15 febrero, 2026

Ciudad del Vaticano — Desde la serenidad del Palacio Apostólico, el Papa León XIV hizo un enérgico llamado a la comunidad internacional este domingo, implorando oraciones y solidaridad para Madagascar, una nación insular gravemente asolada por el paso del ciclón tropical Gezani. Este fenómeno meteorológico se ha consolidado como uno de los más destructivos en golpear la isla en la actual temporada, dejando a su paso un rastro de desolación y sufrimiento.

El Pontífice, asomado al balcón ante una multitud congregada en la Plaza de San Pedro, transmitió su profunda cercanía a las víctimas y sus familias, en un gesto que subraya la constante atención de la Santa Sede a las crisis humanitarias globales. “Mi corazón está con las poblaciones de Madagascar, que han sido golpeadas en poco tiempo por dos ciclones, experimentando inundaciones y deslizamientos de tierra,” declaró el Santo Padre, haciendo hincapié en la doble tragedia que ha enfrentado la isla. “Elevo mis oraciones por las víctimas, sus familias y por todos aquellos que han padecido graves perjuicios a causa de estos desastres naturales.” Sus palabras resonaron como un recordatorio de la vulnerabilidad humana ante la fuerza implacable de la naturaleza y la urgencia de una respuesta global coordinada.

**La Furia de Gezani: Un Desastre sin Precedentes**

El ciclón tropical Gezani impactó Madagascar el martes 10 de febrero, desatando vientos de una fuerza destructiva sin precedentes en la temporada. Su ojo tocó tierra cerca de Toamasina, la segunda ciudad más grande del país, con ráfagas que superaron los 250 kilómetros por hora, dejando a su paso una estela de devastación. La región oriental de la isla, conocida por su rica biodiversidad y comunidades costeras, fue la más afectada, con infraestructuras críticas como carreteras, puentes y viviendas arrasadas por la furia del viento y las torrenciales lluvias.

Madagascar, una de las naciones más pobres del mundo, es particularmente vulnerable a los fenómenos meteorológicos extremos debido a su ubicación geográfica en el Océano Índico y su limitada capacidad para mitigar el impacto de estas catástrofes. La combinación de vientos devastadores, inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra ha provocado una emergencia humanitaria que requiere una respuesta inmediata y sostenida.

Las autoridades malgaches, a través de la Oficina Nacional de Gestión de Riesgos y Desastres (BNGRC), han estado trabajando incansablemente en la evaluación de daños y las labores de rescate. El balance oficial, que se ha ido ajustando conforme avanzan las operaciones de búsqueda y recuperación, es sombrío: al menos 43 personas han perdido la vida y varias más permanecen desaparecidas, lo que plantea la triste posibilidad de que la cifra final de víctimas mortales pueda aumentar. Más allá de las pérdidas humanas, el informe de la BNGRC revela la magnitud del impacto en la población: hasta 269,407 personas se han visto directamente afectadas por el ciclón, y un total de 16,318 se encuentran ahora en condición de desplazadas, habiendo perdido sus hogares y medios de subsistencia. La situación es crítica, con miles de personas necesitando refugio, alimentos, agua potable y asistencia médica urgente.

La destrucción de cultivos y la interrupción de las cadenas de suministro amenazan con exacerbar la inseguridad alimentaria en una nación que ya lucha contra la malnutrición crónica. La reconstrucción de las infraestructuras vitales y la recuperación económica de las zonas afectadas representarán un desafío monumental para el gobierno de Madagascar y requerirán un apoyo considerable de la comunidad internacional a largo plazo.

**Un Mensaje de Renovación y Concordia en el Año Nuevo Lunar**

Además de su llamado por Madagascar, el Papa León XIV dedicó una parte significativa de su alocución dominical a la celebración del Año Nuevo Lunar, una festividad que congrega a miles de millones de personas en Asia oriental y en diversas comunidades diaspóricas alrededor del globo. Con una visión de inclusión y entendimiento intercultural, el Pontífice extendió sus buenos deseos para esta importante fecha.

El Papa subrayó el significado espiritual y social de esta festividad milenaria, deseando que fuera una ocasión de profunda renovación personal y colectiva. “Que esta alegre fiesta anime a vivir con mayor intensidad las relaciones familiares y la amistad; que lleve serenidad a los hogares y a la sociedad; y que sea una oportunidad para mirar juntos al futuro, construyendo paz y prosperidad para todos los pueblos”, expresó. Sus palabras resonaron como un puente entre culturas, destacando valores universales de armonía y esperanza que trascienden las fronteras geográficas y religiosas.

El Sumo Pontífice añadió que, junto con sus sinceros deseos para el nuevo año, expresaba su afecto a todos los que celebran esta festividad, invocando sobre cada uno “la bendición del Señor”. Este gesto refuerza el compromiso del Vaticano con el diálogo interreligioso y la promoción de la paz global, reconociendo la diversidad cultural y espiritual del mundo.

**Agenda Pastoral: Visita a la Periferia Romana**

La jornada del Papa León XIV culminaría con un acto de profundo significado pastoral. En horas de la tarde, el Pontífice se desplazaría a la parroquia de Santa María Regina Pacis, ubicada en Ostia, una zona periférica de Roma. Allí, el Santo Padre presidiría la celebración de la Misa, un evento que subraya su constante conexión con las comunidades locales y su rol como Obispo de Roma. Estas visitas a las parroquias de la diócesis son una parte esencial de su ministerio, permitiéndole un contacto directo con los fieles y una comprensión más cercana de las realidades cotidianas de los ciudadanos.

Este domingo, la voz del Papa resonó desde el Vaticano con un doble mensaje: uno de urgencia humanitaria y solidaridad global para las víctimas de la catástrofe natural en Madagascar, y otro de esperanza y renovación para miles de millones de personas que se preparan para celebrar el Año Nuevo Lunar. Su agenda, tanto global como local, reafirma el compromiso de la Iglesia Católica con la asistencia a los más vulnerables y la promoción de la paz y el bienestar en todas las esferas de la vida humana.

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