En una emotiva Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI, el Pontífice conmemoró el Día Internacional de la Fraternidad Humana, que se observa cada 4 de febrero, haciendo un llamado apremiante a la unidad global. Su mensaje resonó con una particular urgencia en un contexto internacional marcado por crecientes tensiones y conflictos, lamentando que la aspiración a construir la paz sea a menudo percibida como una “utopía desfasada” o un ideal inalcanzable.
El Santo Padre enfatizó que la fraternidad humana no es una mera abstracción, sino una “realidad vivida” con una fuerza intrínseca capaz de superar disputas, diferencias culturales y tensiones políticas. Afirmó que este vínculo universal, arraigado en la creencia de que toda la humanidad fue creada a imagen de Dios, posee un potencial inmenso que debe cultivarse a través de un “compromiso diario y concreto de respeto, de compartir y de compasión”.
**Siete Años del Documento sobre la Fraternidad Humana**
Esta proclama papal cobra especial relevancia al cumplirse el séptimo aniversario de la firma del histórico Documento sobre la Fraternidad Humana. En 2019, Su Santidad el Papa Francisco y el Gran Imán Ahmed Al-Tayyeb rubricaron este trascendental acuerdo en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, sentando las bases para una coexistencia pacífica y un diálogo interreligioso global.
El documento, una hoja de ruta para la comprensión mutua y la cooperación, subraya la importancia de la educación y la concienciación como pilares para fomentar el respeto entre las distintas culturas y religiones. En él se destaca la imperiosa necesidad de salvaguardar la dignidad de cada persona, promover activamente la paz y trabajar incansablemente para poner fin a la violencia, al extremismo religioso, a las guerras fratricidas y al terrorismo que asolan diversas regiones del planeta. “Hoy, la necesidad de fraternidad no es un ideal lejano, sino una urgencia vital”, reiteró el Pontífice, conectando directamente los principios del documento con los desafíos contemporáneos.
El Papa recordó con dolor que “demasiados de nuestros hermanos y hermanas sufren actualmente los horrores de la violencia y la guerra”, y lamentó que “la primera víctima de toda guerra es la vocación innata de fraternidad de la familia humana”. Un sombrío recordatorio de cómo los conflictos despojan a la humanidad de su esencia más profunda.
**Más Allá de las Palabras: La Urgencia de la Acción Concreta**
El mensaje papal no se limitó a la reflexión teórica, sino que se transformó en un contundente llamado a la acción. El Pontífice subrayó que “las palabras no son suficientes” y que las convicciones más arraigadas requieren ser nutridas y manifestadas a través de esfuerzos “tangibles”. Advirtió que “permanecer en el ámbito de las ideas y de las teorías, sin darles expresión mediante actos frecuentes y prácticos de caridad, terminará por hacer que incluso nuestras esperanzas y aspiraciones más queridas se debiliten y se desvanezcan”. Para enfatizar esta idea, citó un fragmento de la Exhortación Apostólica *Dilexi Te*, firmada en octubre de 2025, que insta a la implementación activa de los ideales.
En este sentido, el Pontífice instó a “superar la periferia”, una metáfora que invita a dejar de lado la indiferencia y el aislamiento, para converger en un sentido más profundo de “pertenencia recíproca”, donde cada individuo se reconoce y valora como parte integral de la gran familia humana.
**Reconocimiento a “Sembradores de Esperanza”: El Premio Zayed por la Fraternidad Humana**
Un momento culminante de la audiencia fue la celebración de los galardonados con el Premio Zayed por la Fraternidad Humana de este año. El Papa reconoció su labor como “auténticos testimonios de bondad y caridad humana”, destacando su valiosa contribución a la construcción de un mundo más unido y pacífico.
Este prestigioso galardón, que busca reconocer a aquellos que encarnan los valores de la fraternidad humana, recayó este año en el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, y el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinián. Ambos líderes viajaron a Abu Dabi para la ceremonia del Premio Zayed a la Fraternidad Humana 2026, con el que fueron honrados el 20 de enero. El reconocimiento se otorgó en virtud de sus esfuerzos concertados para fomentar la paz, la cooperación y la estabilidad entre sus dos naciones, históricamente enfrentadas.
La trascendencia de este premio radica en el contexto de un acuerdo histórico. El 8 de agosto de 2025, en la Casa Blanca, los líderes de Armenia y Azerbaiyán firmaron una hoja de ruta para poner fin a casi cuatro décadas de enfrentamientos armados, principalmente en torno a la región de Nagorno-Karabaj. Un punto central de este acuerdo es la creación del corredor TRIPP, una iniciativa clave para la conectividad regional. Actualmente, la implementación completa del acuerdo de paz está pendiente de un referéndum constitucional en Armenia, que busca retirar cualquier referencia al territorio de Nagorno-Karabaj del preámbulo de su Carta Magna, un enclave azerbaiyano habitado por armenios y reconquistado por Bakú en 2023.
El Pontífice describió a Aliyev y Pashinián como “sembradores de esperanza en un mundo que a menudo construye muros en lugar de puentes”. A través de su compromiso, “al elegir el camino exigente de la solidaridad frente al camino fácil de la indiferencia, han demostrado que incluso las divisiones más profundamente arraigadas pueden ser sanadas mediante acciones concretas”, afirmó el Papa. Para él, su labor “da testimonio de la convicción de que la luz de la fraternidad puede prevalecer sobre la oscuridad del fratricidio”, ofreciendo un poderoso ejemplo de reconciliación en un escenario global fragmentado.
**Un Llamado a Ver al “Otro” como Hermano**
Finalmente, el Pontífice expresó su profunda gratitud a Su Alteza el Jeque Mohammed bin Zayed Al Nahyan, presidente de los Emiratos Árabes Unidos, por su apoyo inquebrantable a la iniciativa del Día de la Fraternidad Humana y al Premio Zayed. También agradeció al Comité Zayed por su visión y convicción moral.
En su conclusión, el Papa hizo un llamado global: “Sigamos trabajando juntos para que la dinámica del amor fraternal se convierta en el camino común de todos, y para que el ‘otro’ ya no sea visto como extraño o amenaza, sino reconocido como hermano o hermana”. Un mensaje universal que aspira a transformar las relaciones humanas hacia una era de mayor comprensión y solidaridad.








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