

El encuentro con la familia benedictina en el Vaticano
Durante una audiencia celebrada en la emblemática Sala Clementina del Palacio Apostólico, el sumo pontífice recibió a las representantes de la Communio Internationalis Benedictinarum (CIB), organización que agrupa a las comunidades monásticas femeninas de la orden en todo el planeta. El evento congregó a numerosas religiosas que participan en estas jornadas de reflexión y formación.
Al comenzar su discurso ante las asistentes, el obispo de Roma dedicó unas palabras al Abad Primado, Jeremias Schröder, quien no pudo estar presente en el acto debido a compromisos previos ineludibles. A pesar de su ausencia, la jornada continuó con un fuerte sentido de fraternidad y propósito común entre las delegadas.
El carisma y la sinodalidad espiritual
El líder de la Iglesia católica valoró profundamente el trabajo constante que impulsa la Confederación Benedictina. Según explicó, esta red de monasterios fomenta un modelo de sinodalidad espiritual capaz de transformar la diversidad de cada creyente en una fuente de riqueza colectiva para toda la comunidad eclesial.
Asimismo, el pontífice compartió algunos recuerdos de sus recientes peregrinaciones a los históricos enclaves de Subiaco y Montecassino. En dichos espacios fundacionales, asociados a la figura de San Benito, el Papa meditó sobre el valor del silencio y la paz como pilares fundamentales de la vida contemplativa.
Un testimonio luminoso frente a la crisis actual
Haciendo una analogía con la naturaleza, el mandatario vaticano señaló que aquellos monasterios surgieron de una modesta semilla que hoy se ha convertido en una frondosa viña, cuyo éxito se debe puramente a su férrea unión con la fe cristiana.
En este contexto, el Papa expresó un mensaje de aliento hacia las monjas:
“Los esfuerzos que realizan para arraigarse cada vez más profundamente en Cristo y ser su testigo vivo y en oración en toda la tierra, son una gran señal y un don profético. Esto es especialmente necesario en nuestros tiempos, marcados por una sed de vida auténtica, de comunión y de paz”, manifestó León XIV.
Reconocimiento a la labor silenciosa
Hacia el cierre del encuentro, el santo padre aplaudió la realización de estas reuniones internacionales, argumentando que representan nuevas oportunidades de formación para las consagradas. Además, expresó su gratitud por el impacto invisible pero poderoso que ejercen las abadías en la sociedad contemporánea.
“Gracias por su oración, por su humilde y silenciosa presencia, por la entrega diaria y discreta de sus vidas, y por la guía espiritual, la reflexión teológica y los valores comunitarios que viven y transmiten”, declaró el pontífice antes de despedirse y conceder su bendición apostólica a las asistentes.








