4 febrero, 2026

Milán, Italia – La reciente noticia del sacerdote Alberto Ravagnani, de 32 años, quien anunció públicamente su decisión de abandonar el ministerio sacerdotal, ha resonado profundamente en la comunidad católica, especialmente entre sus cientos de miles de seguidores en plataformas digitales. Ravagnani, vicario parroquial de San Gottardo al Corso y colaborador en la pastoral juvenil de la Arquidiócesis de Milán, había ganado gran visibilidad compartiendo contenido religioso en línea. Su presencia digital, sin embargo, no estuvo exenta de controversia, recibiendo críticas en varias ocasiones por colaboraciones con marcas y empresas publicitarias.

Este caso, sumado a otros ejemplos recientes de figuras eclesiásticas prominentes en el ámbito digital que han dejado sus ministerios, como Daniel Pajuelo, Sor Cristina y el P. Sam, subraya un escenario complejo. La creciente exposición mediática, la hiperconexión inherente a las redes sociales y los rápidos cambios culturales están planteando desafíos significativos y profundos interrogantes para la Iglesia Católica en su adaptación al siglo XXI. La situación pone de manifiesto una “herida” que afecta a muchos sacerdotes que intentan evangelizar en el entorno digital.

**La “Herida” Digital y la Soledad Sacerdotal**

El P. Ignacio Amorós, sacerdote español reconocido por su dedicación a la evangelización digital y fundador del canal “Se buscan rebeldes,” ha compartido con ACI Prensa sus reflexiones sobre estas situaciones. Desde su propia experiencia, el P. Amorós identifica una carencia crucial que sufren muchos sacerdotes activos en redes sociales: la falta de apoyo y la desconfianza que a menudo surgen dentro de la propia Iglesia ante estas nuevas modalidades de apostolado.

Para el doctor en Teología y autor de obras como “La revolución de Dios,” casos como el de Ravagnani no deben verse como incidentes aislados, sino como parte de un desafío más amplio que la Iglesia debe discernir con profundidad. El P. Amorós enfatiza que este fenómeno va más allá del ámbito digital, señalando que “muchos, lamentablemente, en los primeros años del ministerio están dejando el sacerdocio.” Esto sugiere un problema de fondo que trasciende la esfera de internet.

Diversos factores contextuales contribuyen a esta realidad, según el sacerdote. Entre ellos, menciona la secularización creciente, el cambiante rol de la Iglesia en una época de transformación profunda, la inherente soledad que a menudo acompaña la vida sacerdotal y la evolución en las formas de evangelizar. Estos elementos, si bien representan a la vez un reto y una oportunidad, también pueden generar sentimientos de envidia o un profundo aislamiento, particularmente entre los sacerdotes jóvenes. Muchos de ellos, precisa, “tienen la sensación de estar dedicando sus esfuerzos a gestionar una decadencia, en lugar de algo que les ilusione.” Ante esta complejidad, el P. Amorós hace un llamado a la compasión y a evitar juicios apresurados, reconociendo que “hay muchas cosas en juego, por ello es importante no juzgar a un sacerdote que empezó con buena intención.”

**Una Mirada Compasiva y el Acompañamiento Comunitario**

El P. Amorós expresa que la partida de un sacerdote del ministerio es siempre una noticia triste, dado el compromiso para toda la eternidad. Sin embargo, insta a mirar a estos hermanos con compasión y misericordia, entendiendo la vulnerabilidad humana y deseándoles lo mejor, siempre encomendándolos a la providencia divina. Reitera que todo evangelizador, ya sea en línea o en una parroquia, “siempre carga con una cruz, igual que le pasó a Jesucristo.”

Por ello, subraya la importancia vital de cuidar y acompañar a los sacerdotes con una comunidad real y tangible. Esto es especialmente crucial para aquellos expuestos en el ámbito público, quienes “se juegan la vida por el Señor.” Es fundamental protegerlos tanto de las agresiones externas como de las luchas internas como la soberbia, el ego o la vanidad, siempre con cariño y apoyo, similar a cómo se respaldaba a los misioneros en tierras lejanas como India o China.

**Humildad y Autenticidad en la Esfera Digital**

En esta misma línea, el sacerdote español Fernando Gallego, doctor en Derecho Canónico y capellán del colegio Sierra Blanca de Málaga, es cofundador de la exitosa plataforma Jóvenes Católicos, premiada por su difusión en redes. En conversación con ACI Prensa, el P. Gallego recalca el potencial positivo de las redes sociales si se utilizan con discernimiento. No obstante, advierte específicamente sobre la tentación de la vanidad, que puede distorsionar y desvirtuar cualquier intención inicial genuina.

Ambos sacerdotes coinciden en la necesidad de autenticidad y de asegurar que el protagonismo sea siempre de Cristo. Para el P. Gallego, “a las redes hay que ir a no tener éxito y a dar gloria a Dios.” Esto implica un acto de “hacerse pequeño” para que la grandeza de Dios se manifieste, cultivando la humildad y una “fuerte vida interior” como escudo contra los peligros.

Las situaciones como la de Alberto Ravagnani invitan a una profunda reflexión sobre la necesidad de mantener la pureza de intención, la humildad frente a la exposición en las redes sociales —un “altavoz muy grande”— y la disposición a dejar el espacio digital si así lo dictamina la voluntad divina. El P. Gallego concluye que lo primordial es siempre el ministerio sacerdotal, la administración de los sacramentos y la predicación de la Palabra de Dios. “Somos sacerdotes las 24 horas del día, y tenemos que cuidar nuestra dignidad como sacerdotes. No se debe juzgar, porque no tenemos todos los datos, pero creo que es importante que el sacerdote sepa mantener su papel, que cuide su apariencia de sacerdote, también en las redes sociales. Somos representantes de Jesucristo,” afirma.

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