25 septiembre, 2026

El Papa León XIV visita la sede de la UNESCO el 25 de septiembre de 2026. Crédito: Daniel Ibáñez/EWTN News.

Durante su intervención oficial en la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el Papa León XIV advirtió este viernes que el avance desmedido de las tecnologías actuales ha propiciado una “corrupción de la cultura” capaz de poner en entredicho la esencia misma de la condición humana.

El sumo pontífice eligió este organismo internacional —institución clave en la salvaguardia del patrimonio global, la defensa de los derechos humanos y el impulso al desarrollo sostenible— como la primera parada de su visita oficial a Francia, programada del 25 al 28 de septiembre. Su discurso, estructurado de manera bilingüe en francés e inglés, abrió un profundo debate sobre los límites éticos del progreso técnico.

La interrogante central sobre la naturaleza humana

Ante una audiencia compuesta por diplomáticos, académicos y representantes internacionales, el líder católico planteó un dilema existencial urgente. “Una pregunta fundamental merece ser explorada, una que exige urgentemente una respuesta: ¿Qué significa ser humano?”, manifestó el Obispo de Roma.

En esta línea, el pontífice subrayó que esta incógnita atraviesa transversalmente cualquier manifestación artística, corriente de pensamiento o tradición religiosa. A su juicio, ni siquiera en el siglo actual es admisible dar por sentado el verdadero valor de la persona o la naturaleza de la convivencia en sociedad.

Para ilustrar el impacto de la tecnología actual, el Papa comparó en repetidas ocasiones los riesgos de la inteligencia artificial con el caos y la soberbia de la Torre de Babel, contraponiéndolos frente al entendimiento mutuo y la concordia asociados tradicionalmente al episodio de Pentecostés.

“La corrupción de la cultura que estamos considerando encuentra su redención en la plaza pública de Pentecostés”, aseguró el jerarca católico, detallando cómo aquel acontecimiento histórico transmitió un mensaje de reconciliación que proclamaba la prevalencia de la vida sobre la destrucción y la desesperanza.

Limitaciones de los algoritmos frente al sentido vital

Abordando el ecosistema de las comunicaciones contemporáneas, el máximo representante de la Iglesia católica alertó sobre la masificación de contenidos vacíos y la propagación de datos tergiversados, factores que, en su opinión, terminan “obstaculizando el diálogo en lugar de favorecerlo”.

Respecto a las herramientas informáticas avanzadas, el Papa indicó que, si bien estas plataformas poseen una enorme capacidad para procesar y correlacionar grandes volúmenes de información, carecen por completo de herramientas genuinas para descifrar las cuestiones trascendentales de la existencia, las cuales dependen estrictamente de la experiencia viviente de los individuos.

Asimismo, alertó sobre los peligros de transformar el conocimiento científico en un simple instrumento de dominación. “La ciencia misma, cuando se reduce a una técnica de poder, deja de servir para elevar a la persona humana y, en cambio, corre el riesgo de degradar los frutos del esfuerzo humano”, aseveró.

La defensa inquebrantable de la dignidad vulnerable

En otro de los ejes centrales de su alocución, el Santo Padre exigió una protección prioritaria para aquellos sectores sociales más expuestos a la marginación, mencionando explícitamente a “los niños en el vientre de sus madres y en los distintos escenarios de guerra, las personas con discapacidades físicas e intelectuales, los ancianos, los migrantes y refugiados, y todos aquellos que son excluidos arrogantemente por ser considerados improductivos”.

El pontífice denunció una marcada paradoja en el modelo socioeconómico actual: mientras se otorgan atributos de intelecto a los sistemas computacionales, de manera simultánea se ignora la dignidad intrínseca de los ciudadanos, cuyos méritos se evalúan casi exclusivamente bajo parámetros de rentabilidad.

Tras una calurosa acogida por parte del público asistente, el obispo de Roma recorrió las instalaciones históricas del organismo, firmó documentos diplomáticos de archivo que reafirman los compromisos pacifistas posteriores a la Segunda Guerra Mundial y participó en el tradicional gesto simbólico de plantar un olivo como emblema de concordia internacional.

Finalmente, reiteró la disposición de la Santa Sede para consolidar alianzas estratégicas orientadas al bienestar general, recordando que la búsqueda de la verdad resulta indispensable para evitar que el lenguaje institucional quede subordinado a dinámicas de coerción y violencia.

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