17 marzo, 2026

La Iglesia Católica se une para conmemorar un hito espiritual de profunda resonancia: el octavo centenario del fallecimiento de San Francisco de Asís. Las celebraciones de este significativo aniversario han dado inicio en la emblemática Porciúncula, en Asís, lugar donde el “Poverello” exhaló su último aliento el 3 de octubre de 1226. En este contexto, el Papa León XIV ha emitido un emotivo mensaje, reafirmando la perdurable relevancia del santo y su llamado incesante a la paz y la reconciliación en un mundo marcado por la fragmentación.

El Pontífice, a través de una carta dirigida a los ministros generales de la Conferencia de la Familia Franciscana, difundida por el Vaticano el 10 de enero, rindió homenaje a la figura de San Francisco. En su misiva, León XIV evocó la serena aceptación de la muerte por parte del santo, quien, al final de su vida, exclamó: «Nuestra hermana muerte». Esta expresión, cargada de una profunda espiritualidad, subraya la paz interior que caracterizó al fundador de la orden franciscana, un hombre que, hace ocho siglos, “escribió de manera incisiva la palabra salvadora de Cristo en los corazones de los hombres de su tiempo”, según las palabras del Sumo Pontífice. El evento marca no solo un recuerdo histórico, sino una invitación a reflexionar sobre la pertinencia del mensaje franciscano en la actualidad.

La Porciúncula, una pequeña capilla dentro de la Basílica de Santa María de los Ángeles en Asís, ostenta una importancia capital para la espiritualidad franciscana. Fue en este humilde santuario donde San Francisco fundó la Orden de los Frailes Menores, recibió la aprobación de su regla de vida, y finalmente, donde experimentó su tránsito a la vida eterna. La elección de este lugar para el inicio de las conmemoraciones no es casual; simboliza el espíritu de pobreza, humildad y cercanía a la creación que San Francisco encarnó y transmitió.

El mensaje del Papa León XIV trasciende la mera remembranza histórica para abordar los desafíos contemporáneos. El Pontífice destacó cómo, incluso en la era actual, “marcada por tantas guerras aparentemente interminables, por divisiones internas y sociales que generan desconfianza y miedo”, la figura de San Francisco “sigue hablando”. Lejos de ofrecer soluciones meramente técnicas, la vida de San Francisco “señala la auténtica fuente de la paz”, una paz arraigada en principios espirituales y humanos fundamentales. Este énfasis del Papa subraya la creencia de que las soluciones duraderas a los conflictos no residen únicamente en estrategias políticas o económicas, sino en una transformación profunda del espíritu humano.

El Santo Padre profundizó en la visión franciscana de la paz, destacando que San Francisco nos recuerda que “la paz con Dios, la paz entre las personas y la paz con la Creación son dimensiones inseparables de un único llamado a la reconciliación universal”. Esta tridimensionalidad de la paz —espiritual, social y ecológica— es un pilar fundamental del legado franciscano y resuena con particular fuerza en un momento de crisis ambiental y conflictos globalizados. El llamado a la “reconciliación universal” implica un compromiso activo para sanar las rupturas en todos los niveles de la existencia humana.

En el marco de estas importantes celebraciones, el sábado anterior también se dio a conocer una relevante decisión eclesiástica. El Papa León XIV designó a Monseñor Felice Accrocca, actual Arzobispo de Benevento, como el nuevo Obispo de Asís. Esta designación es de particular importancia dada la proximidad geográfica y espiritual de la diócesis de Asís con el epicentro de las celebraciones franciscanas. Monseñor Accrocca sucede a Monseñor Domenico Sorrentino, cuya renuncia fue aceptada al haber superado la edad de jubilación canónica establecida para los obispos, fijada en 75 años. Este cambio de liderazgo llega en un momento crucial, cuando la diócesis se prepara para desempeñar un papel central en la difusión del mensaje franciscano durante todo el año conmemorativo.

El Papa León XIV concluyó su mensaje con una ferviente oración, un ruego para que San Francisco de Asís continúe “infundiendo en todos nosotros la alegría y la armonía perfecta”. La oración, pronunciada por el Sucesor de Pedro, es una plegaria colectiva que invoca al “hermano Francisco” como intercesor ante el Señor. En ella, se solicita su guía para reconocer en el Crucifijo de San Damián “la verdadera paz” y para buscar en Cristo la “fuente de toda reconciliación que derriba todo muro”. Este pasaje alude al momento clave en la vida de San Francisco cuando, ante el crucifijo de la iglesia de San Damiano, recibió la inspiración divina que marcaría el inicio de su misión.

La oración del Papa también implora la valentía para “construir puentes allí donde el mundo erige fronteras”, una clara referencia a la necesidad de diálogo y entendimiento en un mundo polarizado. Se pide a San Francisco que interceda para que los creyentes se conviertan en “operadores de paz: testigos desarmados y desarmantes de la paz que viene de Cristo”. Esta visión de la paz no es pasiva, sino activa, instando a los fieles a ser agentes de cambio en medio de “tiempos afligidos por conflicto y división”.

El octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís, impulsado por el liderazgo del Papa León XIV, se perfila no solo como una efeméride religiosa, sino como una poderosa oportunidad para reflexionar sobre los valores de paz, humildad y fraternidad universal que el santo predicó y vivió. Su legado continúa siendo una luz guía para millones de personas en todo el mundo, ofreciendo una ruta hacia la reconciliación en un planeta que anhela profunda y urgentemente la armonía.

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