El Arzobispo de Burgos, Mons. Mario Iceta, ha revocado la excomunión que pesaba sobre dos de las antiguas monjas clarisas del monasterio de Belorado, identificadas como Sor Paz y Sor Adriana. Este acontecimiento, que tuvo lugar el Miércoles de Ceniza, marca un paso significativo en la compleja situación que ha rodeado a la comunidad desde su ruptura con la Iglesia Católica.
Este levantamiento de la excomunión, una medida de carácter medicinal según la doctrina eclesiástica, se produce después de un proceso de conversión personal y sincero por parte de ambas religiosas, que ha culminado en su plena reincorporación a la comunión eclesial como laicas. Fuentes del Arzobispado de Burgos, en confirmación a informaciones adelantadas por Infocatólica, detallaron que Sor Paz y Sor Adriana han seguido con “humildad y agradecimiento” un itinerario espiritual señalado por sus acompañantes.
La decisión fue comunicada por el Comisario Pontificio a la Federación Clarisa Nuestra Señora de Aránzazu, a la que pertenece el monasterio de Belorado, mediante una carta fechada el 22 de febrero de 2026. Esta readmisión a la plena comunión las sitúa nuevamente dentro del seno de la Iglesia, aunque en un estado laical, tras haber sido excomulgadas y expulsadas del estado religioso en junio de 2025. El Arzobispado ha precisado que, si en el futuro desearan retomar la vida consagrada, tendrían que iniciar un nuevo proceso de profesión desde sus cimientos en cualquier monasterio.
La crisis en el monasterio de Belorado se desencadenó en mayo de 2024 con la publicación de un manifiesto de corte sedevacantista, una postura que niega la legitimidad de los papas posteriores a Pío XII. En aquel momento, la comunidad original estaba compuesta por 16 hermanas. Tras este pronunciamiento, Sor Amparo abandonó el convento y denunció la maniobra cismática, reduciendo el número de religiosas a 15, entre las que se encontraban cinco hermanas mayores.
El 22 de junio de 2024, la situación escaló con la excomunión formal de diez religiosas, incluyendo a Sor Paz y Sor Adriana. Sin embargo, su trayectoria las llevó a distanciarse del grupo cismático antes de finales de 2024. Sor Paz abandonó la comunidad en el verano europeo de ese año, seguida por Sor Adriana en octubre, rompiendo vínculos con la facción disidente. Hasta la fecha de este anuncio, el destino y la situación de ambas permanecían desconocidos para el público en general.
Otros eventos también marcaron la evolución de este conflicto. El 18 de diciembre de 2025, por mandato judicial, la Guardia Civil intervino para trasladar a las cinco hermanas mayores –con edades comprendidas entre los 87 y los 101 años– a un hospital, dado su estado de vulnerabilidad. La mayoría de ellas pudieron posteriormente celebrar la Navidad en diferentes comunidades clarisas que las acogieron. Lamentablemente, Sor Getsemaní, una de estas religiosas de avanzada edad, falleció a principios de 2026.
Más recientemente, en enero de 2026, la hermana conocida como Sor Myriam, quien se encargaba de la cocina en el restaurante que las monjas cismáticas habían abierto en Arriondas (Asturias), se acogió a la figura canónica de “ausencia comunitaria”, lo que implica su salida temporal o permanente del monasterio con permiso de la autoridad eclesiástica. Según la visión de la Iglesia Católica, la legítima comunidad de Belorado subsiste en las cuatro hermanas mayores que aún viven y en Sor Amparo, quienes no se unieron al movimiento sedevacantista.
En su carta, Mons. Iceta, que ejerce como Comisario Pontificio para los monasterios de Santa Clara de Belorado y Derio, así como el de Orduña, subrayó la naturaleza de la excomunión. La calificó como una “acción jurídica considerada por la Iglesia como una medida medicinal, que mueve a la reflexión y a la conversión personal”. Esta perspectiva resalta el objetivo pastoral de la pena canónica, buscando la enmienda y el retorno del fiel.
El prelado, quien desde el inicio de la rebelión cismática ha hecho reiterados llamamientos a la conversión, enfatizó la misericordia inherente a la Iglesia. “La Iglesia muestra siempre sus entrañas de misericordia y, como Madre, está dispuesta a acoger a sus hijos que, como el hijo pródigo, confían en la misericordia de Dios y emprenden el camino de vuelta a la casa del Padre”, expresó Mons. Iceta, apelando a una de las parábolas más significativas del Evangelio para ilustrar la disposición de la Iglesia a perdonar y readmitir.
En este contexto de reconciliación, el Arzobispo de Burgos instó a las clarisas a encomendar a las dos hermanas que regresan y a “acogerlas con afecto fraterno y a alegraros por estas hermanas que regresan a casa”. Su mensaje final, que cita las palabras de Jesús en el Evangelio según San Lucas (15:7) –“Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”–, encapsula el espíritu de celebración y esperanza que acompaña este perdón. La reincorporación de Sor Paz y Sor Adriana representa un rayo de esperanza en una situación compleja, reafirmando el compromiso de la Iglesia con la misericordia y la posibilidad de redención para aquellos que buscan retornar a su seno.




