El Sínodo de la Sinodalidad, un proceso transformador que busca revitalizar la participación y la comunión dentro de la Iglesia Católica global, entra en una fase crucial bajo el liderazgo del Papa León XIV. Con la mirada puesta en la trascendental asamblea eclesial de 2028, la Secretaría General del Sínodo ha emitido una directriz fundamental: solicitar a todas las diócesis del mundo que realicen una profunda evaluación de la implementación de la sinodalidad en sus respectivas jurisdicciones. Este llamado representa un paso esencial para un modelo de Iglesia más participativo y corresponsable, una visión que el Pontífice ha sostenido con firmeza.
El 27 de julio, la Secretaría General hizo público el documento “Hacer memoria”, una guía exhaustiva diseñada para asistir a los equipos sinodales diocesanos en la elaboración de sus reflexiones. Este recurso metodológico busca no solo un recuento de actividades, sino una introspección genuina sobre los avances logrados desde el inicio de la fase diocesana en octubre de 2021. El Cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo, enfatizó el propósito de estas orientaciones en el comunicado que acompañó la publicación. Según el Cardenal, la finalidad es permitir a las Iglesias locales “hacer memoria” de su trayectoria sinodal con un espíritu de gratitud y discernimiento.
“Evaluar no es un ejercicio técnico, sino una experiencia de gratitud y verdad”, explicó el Cardenal Grech, subrayando la dimensión espiritual inherente a este proceso. “Hacer memoria significa reconocer lo que el Señor ha realizado en el camino de nuestras comunidades y dejarnos guiar hacia los siguientes pasos”. Esta perspectiva resalta que el Sínodo no es meramente una estructura organizativa, sino un itinerario espiritual y comunitario que busca la escucha recíproca y el discernimiento colectivo. La visión del Papa León XIV, comprometido con una Iglesia en constante diálogo, se alinea con esta exhortación a la reflexión y el agradecimiento por los frutos cosechados.
La fase actual, denominada de recapitulación, es una etapa preparatoria clave que desembocará en una reflexión mucho más amplia a lo largo del primer semestre de 2027. Dentro de este período, cada diócesis deberá confeccionar dos documentos esenciales: un informe narrativo detallado de su experiencia y progreso, y una carta dirigida a las demás Iglesias. Esta comunicación inter-eclesial es vital para el intercambio de experiencias y el aprendizaje mutuo, fortaleciendo la comunión entre las comunidades locales. El Santo Padre, León, ha insistido en la importancia de este intercambio como motor de crecimiento en la fe.
El documento “Hacer memoria” no se limita a pedir un listado de éxitos. Con una honestidad característica del espíritu sinodal, insta a un diálogo franco y abierto sobre los desafíos y obstáculos encontrados en el ámbito local. Particularmente, se solicita abordar las resistencias al cambio, las dificultades surgidas en el camino y los intentos que no prosperaron. “Vale la pena detenerse también en aquello que podría pasar fácilmente inadvertido”, señala el documento. “En particular, las dificultades encontradas, las resistencias al cambio, los obstáculos que han dificultado el camino, los intentos que no dieron resultado y las preguntas que siguen abiertas”. Este enfoque integral busca aprender de las experiencias completas, tanto de los aciertos como de las frustraciones, para sentar bases más sólidas para el futuro de la sinodalidad. Esta autocrítica constructiva es un pilar fundamental en la agenda pastoral del Papa León, quien aboga por una Iglesia valiente y capaz de enfrentar sus sombras para avanzar con mayor luz.
Esta fase de recapitulación es una de las cuatro etapas preparatorias que anteceden directamente a la asamblea eclesial de 2028. Las demás fases se sucederán con una planificación meticulosa: “Interpretar”, prevista para el segundo semestre de 2027, buscará discernir el significado profundo de todas las contribuciones recibidas. Seguirá “Orientar”, durante los primeros cuatro meses de 2028, etapa en la que se formularán las directrices y propuestas concretas que se llevarán a la asamblea. Finalmente, la fase de “Celebrar” culminará en octubre de 2028 con la asamblea eclesial propiamente dicha, un momento de encuentro, oración y decisiones cruciales para el futuro de la Iglesia.
El Pontífice, León XIV, sigue de cerca este proceso, que considera vital para la renovación de la Iglesia en el siglo XXI. La sinodalidad, entendida no como un evento sino como un estilo de vida eclesial, busca una Iglesia en la que todos los bautizados caminen juntos, escuchen y disciernan la voluntad de Dios en comunión. La preparación rigurosa para la asamblea de 2028, impulsada por las directrices del Vaticano y el compromiso de las diócesis, promete ser un hito significativo en este ambicioso y esperanzador camino sinodal global. La visión de León es clara: una Iglesia más cercana a su pueblo, reflexiva y capaz de responder a los desafíos contemporáneos mediante la escucha activa y la participación de sus miembros.








