11 septiembre, 2026

Durante una reciente audiencia celebrada en el Vaticano, el sumo pontífice advirtió a los líderes eclesiásticos que antes de asumir cualquier responsabilidad administrativa o pastoral, su deber fundamental es mantener una conexión profunda con la fe. En el encuentro participaron 147 obispos procedentes de los cinco continentes, quienes completaron un programa especial de formación en Roma enfocado en fortalecer la comunión eclesial.

El grupo de jerarcas católicos que acudió a la cita provino de una amplia diversidad de naciones en desarrollo y regiones de misión, abarcando territorios de África, Asia, Oceanía y América Latina, tales como Colombia, Filipinas, Honduras, Perú y Vietnam, entre otros. Según destacó el Santo Padre, la convivencia y la oración compartida durante estas semanas de preparación demuestran que ningún líder religioso ejerce su labor en solitario.

Un corazón enfocado en la cercanía pastoral

Al profundizar en el lema de las jornadas de formación, titulado Obispos, servidores de la comunión en la Iglesia y en el mundo de hoy, el obispo de Roma insistió en que el ministerio episcopal exige adoptar la actitud del Buen Pastor. Esto implica conocer de primera mano las realidades cotidianas de los fieles, involucrarse en sus alegrías y sufrimientos, y fomentar una cercanía real mediante gestos sencillos pero significativos.

“El obispo es un hombre que aprende cada día a amar más a su pueblo: a conocer las alegrías y los sufrimientos de su gente, a compartir sus sueños, a alegrarse al ver crecer las comunidades”, explicó el Papa ante el auditorio, sugiriendo la importancia de visitar los hogares y escuchar de forma directa las historias de las comunidades locales.

Atención prioritaria al clero local

Asimismo, el pontífice hizo un llamado enfático a respaldar con cercanía y afecto a los sacerdotes que forman parte de sus diócesis. Solicitó prestar especial atención a los presbíteros que se encuentran enfermos o en edad avanzada, recordando que los pequeños detalles, como una llamada telefónica o una visita personal, reafirman el reconocimiento de la Iglesia hacia su labor.

Esta entrega constante se enmarca en lo que la tradición describe como un servicio de amor o amoris officium, donde la predicación y el tiempo dedicado al prójimo actúan como vehículos de la caridad pastoral.

Desafíos contemporáneos y el valor de lo humano

En su mensaje, el Papa también abordó los retos derivados de una sociedad en transformación digital acelerada. Advirtió que, si bien los avances tecnológicos y la inteligencia artificial abren escenarios inéditos, estos instrumentos son insuficientes para sanar las fracturas espirituales y morales de la humanidad.

En este sentido, recordó las reflexiones contenidas en su encíclica Magnifica humanitas, donde propone herramientas conceptuales para salvaguardar la dignidad de la persona en la actualidad. Finalmente, animó a los prelados a mantener una actitud de apertura y diálogo constante no solo con los fieles habituales, sino también con creyentes de otras confesiones, personas sin filiación religiosa y la sociedad en general.

Nuevos