En el umbral de futuros procesos electorales, un mensaje resuena con particular fuerza desde la jerarquía eclesiástica colombiana. Monseñor Ricardo Tobón Restrepo, Arzobispo de Medellín, ha hecho un llamado enfático a los ciudadanos para que su decisión en las urnas trascienda la mera elección de candidatos y se centre en la construcción de un “modelo de país que sea bueno para todos”. Esta reflexión, originalmente publicada bajo el título “El sentido de la política”, invita a una profunda introspección sobre el rumbo de la nación sudamericana.
El pronunciamiento del Arzobispo de Medellín se sitúa en un contexto donde la sociedad colombiana manifiesta una compleja amalgama de sentimientos: desde el desgaste y la desilusión hasta la esperanza y la indignación frente a la realidad nacional. Monseñor Tobón Restrepo observa cómo el país ha transitado por décadas de “desafíos constantes, búsquedas incesantes, transformaciones profundas e inestabilidad persistente”, sin lograr consolidar una hoja de ruta nacional que impulse un “desarrollo integral” basado en los pilares de la libertad, la justicia y la solidaridad. Esta falta de un “plan nacional consistente y estable” ha sido, a su juicio, un obstáculo fundamental para el progreso sostenido.
Ante este panorama, la Iglesia Católica, a través de la voz del prelado, subraya el ineludible “compromiso de los católicos con la consecución del bien común”. Este deber cívico y moral exige una participación activa y una postura de no indiferencia ante “todo lo que afecta la dignidad de las personas y el futuro de la comunidad humana”. El Arzobispo no duda en señalar las heridas que aquejan a la sociedad actual: “Debemos sentirnos responsables hoy cuando vemos el tejido social fracturado, los cimientos de las instituciones en tela de juicio, la violencia siempre presente y el avance de la mentira y la corrupción al servicio de intereses particulares”, expresó con preocupación.
La “crisis de confianza entre los ciudadanos y sus gobernantes” es otro punto neurálgico en el análisis de Monseñor Tobón Restrepo. Atribuye esta erosión a factores multifacéticos que socavan la integridad del sistema político. Entre ellos, destaca “las ambiciones personales desmedidas, las maniobras electorales opacas, las promesas incumplidas que generan desilusión, la deficiente formación de la clase política, la ausencia de un plan estratégico compartido a largo plazo y un comportamiento populista que prioriza el aplauso inmediato sobre la visión de futuro”. Estos elementos, a su entender, han desviado la política de su propósito original y han minado la credibilidad en el liderazgo.
A esta compleja ecuación se suman otros elementos críticos. El Arzobispo de Medellín menciona la escasez de “liderazgos robustos y visionarios”, la tendencia a “legislar en exceso, creyendo erróneamente que la ley por sí sola resolverá todos los problemas”, la manipulación deliberada de la realidad y la existencia de “vacíos profundos en el campo ético, donde el egoísmo y el individualismo han adquirido un predominio nefasto”. Estas carencias, según su perspectiva, obstaculizan la cohesión social y la capacidad del país para enfrentar sus retos más apremiantes.
Monseñor Ricardo Tobón Restrepo critica severamente la deriva de la política cuando esta se reduce a “proteger y proporcionar derechos individuales cada vez más amplios en una realidad colectiva”, perdiendo de vista su sentido trascendente. En su opinión, “lograr un verdadero y efectivo proyecto social no puede hacerse con la simple yuxtaposición de propuestas según determinados intereses”. Esta fragmentación dificulta la articulación de la “sociedad” como un “nosotros” que, sin anular la individualidad, le asigne un propósito y una misión dentro del colectivo. Para el prelado, “la convivencia y la participación de todos en una obra común requieren más que un discurso gerencial”; demandan una visión holística y humanista.
Por todo ello, el Arzobispo reitera su consejo fundamental a la ciudadanía colombiana: “antes de un período de elecciones tenemos que pensar no sólo en elegir unas personas, sino en escoger un modelo de país que sea bueno para todos”. Este enfoque, lejos de la superficialidad con la que a veces se abordan los procesos democráticos, exige una mayor profundidad. Implica “producir pensamiento crítico, conducir una verdadera educación ciudadana que fomente la participación activa y consciente, proponernos una renovación moral individual y colectiva, y abrirnos todos a una dimensión trascendente de la vida”. Solo sobre estos sólidos cimientos, concluye Monseñor Tobón Restrepo, se podrán “elegir a los mejores” líderes capaces de guiar a Colombia hacia un futuro de mayor justicia, paz y solidaridad. El llamado es claro: la responsabilidad de forjar el destino de la nación recae en la elección consciente de un proyecto de país.





