2 abril, 2026

En un contexto de profundo dolor y desafíos persistentes en Tierra Santa, Fray Francesco Ielpo, el Custodio de la región, ha emitido un mensaje de Pascua que resuena con una potente invitación a la esperanza y a la contemplación activa de la resurrección de Jesús. A pocas horas de dar inicio al Triduo Pascual, el fraile franciscano subrayó la necesidad de que los cristianos experimenten este evento trascendental no como un mero recuerdo histórico, sino como una realidad que interpela y transforma la situación presente.

Fray Ielpo, cuya labor al frente de la Custodia de Tierra Santa implica la salvaguarda de los Santos Lugares y el apoyo a la comunidad cristiana local, ha sido un testigo privilegiado de las complejidades que atraviesa la región. Su mensaje, divulgado este Miércoles Santo, aborda directamente la difícil realidad de quienes viven y celebran la Pascua en una tierra marcada por la guerra, la violencia y la incertidumbre. La Pascua en Jerusalén, Belén, Nazaret y otros sitios sagrados, lejos de ser una festividad exclusivamente jubilosa, se vive a menudo bajo la sombra de la aflicción.

El Custodio enfatizó la urgencia de reconocer la resurrección de Cristo como un “acontecimiento que nos alcanza hoy”, capaz de emitir un juicio renovador sobre nuestra historia personal y colectiva. Este llamado a la interiorización y a la reflexión es fundamental para comprender el significado profundo de la fe en tiempos de adversidad. La Pasión y Resurrección de Jesús, en su esencia, ofrecen una lente a través de la cual los creyentes pueden interpretar y afrontar las pruebas del presente.

Profundizando en su reflexión, Fray Ielpo destacó el marcado contraste entre el juicio humano y el divino. Mientras que los hombres “rechazaron, condenaron y eliminaron” a Jesús, la respuesta de Dios fue radicalmente distinta: “lo reconoció, lo aprobó y lo resucitó”. Esta dicotomía es central para entender la perspectiva cristiana sobre la verdadera victoria y la fortaleza auténtica. El mundo, según el fraile, valora el poder, la fuerza y el éxito terrenal; sin embargo, el juicio de Dios revela que la verdadera potencia reside en la entrega incondicional, en la capacidad de amar hasta el sacrificio final por un bien mayor.

El Custodio franciscano prosiguió señalando cómo la resurrección trastoca por completo los criterios y valores mundanos. La cruz, vista por el mundo como un símbolo de derrota, pérdida, humillación o incluso insensatez, es proclamada por la resurrección como el lugar donde se manifiesta la verdadera sabiduría y la victoria definitiva. Esta victoria no es otra que la del amor que se entrega sin reservas, que trasciende el sufrimiento y la muerte. Es un amor que, en su máxima expresión de sacrificio, revela la plenitud de la vida.

En este contexto de profunda significación, cabe recordar que cada Viernes Santo, los católicos de todo el mundo tienen la oportunidad de apoyar la presencia cristiana en Tierra Santa a través de la Colecta pro Terra Sancta. Esta donación generosa es vital para el mantenimiento de los lugares santos, la atención a los peregrinos, el sostenimiento de las comunidades cristianas locales, y el desarrollo de proyectos educativos y sociales que preservan la identidad y la fe en la cuna del cristianismo. La colecta es un gesto concreto de solidaridad que permite que el mensaje de Pascua y la presencia franciscana sigan siendo una luz en la región.

Fray Ielpo insistió en que, a pesar del “peso de la guerra, la violencia, el miedo y la incertidumbre” que asolan Tierra Santa, la resurrección del Señor no es una promesa lejana, sino un “hecho concreto” que exige un cambio de perspectiva. Insta a los fieles a no dejarse influenciar por el juicio del mundo, sino a aprender a “leer la historia con los ojos de Dios”. Esta visión teológica invita a una fe activa que confía en el triunfo final de la vida sobre la muerte, de la luz sobre la oscuridad, y del amor sobre el odio, principios que brillan con especial intensidad durante la Semana Santa.

El tiempo de Pascua, concluyó el Custodio, es una invitación a creer firmemente que la renuncia a la violencia no es un signo de debilidad, que el perdón no equivale a una derrota, y que la muerte, lejos de ser el fin, es un paso hacia la vida eterna en Cristo. Fray Ielpo extendió sus más sinceros deseos a todas las comunidades y familias, anhelando una Pascua de auténtica esperanza, capaz de renovar los corazones y proporcionar el sustento necesario para el camino diario de cada creyente. “Cristo ha resucitado: esta es nuestra certeza, esta es nuestra paz. ¡Felices y santas Pascuas!”, finalizó el Custodio, reafirmando el mensaje central de la fe cristiana en medio de la adversidad.

Desde las Redes

Desde las Redes es un portal católico dedicado a la Evangelización digital. Somos un equipo de profesionales poniendo nuestros dones al servicio de la Iglesia. Lancemos las redes y compartamos la fe.

Nuevos