7 junio, 2026

Madrid, España – En un significativo encuentro que tuvo lugar en el estadio Movistar Arena de Madrid, el papa León XIV pronunció un vibrante discurso ante un auditorio diverso, convocando a líderes y representantes de la cultura, el arte, la economía y el deporte. Bajo el lema “Tejer redes con el mundo de la cultura, el arte, la economía y el deporte”, el Santo Padre hizo un llamado a construir una sociedad renovada a través del diálogo social, centrado en la inalienable dignidad humana y los valores espirituales.

León XIV inició su intervención destacando la singularidad del espacio que los acogía, un lugar que trasciende la mera actividad para convertirse en un escenario de profundas emociones humanas, desde la alegría y la admiración hasta la tristeza y la frustración. El Pontífice rindió homenaje a la riqueza cultural e histórica de España, un país donde la creatividad ha dejado una huella imborrable en sus ciudades, monumentos, artes y gastronomía, revelando la inteligencia y voluntad del alma humana a través de generaciones.

Sin embargo, ante la grandeza del legado histórico, el Papa León XIV planteó una pregunta crucial para el presente: “¿qué herencia estamos dejando al futuro y, por ende, qué tipo de comunidad estamos construyendo?”. Sus palabras subrayaron una preocupación central: a pesar de la extraordinaria capacidad de la sociedad actual para producir, innovar y comunicar, parece existir una carencia en la habilidad para “custodiar el alma” de lo que genera. El riesgo, advirtió, es convertirse en expertos en los medios y eficientes en la producción, pero inciertos sobre el propósito, el “para qué”, el “con quién” y el “para quién” se produce.

En este contexto, el Pontífice enfatizó la postura de la Iglesia, consciente de sus aciertos y errores históricos, pero firmemente comprometida con el diálogo con el mundo contemporáneo. Basándose en el deseo innato de la humanidad por el bien, la belleza y la verdad, la Iglesia, en su rol de “experta en humanidad”, propone caminos para una vida digna y el bien común, tal como afirmó San Pablo VI en su momento. Para el Papa León, la pregunta fundamental sigue siendo: ¿qué significa ser verdaderamente humano?

El Santo Padre reiteró la convicción de la Iglesia de que Jesucristo ofrece respuestas a las grandes interrogantes de la vida y su plenitud, haciendo de la persona humana “el camino primero y fundamental de la Iglesia”. Por ello, la Iglesia no puede desentenderse de la cultura, ya que es a través de ella que el ser humano “es” más. Haciendo un juego de palabras con la etimología de “cultura” y “cultivo”, León XIV invitó a reflexionar sobre qué se siembra, qué florece y qué se marchita en la sociedad actual, y qué valores se preservan o se abandonan.

Para abordar estas cuestiones, el Pontífice propuso el “diálogo social” como un arte comparable a “tejer redes”, que exige encuentro, escucha, diálogo y respeto mutuo. La comunicación, en todas sus formas –escrita, oral, digital y visual–, nunca es neutral, sostuvo el Papa, y tiene el poder de sanar o herir, abrir horizontes o sembrar división.

En este marco, el Pontífice detalló las tres dimensiones clave de “tejer redes”:

1. **Diálogo centrado en la dignidad humana:** Implica una interacción entre instituciones donde, por ejemplo, la universidad no viva de espaldas al mundo laboral, la empresa vea al empleado como más que un factor productivo, el arte no se limite a las élites, el deporte no se reduzca a espectáculo y el progreso tecnológico considere a los ancianos y los desfavorecidos. La visión cristiana de la vida, recordó el Papa León XIV, reconoce al ser humano entramado con hilos de amor divino, base de su dignidad inalienable y fundamento del diálogo.

2. **Crear juntos:** La fe, como expresó el papa Benedicto XVI, “es amor y por ello crea poesía y crea música. La fe es alegría y por ello crea belleza”. El Papa León subrayó cómo experiencias compartidas, desde una canción hasta un partido de baloncesto, pueden transformar interiormente. Esta conciencia de hermandad, dijo, se manifiesta en las expresiones artísticas y literarias de España, desde la saeta y la poesía mística hasta la prosa de Santo Tomás de Aquino, revelando el vínculo entre lo material y lo espiritual.

3. **Servir de modo desinteresado:** La historia atestigua cómo hombres y mujeres movidos por la fe han edificado hospitales, escuelas e iniciativas solidarias. El Pontífice cuestionó honestamente si Europa habría forjado su identidad sin esta huella espiritual, invitando a reconciliar la eternidad, manifestada en Jesucristo, con lo cotidiano. En un eco de sus predecesores, el Papa León XIV lanzó el vigoroso grito: “¡No temáis! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Jesucristo no nos quita nada y nos da todo”.

El Papa León XIV también dedicó una parte de su discurso a la crucial cuestión de la exclusión, destacando que el “grito de los pobres” interpela constantemente a nuestras sociedades y sistemas. La Iglesia, aunque a veces camina contracorriente, insiste en que las estructuras económicas e institucionales son justas solo si sirven al desarrollo integral de la persona y favorecen la participación responsable de todos.

Finalmente, el Papa León hizo una especial referencia al mundo del deporte, un ámbito que le es familiar. Reflexionó sobre las valiosas lecciones que se aprenden en el campo de juego: el respeto al adversario, la capacidad de perder sin odio, de ganar sin humillar y de levantarse tras una caída. En este punto, citó al santo Juan Pablo II, quien, como deportista y pastor, afirmó que los deportistas contribuyen a dar testimonio de cohesión, paz y unión en tiempos de violencia.

Para concluir, el Papa León XIV exhortó a todos los presentes a ser “hilos nuevos para tejer redes nuevas” que armonicen todos los aspectos de la vida. Su visión para una sociedad renovada incluye un tiempo impregnado de eternidad, una cultura que custodie la memoria y fomente el diálogo, una educación que promueva la búsqueda crítica de la verdad, un arte que despierte asombro, una empresa que reconozca la dignidad humana y un trabajo que siga siendo motor de esperanza. Invitó a seguir el consejo de San Pablo en la Carta a los Romanos, viviendo en paz y consideración con los demás, para que en el futuro siga resplandeciendo nuestra “magnífica humanidad”.

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