El Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, ha confirmado que la Santa Sede no se unirá a la “Junta de Paz” (Board of Peace), una iniciativa impulsada por el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, para abordar diversos conflictos globales, con un enfoque particular en la crisis de Gaza. La decisión, comunicada el 17 de febrero, subraya la postura singular del Vaticano en el escenario internacional y su compromiso inquebrantable con los mecanismos de la diplomacia multilateral liderados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Las declaraciones del Cardenal Parolin se produjeron en Roma, tras una reunión con representantes del gobierno italiano en el Palacio Borromeo. El encuentro coincidió con la conmemoración del aniversario de los Pactos de Letrán, un hito fundamental de 1929 que sentó las bases para el reconocimiento de la soberanía del Estado de la Ciudad del Vaticano. En este contexto, el Secretario de Estado explicó a los medios que la naturaleza intrínseca del Vaticano, distinta a la de otras naciones soberanas, imposibilita su participación en una estructura como el “Board of Peace”.
“La Santa Sede no participará en el Board of Peace debido a su naturaleza particular, que claramente no es la de otros Estados,” afirmó el Cardenal Parolin, según reportes de Vatican News y otros medios presentes. Esta afirmación encapsula la visión vaticana de su rol, que no se alinea con la lógica de bloques o iniciativas que puedan percibirse como paralelas a las ya establecidas estructuras globales de gobernanza. La diplomacia vaticana, rica en historia y enfocada en la mediación moral y humanitaria, opera bajo principios que priorizan la universalidad y la legitimidad de foros reconocidos internacionalmente.
Al ser consultado sobre la posible participación de Italia en la “Junta de Paz” en calidad de observador, el Cardenal Parolin expresó ciertas reservas. Señaló que “hay algunos puntos que dejan a uno un tanto perplejo” y que existen “cuestiones críticas que necesitan ser explicadas”. Si bien reconoció el mérito en el intento de buscar soluciones a los conflictos, para la Santa Sede persisten interrogantes cruciales. Uno de los puntos de mayor énfasis, según el prelado, es que, a nivel internacional, es la ONU quien ostenta la autoridad principal en la gestión de estas situaciones de crisis. Esta postura refuerza el apoyo del Vaticano al multilateralismo y a las instituciones existentes como los pilares de la estabilidad y la resolución pacífica de disputas.
La “Junta de Paz” de Donald Trump se concibe como un organismo independiente, diseñado para abordar conflictos globales, con una atención específica en la convulsa Franja de Gaza. Su particularidad radica precisamente en su operación al margen de la Organización de las Naciones Unidas, lo que ha generado debate y diversas reacciones en el ámbito diplomático. Hasta la fecha, más de 25 naciones han manifestado su intención de participar, ya sea de forma activa o como observadores. Entre los países que han anunciado su adhesión se encuentran Argentina, El Salvador, Paraguay, Bielorrusia, Bulgaria, Emiratos Árabes Unidos, Hungría, Egipto y Marruecos, lo que refleja una diversidad de intereses geopolíticos y alianzas estratégicas.
Esta reciente declaración del Cardenal Parolin pone fin a un periodo de evaluación por parte de la Santa Sede. El 21 de enero, el mismo Secretario de Estado había indicado a los periodistas que el Vaticano se encontraba analizando la posibilidad de sumarse a esta iniciativa. La deliberación ha culminado con una reafirmación de los principios diplomáticos del Vaticano, que históricamente ha preferido operar como facilitador y constructor de puentes dentro de los marcos internacionales existentes, en lugar de formar parte de coaliciones o foros de carácter más exclusivo o alternativo.
La política exterior vaticana, caracterizada por su búsqueda incansable de la paz y la justicia social, se cimienta en el diálogo y la cooperación con una amplia gama de actores internacionales. Su estatus de observador permanente en la ONU y en numerosas otras organizaciones internacionales le permite ejercer una influencia moral y humanitaria, abogando por los derechos humanos, la reconciliación y la solución pacífica de conflictos, siempre bajo el amparo del derecho internacional.
En un contexto más amplio de la situación global, el Cardenal Parolin también se refirió a la persistente guerra en Ucrania. Sus palabras reflejaron un profundo pesimismo, señalando que “hay un gran pesimismo” y que “de ambas partes no parece que haya habido ningún progreso real en cuanto a la paz”. La trágica constatación de que, después de cuatro años, el conflicto continúa sin visos de una resolución pacífica, subraya la complejidad de los desafíos actuales y la urgencia de la diplomacia efectiva, un campo en el que la Santa Sede continúa comprometida a ofrecer su apoyo y mediación.
En definitiva, la decisión del Vaticano de abstenerse de la “Junta de Paz” de Trump reafirma su identidad como actor sui generis en la esfera internacional, cuya principal fortaleza radica en su neutralidad y su capacidad de interpelar a todas las partes en conflicto desde una perspectiva moral y humanitaria, siempre en sintonía con los esfuerzos globales coordinados a través de la ONU.





