Ciudad del Vaticano – El Instituto para las Obras de Religión (IOR), comúnmente conocido como el Banco Vaticano, ha presentado su informe de sostenibilidad para el ejercicio 2025, revelando avances significativos en su compromiso con la gestión ambiental y la transparencia financiera. Este balance, divulgado recientemente por la Oficina de Prensa del Vaticano, no solo detalla un sólido desempeño económico, sino que también subraya la alineación de la institución con los principios de la doctrina social de la Iglesia y la visión que el Papa León XIV ha impulsado para las estructuras financieras vaticanas.
Durante el año 2025, el IOR implementó una serie de iniciativas estratégicas orientadas a reducir su impacto ambiental, enmarcadas en lo que denomina su “conversión ecológica”. Una de las medidas más palpables fue la disminución del 37% en la compra de papel, reflejo de una acelerada digitalización de sus operaciones. Esta estrategia se complementó con la adopción de fuentes de energía renovables y la optimización en el consumo de materias primas. Además, el informe destaca que la totalidad de los residuos generados por la entidad fue destinada a procesos de recuperación, consolidando un modelo de gestión más circular y responsable con el entorno.
La digitalización se ha consolidado como un pilar fundamental para el Banco Vaticano. A lo largo de 2025, la entidad fortaleció su infraestructura tecnológica, lo que permitió el desarrollo y la expansión de su plataforma de banca en línea, IORPortal. Paralelamente, se llevó a cabo la digitalización completa de toda su documentación archivada, un esfuerzo que no solo mejora la eficiencia operativa, sino que también contribuye directamente a la reducción del consumo de recursos físicos y a la sostenibilidad general de la institución.
El IOR ostenta la singularidad de ser la única institución financiera autorizada para realizar actividades bancarias profesionales dentro del Estado de la Ciudad del Vaticano. En este rol, su operación se rige por los más altos estándares internacionales en materia de transparencia y prevención. La entidad aplica rigurosas normativas para combatir el blanqueo de capitales y la financiación de actividades ilícitas, reafirmando así su compromiso con la integridad y la ética en el sector financiero. El Instituto también es el encargado de administrar bienes muebles e inmuebles confiados por individuos y entidades a la Iglesia, con el fin exclusivo de apoyar obras de religión o de caridad, un mandato que refuerza su misión altruista.
En sintonía con las directrices del Pontífice León XIV, quien ha abogado por una economía al servicio de la persona y del bien común, la política de inversión del IOR se fundamenta en una estricta selección de instrumentos financieros. Esta selección se realiza bajo criterios de compatibilidad con los principios de la fe católica, excluyendo explícitamente inversiones en empresas cuyas actividades sean consideradas perjudiciales para la vida humana, el medio ambiente, la sociedad o que no cumplan con buenas prácticas de gobierno corporativo. Esta aproximación ética a la inversión asegura que los recursos de la Iglesia se gestionen de manera coherente con sus valores fundamentales. Durante 2025, todos los productos de gestión patrimonial del Instituto no solo cumplieron con estos criterios éticos, sino que también obtuvieron rendimientos brutos positivos, demostrando que la rentabilidad puede ir de la mano con la responsabilidad.
El desarrollo y la capacitación del personal constituyen otro eje estratégico para el Banco Vaticano. A lo largo de 2025, el Instituto impartió más de 2.700 horas de formación técnica y especializada a sus empleados. Una parte significativa de estas horas, aproximadamente 300, se dedicó a áreas críticas como el cumplimiento normativo, la gestión de riesgos y la auditoría. Adicionalmente, se incluyeron módulos de formación religiosa, buscando fortalecer la comprensión y adhesión a los valores éticos y morales que sustentan la misión del IOR.
Complementando la formación interna, el Instituto desarrolló un programa estructurado de educación económico-financiera dirigido a cerca de 300 de sus clientes. Este programa tuvo como objetivo principal fomentar una cultura financiera que refleje los principios éticos católicos y la responsabilidad social, elementos esenciales que definen la labor del IOR bajo el liderazgo del Papa León.
Desde el punto de vista económico, el informe de 2025 detalla un incremento en el valor económico generado por el IOR, alcanzando los 67,6 millones de euros, superando los 50 millones registrados el año anterior. El beneficio neto del ejercicio ascendió a 51 millones de euros, cifras que ya habían sido difundidas en mayo y que confirman la buena salud financiera de la entidad. La distribución de este valor creado subraya su compromiso misional: el 36% se destinó al Santo Padre, el 23% a los empleados y el 14% a los proveedores. El porcentaje restante fue reinvertido para fortalecer el capital del Instituto, garantizando su solidez y sostenibilidad a largo plazo. Además, la gestión de los activos confiados al IOR generó aproximadamente 142,5 millones de euros en valor, contribuyendo directamente a la misión financiera y social de la Iglesia universal.
Con la inminente llegada de Giovanni Boscia como nuevo director general el 1 de octubre, el IOR reitera su compromiso con una gestión financiera que integra de manera efectiva los factores ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). El objetivo fundamental de esta institución, en armonía con la visión del Papa León XIV, es seguir promoviendo una economía que, en cada una de sus acciones, sirva a la persona, respete la dignidad humana y procure el bien común global, reflejando la búsqueda del Pontífice por un mundo más justo y sostenible.








