22 marzo, 2026

Ciudad de México. La Basílica de Santa María de Guadalupe fue el escenario de la clausura del Congreso Teológico Pastoral sobre el Acontecimiento Guadalupano, un encuentro que convocó a destacadas figuras eclesiales y especialistas de diversas latitudes. El Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México, presidió la Misa final, donde enfatizó la vital importancia de reconocer la “asistencia divina en nuestras vidas” como pilar fundamental para la fe y el ministerio pastoral. Este magno evento marca el inicio de una década de preparación rumbo al Jubileo de 2031, año en que se conmemorarán los quinientos años de las apariciones marianas en el Tepeyac.

Del 24 al 26 de febrero, este congreso se constituyó como un foro crucial para la reflexión teológica y pastoral. Su propósito primordial fue consolidar las bases para una evangelización renovada en América Latina y el resto del mundo, inspirada en el mensaje de la Virgen de Guadalupe. Organizado por la Pontificia Comisión para América Latina, la Conferencia del Episcopado Mexicano, los Caballeros de Colón y la Pontificia Academia Mariana Internacional, el encuentro congregó a cardenales, obispos y expertos internacionales, quienes se abocaron a profundizar en la trascendencia del Acontecimiento Guadalupano y su impacto en la misión evangelizadora de la Iglesia.

Durante las jornadas de trabajo, se delinearon objetivos ambiciosos que guiarán los esfuerzos pastorales en los próximos años. Entre ellos, destacan el fortalecimiento de la acción evangelizadora en el continente americano y otras regiones, el impulso de una “Novena Intercontinental” hacia 2031, y la promoción de una “evangelización inculturada”. Este último concepto busca que el mensaje del Evangelio se arraigue profundamente en las culturas locales, transformando la vida de las comunidades en el Tercer Milenio y fomentando un mayor acercamiento entre las diversas Iglesias del continente y del mundo.

Entre los participantes más relevantes se encontraban el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, Arzobispo Emérito de Tegucigalpa (Honduras), y Monseñor Leomar Antonio Brustolin, Arzobispo de la Arquidiócesis de Santa María en Rio Grande do Sul (Brasil), quienes aportaron sus perspectivas desde distintas realidades pastorales. Asimismo, la presencia de expertos como el Padre Stefano M. Cecchin, presidente de la Pontificia Academia Mariana Internacional, y el Doctor Rodrigo Guerra López, secretario del Pontificio Consejo para América Latina, garantizó un alto nivel de discusión teológica y una visión profunda sobre los desafíos contemporáneos de la Iglesia.

En su homilía conclusiva, pronunciada en el emblemático santuario mariano, el Cardenal Aguiar Retes convocó a los fieles a vivir con un espíritu constante de gratitud. Recalcó que la actitud de reconocer la providencia divina no debe ser exclusiva de obispos y sacerdotes, sino que debe extenderse a todos los creyentes, incluyendo a padres y abuelos en su importante labor de guiar a sus familias. El Arzobispo Primado de México dedicó una oración especial a la Virgen de Guadalupe, confiándole los resultados y las aspiraciones de este congreso teológico pastoral, cuyos participantes fueron llamados a “redescubrir y comprender cómo difundir adecuadamente el contenido teológico de su presencia en estas tierras del Tepeyac”.

El Cardenal Aguiar Retes subrayó que la aparición de la Virgen de Guadalupe representa una “lección magistral de la pedagogía divina” en lo que respecta a la inculturación de la verdad salvífica. Afirmó que Santa María de Guadalupe establece un “criterio permanente para el discernimiento de la misión evangelizadora de la Iglesia”, al tiempo que preserva la radical novedad de su mensaje de salvación. Finalmente, imploró a la Patrona de América que ilumine e inspire cada iniciativa del pueblo de Dios en la cuenta regresiva hacia el quinto centenario de su aparición, encomendando a la feligresía a su intercesión como un signo perdurable de salvación y esperanza para la Iglesia y para todo el continente.

Al finalizar la liturgia, el Dr. Rodrigo Guerra López dirigió unas palabras a los presentes, instándolos a elevar plegarias por “nuestras naciones, por cada uno de nuestros países”, reconociendo las profundas heridas que los aquejan y la imperiosa necesidad de un “milagro de reconciliación” similar al que la Virgen de Guadalupe obró hace cinco siglos en estas tierras. Guerra López recordó que la aparición mariana contó con la humilde disponibilidad y la conversión de corazón de San Juan Diego. En este sentido, expresó el anhelo de que, por la intercesión de la Virgen, los creyentes de hoy puedan transformarse en “otros Juan Diegos”, capaces de anunciar el Evangelio, no para buscar protagonismo personal, sino para colaborar activamente con la Iglesia en la construcción de la reconciliación y la fraternidad que tanto demandan las sociedades actuales.

Este Congreso Teológico Pastoral sobre el Acontecimiento Guadalupano concluyó con una visión clara y un renovado impulso. La década que precede al Jubileo de 2031 se presenta como un periodo de intensa reflexión, acción pastoral y compromiso evangelizador, con la figura de la Virgen de Guadalupe como faro y guía para la Iglesia en su misión de llevar esperanza y unidad al mundo.

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