13 febrero, 2026

Ciudad del Vaticano – El Papa León XIV se reunió este 13 de febrero en el Vaticano con una delegación de los Carabinieri de la provincia de Roma, una de las fuerzas de seguridad más emblemáticas y respetadas de Italia. Este encuentro, que tuvo lugar en la atmósfera de la Santa Sede, sirvió como plataforma para que el Santo Padre reflexionara sobre la profunda influencia del cristianismo en la historia y la sociedad, y su relevancia en el mundo contemporáneo.

La visita de los Carabinieri, un cuerpo con tradición militar y funciones de policía, subraya la relación intrínseca entre la Iglesia Católica y las instituciones cívicas, especialmente en la capital italiana, donde ambas entidades coexisten y a menudo interactúan en el mantenimiento del orden y la promoción del bienestar. El pontífice aprovechó la ocasión para dirigir un discurso que entrelazó la herencia histórica del cristianismo con los principios que rigen el servicio militar y la vida en la fe.

Al inicio de su alocución, el Papa León XIV rememoró los albores del cristianismo en Roma, describiendo cómo la “Buena Nueva” de Jesús irrumpió en la sociedad antigua, introduciendo una perspectiva de vida y pensamiento radicalmente nueva. No se trató de una mera doctrina, sino de una propuesta existencial fundamentada en la idea de un Dios que es amor incondicional, misericordia y perdón. Esta nueva concepción divina, según el pontífice, generó una visión de fraternidad universal entre hombres y mujeres, capaz de trascender las diferencias sociales y étnicas que históricamente han dividido a la humanidad. El mensaje inicial del cristianismo desafió las estructuras de poder y las jerarquías preestablecidas, fomentando una comunidad basada en el respeto mutuo y la solidaridad.

El Santo Padre procedió a establecer un paralelismo entre la estructura militar de los Carabinieri y ciertos aspectos de la organización eclesial. “Ustedes conocen bien el significado de jerarquía, mando, obediencia”, señaló, haciendo hincapié en que estos conceptos, si bien fundamentales en el ámbito castrense, también encuentran cabida en la Iglesia, aunque “transformados por la novedad del Evangelio”. Esta transformación implica que, mientras en un contexto militar la obediencia puede ser un fin en sí mismo para la eficacia de la operación, en la Iglesia se orienta hacia el servicio, la caridad y la fidelidad a los principios evangélicos, con una obediencia última a la voluntad divina. La jerarquía en la Iglesia, por su parte, se concibe no como un ejercicio de poder, sino como un servicio pastoral al pueblo de Dios.

El discurso papal profundizó en cómo el Evangelio, a lo largo de los siglos, ha permeado las civilizaciones en las que se ha arraigado. Esta infiltración no se produjo mediante una “revolución violenta”, sino a través de una “transformación pacífica, desde dentro”, obrando en las conciencias individuales y propiciando la “conversión de los corazones”. Esta metodología de cambio interno y gradual es una característica distintiva de la influencia cristiana, que ha modelado estructuras sociales, criterios éticos y modos de pensamiento sin recurrir a la coerción o la imposición autoritaria. El Papa destacó que este proceso llevó a la humanidad a un profundo “sentido de Dios y del hombre”, consolidando el “respeto absoluto de la vida y de la persona humana”, junto con la adoración exclusiva a la divinidad.

La cuestión central que planteó el Papa León XIV fue si esta capacidad transformadora del Evangelio puede y debe replicarse en la época actual, particularmente en la compleja realidad de Roma. “¿No es acaso esto lo que puede y debe suceder en toda época, también en el mundo y en la Roma de hoy?”, preguntó retóricamente, afirmando que esta posibilidad encuentra confirmación en el más alto nivel del Magisterio de la Iglesia Católica, incluyendo las enseñanzas del Concilio Vaticano II y el legado de pontífices anteriores. Esta afirmación subraya la vigencia perenne del mensaje cristiano y su potencial para ofrecer respuestas a los desafíos contemporáneos, desde la cohesión social hasta la ética pública.

En este contexto, el Papa hizo un llamado a “redescubrir la esencialidad del mensaje cristiano y el estilo de la Iglesia naciente”, adaptándolos y encarnándolos en “nuestro mundo tan diferente, mucho más complejo”. Esto implica una vuelta a los fundamentos de la fe, a la simplicidad y el fervor de las primeras comunidades cristianas, para que sus valores puedan resonar con fuerza y pertinencia en una sociedad globalizada y a menudo secularizada. Para los Carabinieri, este llamado se traduce en la integración de sus principios de servicio y deber con una conciencia cristiana, fortaleciendo así su compromiso con la justicia y el bien común.

Para concluir su intervención, el Santo Padre extendió su gratitud a los Carabinieri por la invaluable labor que desempeñan, haciendo especial mención de su servicio en las inmediaciones del Vaticano y en la ciudad de Roma. Agradeció su dedicación a la seguridad y el orden, pilares fundamentales para la convivencia pacífica. Finalmente, les deseó que su labor se realice “siempre con recta conciencia, fieles a los principios y a las normas del Arma de Carabineros y, en cuanto cristianos, fieles al Evangelio, que llena toda intención y toda acción con la caridad de Cristo”. Este deseo encapsula la fusión de la vocación cívica y la espiritual, invitando a los miembros de la fuerza a vivir su servicio como una expresión de amor al prójimo y a Dios, guiados por la ética y la fe.

El encuentro entre el Papa León XIV y los Carabinieri de Roma no solo fue un acto protocolar, sino un momento de profunda reflexión sobre la interconexión entre la fe, el servicio público y la transformación social, resaltando la capacidad inmutable del Evangelio para inspirar y guiar la acción humana en cualquier ámbito.

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