7 marzo, 2026

Ciudad del Vaticano – El Papa León XIV reafirmó que la misión inherente al soldado cristiano trasciende la mera profesión para erigirse como una auténtica vocación, centrada en la defensa de los más vulnerables y la construcción activa de la paz. Esta significativa declaración fue ofrecida durante un discurso conmemorativo del centenario del Ordinariato Militar de Italia, ante una audiencia compuesta por sus miembros, a quienes recibió en la majestuosidad del Palacio Apostólico del Vaticano en la mañana de este sábado. La intervención papal subrayó que la violencia solo puede ser superada mediante el amor, delineando un perfil del militar creyente como un agente activo en la salvaguardia de la convivencia armoniosa, la respuesta eficaz en situaciones de desastre y la participación en misiones internacionales orientadas a preservar la estabilidad y restaurar el orden.

El Santo Padre profundizó en la naturaleza de esta “vocación” militar, describiéndola no como una elección de carrera común, sino como una profunda “respuesta a una llamada que interpela la conciencia”. Explicó que la identidad del **soldado cristiano** se forja a través de valores fundamentales como la generosidad, un inquebrantable espíritu de servicio, elevadas aspiraciones y sentimientos arraigados. Sin embargo, enfatizó que estos atributos requieren un cimiento espiritual: un “don de la gracia capaz de alimentar la caridad hasta la entrega total”. En este sentido, el pontífice instó a que los códigos, normativas y misiones de la vida castrense se inspiren profundamente en los principios del Evangelio. El objetivo es claro: asegurar que, al servicio de la seguridad global y la paz duradera, el bien común de todos los pueblos se posicione siempre como la prioridad inquebrantable.

Haciendo una rememoración de la visión de San Juan Pablo II, quien configuró los Ordinariatos Militares como Iglesias particulares, dotadas de una identidad teológica y organizativa propia, el Papa León XIV enfatizó la responsabilidad de la Iglesia de acompañar a los militares. Esta compañía, explicó, debe estar orientada a “conjurar el peligro y promover la justicia y la paz en todas partes”. En este contexto, el pontífice precisó que la verdadera paz no se define simplemente como la ausencia de conflicto, sino como “la plenitud de justicia, verdad y amor”. Por ello, animó encarecidamente a los **capellanes militares** a proseguir su formación continua y a desarrollar iniciativas que promuevan una profunda reflexión sobre los desafíos contemporáneos del mundo. Esto incluye la inculturación de la fe y la compleja interrelación entre el Evangelio, la cultura, la ciencia y las **nuevas tecnologías**.

La relevancia de la labor de las capellanías militares, a menudo desarrollada en silencio y en los más diversos escenarios —desde zonas de conflicto y bases remotas hasta entornos operativos, capillas improvisadas o tiendas de campaña— fue particularmente destacada. En estos contextos, los “entornos educativos, academias, escuelas, institutos de formación y lugares donde se forman las conciencias” adquieren una importancia capital, siendo pilares en la edificación del espíritu y la ética del personal militar. Citando al Concilio Vaticano II, el Papa León XIV recordó que la humanidad, intrínsecamente marcada por el pecado, “está y estará siempre bajo la amenaza de la guerra hasta la venida de Cristo”; sin embargo, afirmó que en la medida en que los hombres, “unidos en el amor, vencen el pecado, vencen también la violencia”.

En una sociedad caracterizada por una constante movilidad humana y una vasta pluralidad cultural, el papel del capellán militar se expande para convertirse en un facilitador crucial del diálogo interreligioso y cultural. Su testimonio encarna la visión de una Iglesia que aspira a ser un instrumento de unidad. Así, su labor espiritual se erige como un pilar fundamental para la promoción del **bien común** y la **paz social**, esta última siendo, como recordara el Papa Francisco, fruto de un trabajo paciente, que demanda formación, justicia y caridad.

El **centenario del Ordinariato Militar de Italia**, según el **Papa León XIV**, representa una valiosa oportunidad para avanzar en la edificación de la “civilización del amor”. El servicio que prestan estos militares es, en esencia, un acto de amor: hacia la patria, hacia sus territorios y, primordialmente, hacia las personas. Este amor se materializa en una cercanía tangible, especialmente perceptible en aquellos lugares y circunstancias donde la fragilidad humana es más patente. Por ello, el pontífice hizo un llamado a los miembros del Ordinariato para que encarnen la rica memoria y la historia de innumerables hombres y mujeres uniformados que les precedieron. Iluminados por la Iglesia y sus pastores, estos individuos, tanto en los días serenos de la paz como en los dramáticos periodos de guerra, contribuyeron con sacrificio, valentía y dedicación al progreso de la sociedad, a menudo incluso a costa de su propia vida.

Finalmente, el **Papa León XIV** concluyó su emotivo discurso subrayando la particularidad de la memoria cristiana. Para los creyentes, la memoria no es meramente un recuerdo, sino una “celebración de Dios que entra en la historia”. La fe cristiana, enfatizó, se fundamenta en un hecho histórico concreto, y la salvación no es una abstracción, sino la persona viva de Jesucristo. Este mensaje resonó como un profundo recordatorio de la conexión intrínseca entre la fe, el servicio y la historia humana en la misión del **soldado cristiano** moderno.

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