28 marzo, 2026

MÓNACO — En un viaje pastoral que ha captado la atención del mundo, el Papa León XIV realizó una significativa visita al Principado de Mónaco, donde se encontró con la comunidad católica en la histórica Catedral de la Inmaculada Concepción. En este solemne marco, el Pontífice emitió una contundente advertencia sobre los riesgos de una fe que se reduce a la mera costumbre, e instó a los fieles a encarnar el espíritu de Cristo, dedicándose con pasión a la defensa de los más vulnerables y marginados frente a las crecientes corrientes del secularismo individualista.

La visita papal, la segunda cita de su apretada agenda en el pequeño Estado soberano, tuvo como telón de fondo la singular identidad religiosa de Mónaco. Este principado es uno de los últimos países europeos que mantiene el catolicismo como religión de Estado, una característica consagrada en su Constitución de 1962, la cual, no obstante, también garantiza la libertad de culto y expresión. En la práctica, esto se traduce en la enseñanza de la doctrina católica en las escuelas públicas y la inclusión de misas en las ceremonias estatales, reflejando una profunda conexión entre la fe y la vida pública.

Un ejemplo elocuente de esta identidad se manifestó en noviembre de 2025, cuando el príncipe Alberto II ejerció su poder de veto contra una ley aprobada por el Consejo Nacional, que buscaba legalizar el aborto hasta las 12 semanas de gestación. El monarca justificó su decisión aludiendo explícitamente a la identidad católica del principado y a la necesidad de preservar su marco legal actual, que despenaliza la interrupción del embarazo solo bajo circunstancias excepcionales. Esta postura refuerza la relevancia del mensaje del Papa en un contexto donde los valores católicos aún modelan activamente la legislación y la cultura.

**La Iglesia como Abogada del Hombre**

Durante su homilía, el Santo Padre profundizó en sus reflexiones basándose en el documento *Quo vadis, humanitas?* (¿Hacia dónde vas, humanidad?), publicado por la Comisión Teológica Internacional el 4 de marzo de 2026. Este texto sirvió de punto de partida para el llamado del Pontífice a una Iglesia que actúe como “abogada”, un concepto que ilustró partiendo del Evangelio, donde el apóstol Juan describe a Jesucristo como el justo (cf. 1 Jn 2,1-2).

En este sentido, el Papa León XIV explicó que la vocación de la Iglesia es defender al ser humano en su integridad, promoviendo un desarrollo integral que respete la inalienable dignidad de cada persona y su destino trascendente. “Contemplen a Cristo como nuestro abogado”, exhortó el Pontífice, instando a los cristianos a ofrecer un servicio “apasionado y generoso” en la misión evangelizadora. Con palabras claras y directas, añadió: “Anuncien el Evangelio de la vida, de la esperanza y del amor; lleven a todos la luz del Evangelio para que sea defendida y promovida la vida de todo hombre y de toda mujer desde su concepción hasta su fin natural”.

La Catedral de la Inmaculada Concepción, un imponente edificio de estilo neorrománico construido entre 1875 y 1903, proporcionó un escenario cargado de historia. El templo no solo es un centro de culto, sino también el reposo final de varios soberanos del principado, incluyendo al príncipe Rainiero III y a la icónica princesa Grace (Grace Kelly), la actriz estadounidense que se convirtió en miembro de la realeza monegasca al casarse con Rainiero III en 1956. El Papa llegó a la catedral después de una visita protocolaria al Palacio del Príncipe, residencia de la familia soberana monegasca.

**Frente al Secularismo y por una Fe Profética**

El núcleo del mensaje papal residió en la necesidad de preservar el anuncio del Evangelio y las expresiones de la fe “del riesgo de reducirse a costumbre, aunque sea buena”. El Papa León XIV enfatizó que “una fe viva es siempre profética, capaz de suscitar preguntas y ofrecer provocaciones”. Invitó a los fieles a una profunda introspección: “¿Estamos realmente defendiendo al ser humano? ¿Estamos protegiendo la dignidad de la persona en la protección de la vida en todas sus fases? ¿Es realmente justo y está inspirado en la solidaridad el modelo económico y social vigente?”.

Para reforzar esta reflexión, el Pontífice citó la encíclica *Caritas in veritate* de Benedicto XVI, publicada en 2009, cuestionando si el modelo socioeconómico actual está “habitado por la ética de la responsabilidad, que nos ayuda a ir más allá de la lógica del intercambio de cosas equivalentes y del lucro como fin en sí mismo”.

Asimismo, el Santo Padre lanzó una firme advertencia contra los “impulsos del secularismo”, que amenazan con reducir al hombre a un mero individualismo y orientar la vida social exclusivamente hacia la producción de riqueza. En respuesta, pidió a la comunidad católica que adopte “nuevos mapas de orientación basados en el Evangelio” y que asuma el talante compasivo y misericordioso de Cristo. “Cristo”, afirmó, “se convirtió en abogado para defender a los pobres y pecadores, liberándolos de la opresión y haciendo de ellos hijos de Dios y hermanos entre sí. No viene para condenar, sino para ofrecer misericordia que purifica, sana, transforma y nos hace parte de la única familia de Dios”.

**Hospitalidad y Unidad en la Diversidad**

El Papa León XIV también elogió la reconocida acogida y hospitalidad de Mónaco, un pequeño Estado cosmopolita caracterizado por su notable diversidad cultural y socioeconómica. En este contexto, recordó una verdad fundamental de la Iglesia: “No existen clases sociales. Todos son acogidos como personas e hijos de Dios, y todos son destinatarios de un don de gracia que impulsa la comunión, la fraternidad y el amor recíproco”.

Según el Pontífice, el primer servicio esencial que el Evangelio debe ofrecer es “iluminar a la persona y a la sociedad, para que descubran su identidad, el significado de la vida humana, el valor de las relaciones y de la solidaridad, así como el fin último de la existencia y el destino de la historia”. El mensaje del Papa León XIV en Mónaco, por tanto, resuena como un llamado universal a redescubrir la vitalidad de la fe y a comprometerse activamente en la construcción de una sociedad más justa, digna y compasiva.

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