26 septiembre, 2026

El Papa León XIV dirige su mensaje durante su visita a la “Maison Bakhita” en París el 26 de septiembre de 2026. Crédito: Vatican Media.

Durante su agenda oficial en la capital francesa, el Papa León XIV realizó una visita matutina al centro de acogida “Maison Bakhita”, un espacio donde migrantes, congregaciones religiosas y voluntarios conviven bajo un modelo centrado en la hospitalidad y la inclusión comunitaria.

Un referente de convivencia y dignidad en París

El pontífice dedicó unas palabras a los presentes en esta institución dedicada al acompañamiento social, destacando el esfuerzo colectivo que se impulsa en el lugar. Durante su alocución, el Santo Padre agradeció la labor de la Arquidiócesis de París, de las Hermanas Scalabrinianas y de los equipos de apoyo que facilitan herramientas de formación, escucha y fraternidad a quienes llegan buscando un nuevo comienzo.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Me alegra comenzar con ustedes este segundo día en París, en esta casa que es testimonio para toda la ciudad de que es posible encontrarnos y convivir con dignidad y paz. Agradezco a la Arquidiócesis de París, a las Hermanas Scalabrinianas, así como a todos los animadores y voluntarios que dan vida a este lugar y están al servicio de quienes aquí encuentran acogida, escucha, formación y amistad. Dirijo un “gracias” especial a quienes han compartido su testimonio.

El legado de santa Bakhita y la centralidad de los vulnerables

Inspirado por la figura de santa Josefina Bakhita, el Papa reflexionó sobre la importancia de visibilizar a los sectores marginados por los sistemas económicos actuales y subrayó que la verdadera transformación social proviene de aquellos que deciden construir puentes en lugar de imponerse por la fuerza.

Queridos amigos, «la realidad es que los pobres para los cristianos no son una categoría sociológica, sino la misma carne de Cristo. En efecto, no es suficiente limitarse a enunciar en modo general la doctrina de la encarnación de Dios; para adentrarse en serio en este misterio es necesario, en cambio, especificar que el Señor se hace carne, carne que tiene hambre, que tiene sed, que está enferma, encarcelada» (Exhort. ap. Dilexi te, 110).

El intercambio de dones como base del crecimiento humano

En otro momento de su intervención ante la comunidad parisina, el obispo de Roma recalcó que las relaciones humanas dentro del ámbito caritativo no deben concebirse de forma unidireccional. Según su perspectiva, el verdadero desarrollo comunitario surge del intercambio mutuo de riquezas espirituales y humanas.

El pontífice recordó las enseñanzas de san Pablo sobre la interdependencia de los miembros en una comunidad, señalando que los sectores considerados más frágiles resultan indispensables para mantener la cohesión y el equilibrio social dentro de las grandes metrópolis contemporáneas.

Hermanas y hermanos, la intuición más importante que inspira su compromiso tiene que ver con el intercambio de dones que se renueva en cada encuentro. Nadie es tan pobre que no tenga nada que dar; nadie es tan rico que no tenga nada que recibir. Sólo hay vida en abundancia allí donde los límites de cada uno se abren a la presencia misteriosa de los otros, en quienes son el Otro por excelencia, el Dios de la vida, el que se acerca a nosotros.

Para concluir su mensaje en el centro social, el Papa extendió su reconocimiento a todas las organizaciones e instituciones francesas que desarrollan labores de asistencia humanitaria, exhortándolas a perseverar en su misión de tender puentes y fomentar el diálogo intercultural.

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