22 marzo, 2026

La Habana, Cuba – En un giro notable para las relaciones bilaterales, Mike Hammer, el jefe de la misión diplomática de Estados Unidos en La Habana, ha expresado con firmeza que Cuba se encuentra en un “momento decisivo” y que el país está a las puertas de alcanzar “la libertad que no ha tenido en 67 años”. Hammer, quien fue designado por la administración Biden y lleva quince meses en la isla, proyecta un futuro en el que la libertad ponga fin al sufrimiento y catalice los cambios necesarios para la nación caribeña.

En una entrevista exclusiva, el diplomático estadounidense reveló que Washington mantiene “intercambios a alto nivel” con funcionarios dentro del propio régimen cubano, además de “conversaciones” orientadas a explorar una “nueva dirección” que facilite una transición hacia un sistema democrático. Estas declaraciones subrayan una diplomacia activa y multifacética, buscando vías para influir en el futuro político y social de Cuba.

**Desafiando la narrativa oficial sobre la crisis económica**

Uno de los puntos centrales en la visión de Hammer es la responsabilidad de la crisis económica que azota a Cuba. El diplomático rechazó la atribución de esta situación a las sanciones impuestas por Estados Unidos, señalando directamente a la “gestión interna reprobable” del régimen cubano durante casi siete décadas. “El sistema energético, colapsando; el sistema sanitario, colapsando… esto no tiene nada que ver con los Estados Unidos”, aseveró, desmintiendo que la actual escasez de combustible sea una consecuencia directa de las políticas de Washington.

Hammer profundizó en su argumento, explicando que, incluso antes de que la administración estadounidense anunciara medidas restrictivas sobre el petróleo en enero pasado, “el 60% de ese petróleo no estaba entrando” a la isla, sino que era revendido en mercados internacionales con destino a China y Asia. “O sea, que no iba a beneficiar al pueblo, a la economía cubana”, puntualizó. Con esta afirmación, el enviado de EE.UU. desmonta la narrativa oficial cubana, instando a la población a buscar los hechos y no caer en la “propaganda”. “Que no le echen la culpa a otros como les gusta”, insistió, refiriéndose a problemas cotidianos como la crisis de basura en las calles de La Habana.

El diplomático también defendió la continuidad del embargo, argumentando que su propósito es evitar “darle oxígeno, energía y capacidad a la máquina represiva del régimen cubano”, un punto clave en la política exterior estadounidense hacia la isla.

**El rol crucial de la Iglesia Católica y el Vaticano**

La diplomacia de Hammer no se limita a las esferas gubernamentales. Recientemente, se reunió con el embajador estadounidense ante la Santa Sede, Brian Burch, y con el arzobispo Paul Richard Gallagher, secretario vaticano para las Relaciones con los Estados. Esta reunión, según comunicados oficiales, abordó la compleja crisis política, económica y social en Cuba, así como el potencial papel de la Iglesia Católica como actor de acompañamiento y mediación en la isla.

En este contexto, Hammer hizo un llamado a la Iglesia en Cuba para que asuma una postura más abierta y explícita en la denuncia de las violaciones de los derechos humanos por parte del régimen. Si bien reconoció que la Iglesia aborda estas cuestiones a través de las misas, el diplomático sugirió que la percepción es que no se “está declarando a favor de la dignidad, de los derechos del pueblo humano” de manera suficientemente pública.

La situación de los presos políticos fue otro tema central. Hammer instó al Vaticano y a la Iglesia a dar voz a los “centenares” de encarcelados por manifestarse pacíficamente por quejas económicas y sociales. “Es importante que el Vaticano, que la Iglesia, les dé voz y hablen y digan: hay que liberar a esos presos políticos”, enfatizó, recordando el papel histórico de la Santa Sede como mediadora en el deshielo diplomático entre Cuba y Estados Unidos en 2014, proceso en el que el Papa Francisco jugó un rol fundamental.

**Un diplomático “en la calle” y la voz del pueblo**

Durante sus quince meses en La Habana, Mike Hammer ha cultivado un perfil diplomático poco convencional, caracterizado por su cercanía con la población cubana. Ha recorrido todas las provincias de la isla, buscando el contacto directo con los ciudadanos para escuchar sus preocupaciones y anhelos. En sus encuentros con la sociedad civil, el diplomático ha sido testigo del sentimiento de traición que muchos cubanos expresan hacia la Revolución, al constatar que la élite gobernante disfruta de privilegios mientras el pueblo sufre carencias.

“Muchos sienten que la revolución les ha traicionado”, relató Hammer, contrastando la vida de la cúpula castrista, que se educa en Europa o pasea por lujosas avenidas, con la de una población abandonada. Esta interacción directa ha generado incomodidad en el régimen, que ha intentado boicotear sus encuentros con “actos de repudio”. Sin embargo, Hammer sostiene que el mensaje que recibe de la calle es unívoco: “El pueblo quiere un cambio”.

El enviado estadounidense denunció también un clima de control y restricciones que permea todos los ámbitos de la vida cotidiana en Cuba: “Lo controlan todo. No hay libertad de prensa, de expresión, de religión. Eso tiene que cambiar. Y el mundo lo tiene que ver”, afirmó, mencionando casos de mujeres detenidas por intentar asistir a misa como un ejemplo de la represión religiosa.

**Ayuda humanitaria sin intermediarios y el futuro de Cuba**

Consciente de los desafíos para asegurar que la ayuda llegue a quienes más la necesitan, Estados Unidos ha canalizado millones de dólares a través de la Iglesia Católica y de organizaciones como Catholic Relief Services en años recientes, evitando la mediación del régimen cubano. Hammer explicó que esta estrategia es resultado de la experiencia histórica que ha demostrado la dificultad de confiar en que la asistencia llegue a los sectores más vulnerables si pasa por el gobierno.

La Iglesia, según el diplomático, ha sido un pilar de apoyo para el pueblo cubano durante décadas, y su rol sigue siendo crucial para la distribución de la ayuda humanitaria. El objetivo final de Washington, reiteró Hammer, es fomentar una “transición pacífica” que evite el derramamiento de sangre y garantice la liberación de todos los encarcelados por motivos políticos, abriendo el camino hacia una Cuba libre y democrática. Las palabras de Mike Hammer resuenan como un claro llamado a la acción y un voto de confianza en el futuro del pueblo cubano.

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