La pérdida de un hijo durante la gestación o poco después del nacimiento representa uno de los desafíos más desgarradores que una familia puede enfrentar. En medio de este profundo dolor, la Iglesia Católica en España ha extendido una mano de consuelo y apoyo espiritual a través de una innovadora pastoral de duelo perinatal. Esta iniciativa busca acompañar a padres y madres en su proceso de luto, ofreciendo un espacio de reconocimiento, oración y esperanza que culmina en una emotiva ceremonia de Presentación del Niño en el Templo.
Lo que comenzó hace algunos años en la Parroquia del Buen Suceso en Madrid como un esfuerzo pionero, ha florecido y se ha expandido a otras localidades. Este año, además de la capital española (Parroquia San Alberto Magno y Santa María de la Merced), parroquias en Barcelona (Santos Gervasio y Protasio), Zaragoza (San Braulio) y Algeciras (San Antonio de Padua) también han acogido a familias en esta significativa celebración. La propuesta pastoral reconoce la profunda necesidad de validar la vida de estos pequeños, otorgándoles un lugar en la comunidad de fe y en el corazón de sus familias.
**Un Ritual de Reconocimiento y Paz**
Central a esta pastoral es la ceremonia anual de la Presentación del Niño en el Templo, inspirada en el relato bíblico de José y María llevando a Jesús al templo. En estas celebraciones, las familias portan velas personalizadas con los nombres de sus hijos fallecidos, que luego son colocadas reverentemente ante el altar. Junto a ellas, un “Libro de la Presentación en el Templo” recopila los nombres y detalles de estos niños, transformando el anonimato del dolor en un registro tangible de su existencia y su memoria. Este gesto simbólico no solo honra a los bebés, sino que también ofrece a los padres una vía para expresar su amor, su luto y su fe.
Para matrimonios como Mariana y Archibald, la experiencia de perder a un hijo, Juanito, a las nueve semanas de gestación, fue devastadora. “Era un niño muy esperado y, sobre todo, muy querido,” explica Mariana. La noticia de esta pastoral de acompañamiento fue, para ellos, “como una caricia del Señor que nos acompañaba en el dolor.” Participar en la Presentación de Juanito en el templo les brindó una paz profunda. “Ha sido un regalazo poder hacer cierto que él ha vivido, que su alma merece la pena,” afirma Mariana, sintiendo que su hijo descansa “en los brazos de la Virgen” y les espera en el cielo.
**Encontrando Sentido en la Adversidad**
Sara y Pablo, casados desde hace seis años y padres de dos hijas vivas, también han transitado este camino. Recientemente, presentaron en el templo a sus hijos Inés y José, quienes fallecieron durante la gestación. Pablo describe el proceso como “un camino muy bonito,” un culmen que les ha permitido “ver un bien en esos niños” y comprender que “todo está bien hecho y es bueno.” Este optimismo, sin embargo, no elude la intensidad del sufrimiento inicial.
Sara comparte cómo el matrimonio ha tenido que buscar “dónde está el Señor en esto, qué sentido ha tenido la vida de nuestros hijos.” La pastoral les ha permitido vivir esta realidad de una manera diferente, reafirmando que incluso en el dolor, se puede encontrar al Señor y la esperanza. Un testimonio particularmente conmovedor provino de su hija mayor, Fátima. Durante un viaje familiar, Fátima señaló al cielo exclamando: “¡Es Inés, es Inés!” Cinco días después, una ecografía confirmó que la hermana gestada había fallecido hacía aproximadamente ese mismo tiempo, un suceso que fortaleció la percepción familiar de una conexión espiritual inquebrantable.
**Un Itinerario Espiritual de Nueve Meses**
El acompañamiento no se limita a la ceremonia final. Esta pastoral, impulsada con el apoyo de la funeraria especializada En Vela, organiza un itinerario espiritual de nueve meses para los padres. Desde marzo hasta noviembre, se celebran encuentros mensuales de oración basados en las lecturas de la octava previa a la Navidad, conocidas como las “ocho estaciones de luz.”
Belén Moya, coordinadora de esta pastoral en la Parroquia del Buen Suceso, describe la metodología: tras la lectura de un pasaje bíblico, los grupos realizan un ejercicio de “manducación,” una meditación repetitiva que busca internalizar la palabra. Luego de un periodo de silencio, los padres comparten lo que la oración ha suscitado en sus corazones, concluyendo con una oración conjunta a la Virgen. Aunque no es obligatorio asistir a todas las sesiones, Moya lo recomienda encarecidamente, ya que “la palabra va abriendo luz en la grieta de tu corazón.” Estas sesiones preparan espiritualmente a los padres, culminando en dos encuentros específicos en diciembre y enero antes de la Misa de Presentación.
**Hijos Convertidos en Intercesores Celestes**
El Padre Enrique González Torres, párroco del Buen Suceso, subraya la profunda importancia teológica y pastoral de esta iniciativa. Minutos antes de la ceremonia, el sacerdote registra meticulosamente cada nombre en el Libro de la Presentación, que este año acogió a 52 niños, algunos de familias que presentaban hasta siete hijos. “Qué bonito es poder acompañar a estas personas, recibirlas en la comunidad, en la Iglesia, abrazarlas y acompañar este proceso,” reflexiona el Padre González.
El registro de los hijos fallecidos, con sus nombres y apellidos, e incluso los nombres de quienes hubieran sido sus padrinos, es fundamental. No solo saca a estos niños del “anonimato y el silencio,” sino que, sustentado en la fe en la intercesión de Cristo, se cree que se convierten en “intercesores por la propia familia.”
El Padre González también aborda la cuestión del destino de los niños no bautizados, un tema que genera dolor e incertidumbre en muchos padres. Recordando que el “nacimiento verdadero” para la fe es a la vida eterna, y que la misión de los padres es guiar a sus hijos al cielo, el párroco explica que, si bien el bautismo es necesario para la salvación, Dios tiene “mil caminos para derramar su gracia” de forma extraordinaria. La profunda voluntad de los padres de haber bautizado a sus hijos, manifestada a través de estas ceremonias y su inscripción en el libro, se convierte en un acto de fe que se encomienda a la infinita misericordia divina.
Así, la pastoral de duelo perinatal en España se erige como un faro de esperanza. Para familias como las de Mariana y Archibald, y Sara y Pablo, el humo de las velas que se eleva al cielo tras la ceremonia simboliza una promesa inquebrantable: la de un encuentro eterno con sus hijos en los brazos del Padre, un consuelo que trasciende el dolor y reafirma la vida que fue, y la vida que aguarda.





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