El Papa León XIV ha alzado la voz contra la escalada armamentística mundial, calificándola de “aterradora” y “asustadora”, y ha recurrido al célebre cantautor y poeta estadounidense Bob Dylan para enfatizar su crítica. El mensaje contundente del Pontífice se despliega en un texto inédito que sirve de introducción a su reciente antología, “Desarmada y desarmante. La paz es un don”, publicada esta semana por la Librería Editorial Vaticana (LEV).
Esta obra representa la primera compilación de discursos y reflexiones del Papa sobre la temática de la paz desde su elección al solio pontificio el 8 de mayo de 2025. A través de sus páginas, León XIV subraya la urgencia de reevaluar la trayectoria de la humanidad frente a la proliferación de armamento y los conflictos que asolan diversas regiones del planeta.
En un pasaje central de su reflexión, el Papa León XIV evoca la profundidad lírica de Bob Dylan, primer músico laureado con el Premio Nobel de Literatura. Citando un poema que alude metafóricamente a la bomba atómica de su canción “Go Away You Bomb” (1963), el Santo Padre escribe: “‘Te odio porque te ha creado el hombre, y el hombre te posee y te maneja'”. Con esta poderosa referencia, el Pontífice no solo rinde tributo a la capacidad de la poesía para interpelar la conciencia, sino que también articula su profunda preocupación por la autonomía de la tecnología destructiva creada por la humanidad.
El Pontífice no disimula la cruda realidad del panorama bélico actual. Basándose en datos del Índice de Paz Global de 2026, el Papa León XIV advierte que “hoy en día, nada menos que 103 Estados están involucrados de alguna manera en una guerra en la Tierra”. La cifra es un escalofriante recordatorio de la omnipresencia de la violencia armada. En su escrito, lamenta el estruendo incesante de las armas y la pérdida de vidas en escenarios tan diversos y devastadores como Ucrania, Oriente Medio, Sudán, Myanmar, Yemen y el Congo, entre muchos otros conflictos silenciados.
Para el Papa, la vía hacia una paz duradera no reside en la acumulación de arsenales, sino en un compromiso genuino con el desarme. “En la era atómica, la verdad debe abrirse paso: no son las armas atómicas las que generan la paz, sino el desarme”, sentencia el Pontífice. Su lamento se dirige a la inversión de una tendencia que, durante décadas recientes, había apuntado hacia una desescalada nuclear. Hoy, sin embargo, observa con inquietud cómo esa “verdad, que parecía indiscutible”, ha sido eclipsada por una carrera armamentística global que genera un miedo y terror crecientes.
Esta dinámica global lleva al Papa León XIV a plantear una pregunta de calado existencial, que la Iglesia, según afirma, dirige con humildad a toda la humanidad: “¿Debe la especie humana seguir habitando la Tierra?”. El Pontífice subraya la seriedad de esta interrogante, ligándola directamente a la “combinación del dominio cibernético con el rearme global”, elementos que juntos dibujan un futuro incierto y potencialmente catastrófico.
En su esfuerzo por inspirar a la acción, el Papa León XIV rescata del olvido a figuras ejemplares que dedicaron sus vidas a la promoción de la paz y la justicia. Menciona a Floribert Bwana Chui, un joven congoleño de 26 años miembro de la Comunidad de Sant’Egidio, asesinado en 2007 por rehusarse a aceptar un soborno que habría permitido la entrada de arroz en mal estado a Goma. Bwana Chui fue beatificado en junio de 2025, convirtiéndose en un faro moral. Asimismo, el Santo Padre destaca el legado de los siervos de Dios Giorgio La Pira y Dorothy Day, dos prominentes activistas católicos del siglo XX, cuyo compromiso inquebrantable con la paz y la justicia social los convierte en “emblemáticas de tantos hombres y mujeres que, en primera persona, han promovido la paz, venciendo la tentación de la corrupción, socorriendo a los pobres y fomentando la diplomacia”.
León XIV también rinde homenaje a “protagonistas desconocidos que han seguido su propia conciencia”. En este contexto, recupera un episodio histórico que estuvo a punto de desencadenar una catástrofe nuclear global: la decisión del oficial soviético Stanislav Petrov el 26 de septiembre de 1983. Petrov, de servicio en un búnker cercano a Moscú, detectó el lanzamiento de misiles balísticos intercontinentales desde Estados Unidos. No obstante, se trataba de un error del sistema de localización por satélite soviético. Desobedeciendo las órdenes y guiado por su intuición y conciencia, Petrov decidió no informar del supuesto ataque. “Una decisión tomada con la conciencia de quien sabía que ese simple gesto podría haber causado millones de muertos”, recalca el Papa, utilizando esta historia como una potente advertencia: “Un mundo en el que fueran las máquinas, por muy sofisticadas y rápidas que fueran, las que decidieran bombardear a personas indefensas sería realmente aterrador”. El Pontífice concluye que “la conciencia de un solo hombre puede valer tanto como el mundo entero”.
Finalmente, el Papa León XIV enfatiza que la paz es inseparable de la esperanza. Asegura que la Iglesia persistirá en su misión de predicar la caridad universal. “Si hay algo que el mundo busca hoy en día, creo que es un mensaje de esperanza para el futuro”, escribe el Pontífice, invitando a la humanidad a mirar hacia el mañana con confianza, hallando en el mensaje de Jesús “la única fuente” de esa esperanza. La esencia de la enseñanza de Cristo, reitera León, radica en “la caridad, el amor, dar la vida por los demás [que] vencen a la muerte, al aislamiento y a la violencia”, citando las palabras del Evangelio: “‘He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia'”.
Dirigiéndose a quienes corren el riesgo de sucumbir a la desesperación ante la multitud de guerras, el Papa León XIV recupera la exhortación del Papa Pío XI a toda la Iglesia: “Demos gracias a Dios porque nos hace vivir en tiempos difíciles. Ahora, a nadie le está permitido ser mediocre”. Con este llamado a la excelencia moral y espiritual, el Pontífice cierra su reflexión con un deseo ferviente: que Dios guíe a la humanidad “por los caminos de la no violencia”, y que “los creyentes y las personas de buena voluntad no dejen nunca de actuar como artífices de la paz. Que cada uno haga de la paz la causa de su vida”.








