato sigue un esquema similar, pero sustituye las pizzas por rosquillas glaseadas y cubiertas de chocolate, y adelanta el inicio de las actividades a las 19:00 horas. Mientras los jóvenes de “Dominus & Pizzas” inician su adoración a las 20:30, los más pequeños ya disfrutan de su combinación de fe y merienda. La meta es, en última instancia, “reírse, charlar, conocerse, que hagan amistades sanas, que se lo pasen bien” después de la oración, incluso bromeando el párroco sobre la “no tan sana” comida para adolescentes.
Los frutos de esta dedicación pastoral son evidentes y multifacéticos. El vicario parroquial, Javier Martín Langa, quien expone el Santísimo y prepara las meditaciones, observa con satisfacción cómo “vienen más jóvenes a la parroquia y eso se nota también en las Eucaristías y también en la fila del confesionario”. Un aspecto crucial es la superación del temor a la confesión. El Padre Martín comparte su propia experiencia juvenil: “Siempre tuve como la lacra de pequeño. Me costaba confesarme y ahora veo que los chicos aprenden a ‘quedar mal’ en el confesionario, que crecen en una… amistad con el Señor, sencilla, pequeña, que no les da miedo confesarse, que no les da miedo ir a Misa, que dan testimonio de ello”.
Más allá de las cifras –un centenar en “Dominus & Pizzas” y unos cincuenta en “Dunkin’ Dominus”– el Padre Martín destaca la notable madurez y el buen comportamiento de los participantes. “Puedo dejar a los chicos solos y sé que no la van a liar demasiado y que son buenos. Y que, si la lían, luego me dicen la verdad”, afirma. Esta experiencia sencilla de fe no solo fortalece su relación personal con Dios, sino que también los anima a invitar a sus amigos, normalizando la identidad católica y mostrándola como algo positivo.
Un elemento distintivo de las meditaciones, especialmente para los grupos de mayor edad, es la incorporación de frases de Papas recientes, santos y, sorprendentemente, de los Padres de la Iglesia. El Padre Martín considera a estos pensadores de los primeros siglos como “la cosa más moderna que hay; es la cosa más contracultural”. En una de las sesiones recientes, citó a San Agustín, y en otras ocasiones a San Juan Crisóstomo. Explica que, al descubrir estos textos antiguos, los jóvenes “ven que es una cosa tremendamente actual, si no les digo que es una cosa del siglo II se creen que puede ser perfectamente de ahora”. Este enfoque pedagógico demuestra que la riqueza de la tradición eclesiástica resuena con fuerza en la juventud contemporánea.
La experiencia es tan valorada que incluso los propios jóvenes se involucran activamente. Belén Vassallo, cuya familia está profundamente arraigada en la parroquia, colabora organizando los juegos para los pequeños de “Dunkin’ Dominus” antes de unirse a sus amigos en “Dominus & Pizzas”. “Me encanta venir al Dominus”, confiesa Belén, resaltando dos aspectos clave: “la adoración es súper bonita y sobre todo impacta mucho ver a tantos jóvenes adorando a Dios”. Además, valora las amistades que cultiva: “Tengo un grupo aquí en la parroquia súper chulo, pues aprovecho y estoy con mis amigos y la verdad es que es muy divertido”. Belén también reconoce cómo el entorno facilita la confesión, superando la “vergüenza” que a menudo sienten los adolescentes: “Al ver tantos jóvenes confesándose, pues como que te llama la atención y dices bueno, pues yo también lo voy a hacer”.
Para albergar estas actividades, la parroquia ha habilitado los antiguos salones, frente al templo actual, creando un espacio versátil. Con mobiliario sencillo, un rincón de oración con una imagen mariana y la posibilidad de instalar una mesa de ping-pong, el lugar se transforma según la necesidad. Los sacerdotes participan activamente, incluso jugando con los jóvenes, fomentando un ambiente de confianza. Un grupo esencial de matrimonios de la parroquia brinda apoyo logístico y supervisión, asegurando el buen desarrollo de cada encuentro. La música y los bailes, especialmente populares entre las chicas, y las distintas formas de diversión de los chicos, se desarrollan en un marco de respeto, todo ello arraigado en la centralidad de la adoración eucarística.
Al finalizar cada velada, los padres esperan a sus hijos en las puertas de la parroquia, a menudo entablando conversaciones con los sacerdotes. Esta interacción final se convierte en una valiosa oportunidad adicional para la evangelización y para fortalecer los lazos entre la comunidad parroquial y las familias. La iniciativa “Dominus & Pizzas” no solo revitaliza la pastoral juvenil en San Antonio de las Cárcavas, sino que también ofrece un modelo inspirador para otras parroquias que buscan conectar la fe con las realidades y preferencias de la juventud de hoy.





