6 septiembre, 2026

El Obispo de Barbastro-Monzón, Mons. Ángel Pérez Pueyo, junto a Nuestra Señora de los Ángeles, en la ermita original de Torreciudad. | Crédito: Diócesis de Barbastro-Monzón

Durante la tradicional Romería de Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe, el titular de la diócesis de Barbastro-Monzón, Mons. Ángel Pérez Pueyo, hizo un llamamiento explícito a la concordia eclesiástica, al tiempo que reafirmó su postura en la controversia que mantiene con la Prelatura del Opus Dei respecto al enclave de Torreciudad. Este encuentro de religiosidad popular coincidió con la conmemoración del 50 aniversario de la apertura del templo contemporáneo promovido por la Obra, un periodo marcado por tensiones administrativas y pastorales que motivaron la intervención de la Santa Sede y la designación de un Comisario Pontificio.

Un recorrido cargado de significado simbólico

Los asistentes a la peregrinación acudieron primeramente al santuario histórico. Gracias a una autorización excepcional concedida por el delegado vaticano, la venerada talla de Nuestra Señora de los Ángeles —custodiada en el lugar por espacio de más de mil años— fue trasladada temporalmente desde la basílica moderna hasta su emplazamiento original.

En este rincón emblemático, los fieles depositaron cintas representativas de las diferentes advocaciones marianas locales con la finalidad de elaborar de forma conjunta un tejido simbólico. Respecto a esta iniciativa de integración, el prelado señaló:

“Ninguna cinta desaparecerá. Ningún nombre se borrará. Ningún pueblo tendrá que dejar de ser quien es. Pero todos quedarán unidos en un mismo manto”.

Asimismo, en su alocución suplicó a la advocación mariana la cohesión de las partes distanciadas. En un paralelismo que ya había utilizado con anterioridad para manifestar su disposición a dejar el cargo si la imagen no permanece de forma permanente en el santuario primitivo, el obispo reflexionó sobre su responsabilidad pastoral:

“Vengo también a presentarte mi humilde petición, para que como el anciano Eleazar me muestre digno de mi labor como pastor, dejando a las siguientes generaciones un ejemplo a la altura de la dignidad de este pueblo”.

Valoración de la religiosidad popular y la labor institucional

Posteriormente, los peregrinos participaron en una procesión de rezo del Rosario que culminó en el templo nuevo, donde se celebró la Eucaristía presidida por el obispo diocesano. Durante su homilía, el jerarca eclesiástico destacó la importancia de la sencillez en la fe y reivindicó el valor de las tradiciones arraigadas en las comunidades locales.

“Necesitamos poder entrar en nuestras ermitas, acercarnos a nuestras imágenes, tocarlas, besarlas, vestirlas, sacarlas en procesión. Necesitamos poder decirle a María lo que quizá no sabemos decir de otra manera. Eso no es una fe de segunda categoría. Es la piedad sencilla de nuestro pueblo”, aseveró ante los feligreses.

En la misma línea, el máximo representante de la diócesis reconoció de manera pública la aportación histórica de la prelatura fundada por San Josemaría Escrivá de Balaguer, afirmando de forma categórica que “ese bien es de Dios”. Del mismo modo, manifestó su deseo de que la institución continúe desarrollando su labor pastoral en la zona, apostando por una integración plena dentro de la estructura eclesial local.

Adoptando un tono constructivo que difiere de comunicados previos más ásperos emitidos al finalizar el verano, concluyó su intervención exhortando a la colaboración mutua:

“Sumemos. Multipliquemos. Soñemos juntos en comunión dentro de esta Iglesia particular de Barbastro-Monzón, de la Santa Iglesia Universal”.

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